La madre del cordero de los 2° C

Plantación de árboles versus letrinas llenas

Parte de la humanidad se encuentra entre el perfil que definía Leonardo Da Vinci en un aforismo: «letrinas llenas es todo lo que queda de su paso por la Tierra» y el perfil que recoge un proverbio griego que señala que «una sociedad se hace grande cuando los ancianos plantan árboles aunque saben que nunca se sentarán a su sombra».

 

Imagen: Isabel Lorda.

La ONU ha alertado de cambios «sin precedentes» en la Tierra dentro de los cuales el cambio climático se está erigiendo en uno de los mayores retos de la especie humana.

La especie humana está provocando un cambio global en un periodo denominado Antropoceno, entendido este como la etapa geológica en la que la humanidad ha irrumpido como una nueva fuerza capaz de intervenir en los procesos fundamentales de la biosfera. La ONU ha alertado de cambios «sin precedentes» en la Tierra dentro de los cuales el cambio climático se está erigiendo en uno de los mayores retos de la especie humana. El riesgo de traspasar umbrales que generen cambios abruptos e irreversibles aumenta con el incremento de temperatura. Por ello, se ha acordado un objetivo climático de un incremento de la temperatura «por debajo de 2° C» con respecto a los niveles preindustriales, como uno de los principales retos a los que se enfrenta la civilización actual. Particularmente, me parece un objetivo insuficiente e injusto desde punto de vista ético, aunque no entraré en ese debate en esta ocasión.

El Informe de Síntesis del V Informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), de la ONU, presentado en noviembre de 2014, alertaba en su comunicado de prensa, que no queda mucho tiempo antes de que la ventana de permanecer en el margen de un incremento de 2° C se cierre: «Para tener buenas posibilidades de permanecer por debajo de los 2° C a costos razonables, deberíamos reducir las emisiones entre un 40 y un 70 % a nivel mundial entre 2010 y 2050, y disminuirlas hasta un nivel nulo o negativo en 2100», afirmaba el presidente del IPCC.

Impacto

El IPCC recomienda que la temperatura media del planeta no aumente más de 2º C en comparación con los niveles preindustriales. ¿Qué consecuencias tendría un incremento de dos grados? Según el cuadro de los grandes «motivos de preocupación» que resumen los riesgos clave y facilitan la elaboración de juicios sobre las «interferencias peligrosas» sobre el clima, publicado en el V Informe, supondría un riesgo entre alto y moderado.

Según el IPCC, sin esfuerzos adicionales para reducir las emisiones de GEI más allá de los que se están llevando a cabo hoy en día, se espera que el crecimiento de las emisiones persista por las actividades económicas y la población mundial. Los escenarios de referencia sin mitigación adicional dan como resultado aumentos de la temperatura sobre una media global en 2100 de 3,7° C a 4,8° C en comparación con los niveles preindustriales. Este rango está basado en valores medios, el rango es de 2,5° C a 7,8° C cuando se incluye la incertidumbre del clima.

Las señales de alarma del avance del cambio climático aumentan y sube el tono en las declaraciones. El presidente Obama reconocía que «el cambio climático es la mayor amenaza para nuestro futuro»; el papa Francisco expresaba que «el cambio climático representa uno de los principales desafíos actuales para la humanidad»”; el secretario general de la Naciones Unidas, Ban Ki-moon, lo calificaba como «el desafío que define nuestra época» y apostillaba que «es un desafío existencial para toda la raza humana»; el secretario de la Organización Mundial de Meteorología, Michel Jarraud, advertía recientemente «hoy avanzamos hacia en un territorio desconocido, a una velocidad sin precedentes y con consecuencias aterradoras».

Debate

No me voy a detener en la historia de la reacción internacional porque supondría una extensión de la que no disponemos. Pero sí se puede afirmar que los compromisos adquiridos en el Acuerdo de Copenhague, Cancún y los que se prevén en París son insuficientes para que el aumento de temperatura quede por debajo de los 2° C.

Durante un tiempo, el debate se ha situado sobre si el cambio climático era real y hasta qué punto la influencia humana era clara. El V Informe del IPCC ha sido más robusto en la aseveración de ambas afirmaciones, así como en otras dos conclusiones: los cambios en el clima ya han causado impactos en los sistemas naturales y humanos en las últimas décadas, y la sociedad mundial tendrá que mitigar y adaptarse al cambio climático si quiere evitar con eficacia los impactos climáticos dañinos.

La clave está en la mitigación y la adaptación. Por mitigación se entiende la intervención antropogénica para reducir las fuentes o mejorar los sumideros de gases de efecto invernadero. Adaptación se considera el ajuste de los sistemas humanos o naturales frente a entornos nuevos o cambiantes. Desgraciada e injustificadamente el concepto de restauración del sistema climático ha quedado fuera del debate.

La mitigación y la adaptación son importantes y complementarias, si bien, incrementar la mitigación aminora la necesidad de adaptación en el futuro. Por ello, la mitigación se erige con un potencial particularmente mayor. Mientras antes se hagan los esfuerzos de mitigación, más posibilidades habrá de lograr mantener el incremento de temperatura por debajo de los 2º C y menos adaptación será necesaria. Se concluye, pues, que la madre del cordero es la mitigación, esto es, la reducción. Esta es la tecla principal del nuevo debate.

Reducción

Un comunicado de prensa del IPCC (13/04/2014) dejaba claro que, para evitar interferencias peligrosas en el sistema climático, no podemos seguir con el statu quo, y que la contención del cambio climático pasa por un giro copernicano a nivel tecnológico, institucional y humano de inicio inmediato, implicación global y sustanciosas inversiones.

Ante el reto del cambio climático se impone la necesidad de una urgente y proporcional reacción internacional con la colaboración de todos los países, y no son suficientes las decisiones políticas sin la participación de la ciudadanía, de la actividad económica y de la tecnología.

¿Qué reducción es precisa? Habría que pasar, aproximadamente, de un promedio de 7 toneladas per cápita de gases de efecto invernadero en la actualidad a 2 toneladas en 2050, en un mundo con grandes desigualdades, para conseguir estabilizar el clima por debajo de los 2° C. Como ejemplo, Qatar tiene una media de 49,1 per capita, EE. UU, 18, España, 7,2 y Namibia, 1,8, según el Informe de Desarrollo Humano 2013.

El V Informe señala que para mitigar el cambio climático será necesario descarbonizar el sector energético, reducir la demanda de energía y lograr que los consumidores de energía final cambien a combustibles bajos en carbono, incluyendo la electricidad. En este escenario se comprende que Cristiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, pidiera a la industria del petróleo y del gas hacer «un cambio drástico» hacia un futuro bajo en carbono: «This means that three quarters of the fossil fuel reserves need to stay in the ground, and the fossil fuels we do use must be utilized sparingly and responsibly» («Esto significa que tres cuartas partes de las reservas de combustibles fósiles tienen que permanecer en el suelo y que los combustibles fósiles que usemos sean utilizados con moderación y responsabilidad»). El oro negro comienza a considerarse veneno negro.

Imagen: María García.

No hay que olvidar que al final son naciones y ciudadanos de bajas emisiones, así como las nuevas generaciones, otras especies y ecosistemas los que sufren y sufrirán el impacto de naciones y ciudadanos con emisiones altas.

¿Cómo compatibilizar la reducción con el mito del crecimiento material sin límites en los países considerados desarrollados? Difícil ecuación. Las dinámicas egoicas en los distintos ámbitos (políticos, económicos, sociales, personales) no favorecen la reducción. Sólo mirando un bien superior, el bien común, es posible trascender el impulso de querer crecer materialmente a toda costa. Y ello requiere un cambio cultural, o se llega por una exigencia externa. Todo lo que avancemos voluntariamente en reducir lo evitaremos en tener que hacerlo obligatoriamente en escenarios que no controlaremos. Ello supone una oportunidad excepcional de crecer en valores éticos. No hay que olvidar que al final son naciones y ciudadanos de bajas emisiones, así como las nuevas generaciones, otras especies y ecosistemas los que sufren y sufrirán el impacto de naciones y ciudadanos con emisiones altas.

Hay experiencias ciudadanas, movimientos sociales, iniciativas públicas y empresariales a lo largo del mundo que están experimentando con una vida o una actividad baja en carbono. Dichas reacciones son minoritarias, pero válidas y eficaces a escala micro, potencialmente extensibles a escala macro.

Se trata de una nueva cultura baja en carbono que supone cambios en todos los ámbitos de la vida, un cambio del modelo civilizatorio. Como en otros retos históricos, nunca quizás del calado del que nos enfrentamos, al final es una opción entre el egoísmo o el egocentrismo y el altruismo, entre dejar letrinas llenas o plantar árboles para que den sombra a las próximas generaciones.

Nos equivocamos si confiamos todo a la resolución política de la cumbre de París. Es muy importante, pero no suficiente. La especie humana se está midiendo a sí misma.

Guarda el enlace permanente.
Rogelio Fernández

Acerca de Rogelio Fernández

Es doctor en Periodismo por la Universidad de Sevilla desde el año 2002 con la tesis doctoral Periodismo ambiental y ecologismo: Tratamiento informativo del vertido de Aznalcóllar en El País, Edición de Andalucía (1998-1999). Asimismo, también es doctor por la Universidad Pablo de Olavide en el año 2009 con la tesis doctoral El cambio climático en editoriales de prensa. Ecología Política y Periodismo Ambiental: una propuesta de herramienta de análisis. Obtuvo el premio especial de doctorado de la Universidad Pablo de Olavide en el curso 2009/2010. Ha completado sus labores investigadoras con la obtención del DEA, por la Universidad Internacional de Andalucía, tras la defensa de la tesina Ecología política: Aproximación al movimiento ecologista y ambientalismo latinoamericano. Actualmente, compatibiliza sus labores investigadoras con su participación en el Grupo Mediación Dialéctica de la Comunicación Social de la Universidad Complutense de Madrid y del Grupo de investigación en Estructura, Historia y Contenidos de la Comunicación de la Universidad de Sevilla. Ha trabajado en medios de comunicación y gabinetes de prensa. Fue director y redactor de la publicación mensual Desarrollo Sostenible desde 1996 a 2004. Es miembro de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA) y de la RedCalc (Red de Periodistas Ambientales de América Latina y El Caribe).

Deja un comentario