Los osos polares no son embajadores del cambio climático

«Una imagen vale más que mil palabras». ¿Cuántas veces has oído o empleado esta expresión? Quizás por recurrir a ella de manera repetida has terminado rompiéndola «de tanto usarla», como dice la canción. Pero entonces aparece en los medios de comunicación una fotografía que te cortocircuita las neuronas, como la de un niño ahogado en una playa del Mediterráneo y vuelves a notar cómo se te eriza el vello, cómo te remueves incómodo en el sillón o cómo las lágrimas anegan tus ojos. Y es entonces cuando algo hace clic dentro de ti y actúas. Y el detonante ha sido una simple imagen que ha conseguido arrancarte de tu habitual ostracismo.

Imagen: Kerstin Langenberger.

El problema es que usar animales exóticos o glaciares como «víctimas» de los efectos del cambio climático puede hacer pensar que se trata de una circunstancia alejada que no te va a afectar.

Es una de las maravillas de la fotografía. Es capaz de romper las barreras del idioma y puede convertirse en catalizador del cambio. ¿Aprovechar esta cualidad puede beneficiar la movilización frente a problemas como el cambio climático? Posiblemente, pero la primera pregunta que debes hacerte es si las imágenes que se usan habitualmente para alertar sobre este fenómeno son las adecuadas. ¿Qué sensaciones te genera la instantánea de la enflaquecida osa polar capturada por Kerstin Langenberger en el archipiélago de las Svalbard? ¿Una momentánea desazón que alivias compartiendo la fotografía o con un “Me gusta”?

El elemento enfocado con los objetivos de las cámaras y los teléfonos quizás no está siendo el adecuado. Bienvenido León, periodista ambiental y profesor de periodismo en la Universidad de Navarra al que tuve oportunidad de escuchar en un taller de APIA (Asociación de Periodistas de Información Ambiental), afirma que «en las informaciones analizadas predominan las imágenes de realidades remotas, tales como glaciares, hielo en los polos, animales exóticos —incluido, por supuesto, el oso polar—, cumbres internacionales del clima, etc.» (León y Ertivi, 2013). Son fotografías fáciles de conseguir y que no pasan de moda.

El problema es que usar animales exóticos o glaciares como «víctimas» de los efectos del cambio climático puede hacer pensar que se trata de una circunstancia alejada que no te va a afectar. Por eso es necesario cambiar el enfoque, aislar otras manifestaciones del problema que pueden estar produciéndose en el ámbito local y saber contextualizarlas apropiadamente. Seguro que algún día has pasado junto a un árbol que te ha sorprendido por su pronta floración o has ido a un lago o embalse que conocías y te lo has encontrado prácticamente seco. O igual el bosque en el que jugabas desapareció fruto de las llamas. No en vano, como dice Baba Dioum, «conservamos lo que amamos, amamos lo que conocemos, conocemos lo que se nos ha enseñado».

Este tipo de fotografías, por ejemplo, son las que están recogiendo los impulsores del proyecto ISeeChange, que empezó en el estado de Colorado y ahora se ha extendido a todo EE. UU. Esta iniciativa de ciencia ciudadana usa Instagram para subir imágenes que muestran esos pequeños o grandes cambios.

Piensa en todos los medios que tienes a tu disposición para denunciar el cambio climático en el ámbito local y úsalos. Quizás no logres una fotografía icónica que te catapulte al éxito mediático, pero bastará si tus imágenes logran concienciar a tu entorno inmediato.

Como dice James Nachtwey, uno de los maestros del fotoperiodismo, «una fotografía que muestra la verdadera naturaleza de la guerra es una declaración contra ella». E intentar minimizar los efectos del cambio climático va a tener más características en común con una épica batalla que con cualquier cosa que hayas conocido hasta ahora. Así que, por favor, abre los ojos, fotografía, comparte, alza tu voz y tu mirada. No vaya a ser que por prestar atención a los osos polares no seas consciente del drama que puede estar produciéndose a unos pasos de tu casa.

 

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Judit Urquijo

Acerca de Judit Urquijo

Judit es técnica ambiental por el Centro Vasco de Nuevas Profesiones. Después de trabajar en la ingeniería Basoinsa durante 15 años colaborando en estudios de impacto ambiental y elaborando cartografía temática, entre otras actividades, en la actualidad, gestiona su propio proyecto de comunicación medioambiental. En el marco de esta iniciativa profesional, cura contenido relacionado con el medioambiente y la ecoinnovación. De manera paralela, está creando un directorio de aplicaciones móviles y web apps medioambientales con el objetivo de impulsar la I+D+i y la generación de empleo. Aquí te dejamos su perfil de Linkedin para que conozcas mejor su trabajo. http://es.linkedin.com/in/juditurquijo

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