¿Puede la empresa privada liderar la conservación del bien común global?

Jochen Zeitz, director de Kering y Harley-Davidson y cofundador y copresidente de The B Team, es quien firma el artículo cuya traducción publicamos hoy en nuestras páginas. Titulado Can Private Business Lead the way in Protecting Global Commons? (¿Puede la empresa privada liderar la conservación del bien común global?), se trata del séptimo artículo de la serie iniciada en el Huffington Post sobre el capital natural en colaboración con la Natural Capital Coalition.

 

Las empresas tienen una gran responsabilidad en el uso excesivo e infravaloración de los recursos naturales. De hecho un informe de Trucost, elaborado en nombre de La economía de los ecosistemas y la biodiversidad (TEEB), estima el impacto anual de las empresas en la naturaleza es de 7,3 billones de dólares (más de un 10 % del PIB mundial), cantidad que no las compañías que cosechan los beneficios no pagan a la naturaleza. En cambio, la factura es asumida por las comunidades afectadas por la degradación del medioambiente y las futuras generaciones que lucharán contra el cambio climático y la escasez de recursos.Zeitz comienza recordando que «toda vida en la Tierra depende de los recursos naturales para sobrevivir y prosperar, desde el agua que bebemos a los alimentos que comemos y al aire que respiramos. Durante demasiado tiempo, la humanidad ha dado por sentado la disponibilidad de estos recursos y los ecosistemas complejos interrelacionados que les proporcionan».

Hemos estado viviendo en lo que los científicos llaman el Holoceno —un periodo relativamente estable en la historia del clima de la Tierra y de los sistemas planetarios—, lo que ha permitido a las sociedades humanas florecer. Pero nuestro comportamiento está amenazando este espacio seguro para la humanidad. Estamos entrando en una nueva era, el Antropoceno —el primer periodo en el que la actividad humana es la principal impulsora del cambio en nuestros sistemas planetarios—, continúa el directivo.

Nuestros recursos naturales son finitos y mientras sigamos empujando nuestros límites planetarios hasta el límite, nuestra casa será cada vez más volátil. Frente a los crecientes desafíos globales del cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación, la escasez de agua potable y otros recursos, está claro que si seguimos tomando de la naturaleza ad infinitum, corremos el riesgo de un futuro inestable, lleno de conflictos.

Las empresas tienen una gran responsabilidad en el uso excesivo e infravaloración de los recursos naturales. De hecho un informe de Trucost, elaborado en nombre de La economía de los ecosistemas y la biodiversidad (TEEB), estima el impacto anual de las empresas en la naturaleza es de 7,3 billones de dólares (más de un 10 % del PIB mundial), cantidad que no las compañías que cosechan los beneficios no pagan a la naturaleza. En cambio, la factura es asumida por las comunidades afectadas por la degradación del medioambiente y las futuras generaciones que lucharán contra el cambio climático y la escasez de recursos.

«Las empresas también pueden ser un poderoso catalizador del cambio. Tenemos la oportunidad de asegurar que nuestra economía crezca de forma sostenible al convertirse en administradores responsables del medioambiente. Para ello, se requiere una acción urgente, práctica: nos estamos quedando sin tiempo», advierte Jochen Zeitz.

Tenemos que crear organizaciones que den prioridad a las personas y al planeta, y asimilar estas prioridades en el corazón mismo de las operaciones del día a día. Está claro que la mayoría de las decisiones de las salas de juntas se basan en la información financiera. Sin embargo, la contabilidad financiera tradicional no tiene en cuenta las dependencias o los impactos de una empresa en el medioambiente natural. Fue este pensamiento el que condujo a la idea de la Cuenta de Pérdidas y Ganancias medioambientales (Environmental Profit and Loss, EP&L) —un enfoque que da un valor monetario concreto al impacto ambiental que tienen las operaciones y, por lo tanto, hace que sea una prioridad en la toma de decisiones.

Kering ha sido pionera en el desarrollo de Cuentas de Pérdidas y Ganancias medioambientales a escala de grupo para medir y monetizar el impacto medioambiental, no solo de sus propias operaciones, sino también de las de toda su cadena de suministro. Al conocer el verdadero coste de la huella ambiental de la compañía —en términos monetarios—, esta información proporcionó la claridad necesaria y para identificar el valor comercial de los recursos naturales de los que dependen el éxito y la longevidad de la empresa. Con los datos a nuestra disposición, pasamos a alterar fundamentalmente las operaciones, lo que resultó en una menor utilización de energía, la reducción de las emisiones y una mayor eficiencia de los recursos en toda la cadena de suministro.

Las Cuentas de Pérdidas y Ganancias no solo buscan reducir el impacto sobre el medioambiente. También permiten a los responsables empresariales descubrir nuevas oportunidades para innovar y también en materia de diseño de productos, materiales y cadenas de suministro, y ayuda a identificar riesgos a los mercados o proveedores desde una perspectiva a largo plazo y a administrarlos en consecuencia. Los cambios realizados en Kering se tradujeron en ganancias netas de 39 millones de euros en 2014.

Nunca el papel de las empresas ha importado tanto como hoy. Las compañías no pueden seguir en un segundo plano mientras nuestro planeta está irrevocablemente marcado por el desarrollo insostenible. Organizaciones como Kering y otras están a la vanguardia, demostrando que los negocios y el planeta se beneficiarán cuando las empresas valoren justamente el capital natural. Pero incorporando esto en una empresa no logrará el tipo de cambio sistémico necesario para crear un mundo resiliente, saludable y justo en el sector privado. Con el fin de que las compañías se conviertan en mejores administradoras del medioambiente, un mayor número de ellas debe llevar a escala la valoración del capital natural, y darle el mismo peso en la toma de decisiones de la junta directiva que a otras formas de capital.

Fuente: Huffington Post.

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