Un acuerdo que cambiará el mundo

Hasta este pasado sábado, el escepticismo seguía recorriendo los telenoticias, las agencias de prensa y los corrillos que se atrevían a hablar de cambio climático. «¡Bah!». «¡Pasará como siempre!». «¡No llegarán a un acuerdo!». «¡Siempre salen ganando los mismos!»… Por una vez hemos sido capaces entre todos de llegar al consenso: la única escapatoria posible. Si no hubiera sido así, dentro de algunos años tendríamos que replantearnos nuestra existencia. ¿Íbamos a ser tan insensatos para que la visión económica cortoplacista de algunos nos arrebatara la única salida hacia el futuro? La respuesta ha sido clara y contundente: NO.

 
Por una vez hemos sido capaces entre todos de llegar al consenso: la única escapatoria posible. Si no hubiera sido así, dentro de algunos años tendríamos que replantearnos nuestra existencia. A toro pasado, siempre es fácil decir: «Esto se venía venir…». «Se sabía que esta vez iba a ser la buena…», pero al final, las cosas llegan a su destino cuando tienen que suceder, ni antes ni después, ni más pronto ni más tarde. Solo cuando la sociedad está preparada para ello. Algunos dirán que el acuerdo es insuficiente y, posiblemente tengan razón. Otros (los menos) argumentarán que no es posible alcanzar los compromisos definidos, pero al menos tenemos un acuerdo. Un acuerdo con fortaleza, y ya sabemos, por unanimidad.

Desvelemos algunas de las claves que han conducido a esta nueva situación. En la COP21, Francia se jugaba su papel como país líder mundial más allá de su compromiso con la reducción de emisiones como Estado miembro de la Unión Europea, es decir, de la región que ha liderado a escala mundial el establecimiento de compromisos y acciones frente al cambio climático. Se trataba de una cuestión de diplomacia, de Estado.

Precisamente este aspecto es algo que deberíamos hacernos mirar en España. Parece que nos da una especie de sarpullido cuando tenemos que cruzar una frontera para dialogar, entablar acuerdos o liderar el cambio. Y lo digo por propia experiencia. Pero esto es harina de otro costal.

Francia ha volcado todo su esfuerzo diplomático para que en esta cumbre se llegara a un acuerdo que se quedara grabado en la retina con letras de oro. Y no solo por el esfuerzo realizado durante los días de la cumbre, en los que la delegación francesa ha hecho gala de su aplomo y dotes diplomáticas. El acuerdo es fruto del arduo trabajo realizado estos últimos años desde el Elíseo, donde se ha trabajado en la 21.ª Cumbre del Clima como si se tratara de un asunto de Estado. Un fracaso en esta negociación habría supuesto un fracaso de Francia como país, y eso es algo que un francés no se puede permitir.

Por otro lado, por primera vez los países afrontaban esta cumbre de una manera proactiva, es decir, diciendo de antemano cuáles iban a ser sus compromisos de reducción de emisiones: yo hago mi trabajo y digo hasta dónde puedo llegar en lugar de aceptar las imposiciones internacionales. Esta ha sido una de las claves del éxito. Una herramienta que ha facilitado el acuerdo, un pacto en el que se ha trabajado intensamente desde hace mucho tiempo y cuyo texto final es el resultado de una ingente labor de las Partes, de un trabajo concienzudo que ha implicado mucho más que eliminar los corchetes los últimos días de la COP21 en la capital gala.

Los aspectos económicos también han sido determinantes. Lejos de las catastróficas profecías que auguraban que cualquier lucha contra el cambio climático no es más que un torpedo en la línea de flotación de empresas y estados, la lucha contra este fenómeno global se ha convertido en la única solución, en una herramienta para mejorar la competitividad de los estados. Sin ir más lejos, el último informe del Banco Mundial a este respecto refleja claramente que aquellos países con políticas más rigurosas en materia de cambio climático y aquellos en los que la tonelada de carbono equivalente tiene un precio más alto son más competitivos y crecen a mayor ritmo. Es más, la lucha contra el cambio climático abre una enorme ventana de oportunidad económica cifrada en miles de millones de euros.

Estas y otras muchas razones nos han conducido a un acuerdo que va provocar un cambio con mayúsculas en los próximos años. Un cambio para el que la sociedad española aún no está preparada, ya sea por convicción, por sensación o por desconocimiento, pero que nos va a afectar profundamente en el día a día y al que algunas empresas ya están adaptándose.

Este no será el único, sino que se sucederán muchos otros cambios que mutarán tanto nuestro modus operandi como nuestra forma de ser y de vivir. Cruzar los Pirineos y participar en un foro internacional de estas características te hace abrir los ojos y descubrir un mundo diferente que también llegará a España, por muy reacios que seamos a los cambios.

Como sociedad, ahora tenemos un reto importante y es que, aunque parezca mentira, nuestros pequeños actos también tienen un papel importante en la lucha contra el cambio climático. No vale con que derivemos nuestra responsabilidad hacia gobiernos y administraciones. Nosotros tenemos que dar un paso al frente también. El planeta es nuestro y todos tenemos que luchar por él y por el futuro de nuestras generaciones.

Tras el desafío climático llegarán otros más importantes, si cabe. Otros retos que a día de hoy han quedado eclipsados por el magnetismo del clima: asegurar nuestros recursos de una forma sostenible o mantener la biodiversidad de nuestro planeta son retos que aprenderemos a combatir con las enseñanzas aprendidas en estos años de política climática, pero de cuya envergadura aún no somos conscientes como sociedad.

Cada decisión tiene su momento y no conviene eclipsarla con otra. El momento del resto de los desafíos llegará y esto sucederá muy posiblemente antes de lo que creemos. Alguno de ellos ya está recogido en los Objetivos para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, lo que significa que la carrera por alcanzarlo ya ha arrancado.

No desistas en tu lucha y esfuerzo. Toda acción suma. ¡Luchemos para defender nuestro capital natura! ¡Ha llegado el momento del cambio!

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David Álvarez

Acerca de David Álvarez

Director Ejecutivo de Ecoacsa Reserva de Biodiversidad, S.L. Ingeniero de Montes por la Universidad Politécnica de Madrid y MBA Executive por la EEN. Cuenta con una dilatada experiencia en proyectos relacionados con el medio natural y obra civil.

Un comentario en “Un acuerdo que cambiará el mundo

  1. The World Quality Organization.Organización no gubernamental sin caracter lucrativo ha iniciado el progrma”Salvar la vida-Salvar el Planeta”.
    Iniciamos una serie de foros por distintos países sumándonos al movimiento mundial por un cambio ineludible.
    Este mes 29 y 30 de abril se celebra en Maldonado-Punta del Este uno de los encuentros del foro. En la web verán programa y participantes.
    Nuestra filosofía es cooperar, colaborar, unirnos en la diversidad para asegurar la continuidad de la vida en toda su biodiversidad en nuestra casa, el Planeta Tierra.Queremos unirnos a todas las organizaciones que trabajen con estos objetivos.Felicito esta publicación y a las personas que ponen su esfuerzo para lograr una sociedad más justa para todos.
    Las personas que quieran organizar el foro en un país,ciudad o región recibirán todo nuestro apoyo.-Andrés Senlle Director del Programa Internacional. ADELANTE AMIGOS !!!!

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