¿Deberían las organizaciones conservacionistas tratar a la naturaleza como capital natural?

Jacob Salcone, economista de Recursos Naturales de la UICN en Oceanía, comparte en el blog del Foro Mundial sobre el Capital Natural un interesante artículo en el que reflexiona sobre las razones por las que las organizaciones conservacionistas deberían tratar a la naturaleza como capital natural.

 

Jacob Salcone recuerda en su artículo que «la Meta 2 de Aichi sobre la Biodiversidad de la Convención de Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (CDB) consiste en que los países incorporen los valores de la diversidad biológica en la contabilidad nacional para el año 2020.».

Su reflexión, recogida en el artículo Should conservation organizations treat nature as capital natural? (¿Deberían las organizaciones conservacionistas tratar a la naturaleza como capital natural?, se deriva de una reciente reunión convocada por WWF para poner en común los resultados de un análisis económico realizado en el Gran Mar de Coral de Fiji a la que, además de él, asistieron otros especialistas en conservación de la biodiversidad. En dicho encuentro en el que se habló de por qué la información económica es útil y cuál es la manera adecuada de emplearla, Sele Tagivuni, un señor de avanzada edad que trabajó durante muchos años en el Ministerio de Medio Ambiente de Fiji comentó una interacción que mantuvo en cierta ocasión con un responsable de planificación de alto nivel: «Aves, ¿por qué siempre me estás hablando de las aves?», le preguntó este a Sele. «Es que vamos a celebrar una fiesta navideña?», espetó.

Dicha situación hace pensar a Salcone que «la defensa de la conservación que se centra en las especies en peligro de extinción y en la biodiversidad preocupa a aquellos que valoran las cosas. Los departamentos nacionales de planificación y desarrollo influyen en muchas decisiones que afectan a los recursos naturales y se centran en mejorar el bienestar de las personas, pero no de las plantas ni de los animales. Y así debe ser. Las sociedades democráticas eligen representantes que creen que mejorarán sus vidas. Incluso en los sistemas no democráticos, a cargo de los déspotas más egoístas, existe la creencia general de que los líderes quieren mejorar la situación de su país. Y a menudo esta situación se mide por la riqueza financiera o la productividad: el PIB».

«El Producto Interno Bruto es una medida de las actividades productivas que se realizan dentro de un país. Los responsables de la contabilidad nacionales calculan el PIB sumando cada nuevo bien o servicio que se produce, se suministra, se vende, se exporta o es consumido. Los planificadores y líderes utilizan esta medida como un barómetro de la situación del país, la comparan con otros países con los datos registrados el año anterior».

«Para los líderes nacionales o tomadores de decisiones es de vital importancia disponer de una sencilla métrica del éxito: ¿Un PIB creciente? Entonces, es signo de que las cosas están mejorando. Aparte de las críticas socioeconómicas acerca de que el PIB no mide la distribución de la producción y el consumo y de las críticas espirituales y filosóficas sobre que el PIB no es un buen indicador de la salud o la felicidad, los economistas expertos en recursos naturales señalan que el cálculo del PIB tiene otro defecto fatal: NO tiene en cuenta la depreciación del capital natural», llama la atención el portavoz de UICN en Oceanía.

«A escala mundial, los esfuerzos para cuantificar y representar la contribución de la naturaleza para las economías y el bienestar humano han ido en aumento durante los últimos 25 años. La primera edición del Natural Capitalism (Capitalismo natural, Hawken, Lovins, y Lovins), publicado en 1999, formalizó el concepto de que las funciones naturales de los ecosistemas sustentan muchas actividades humanas y que su contribución a las actividades humanas debe contabilizarse incluso si se proporcionan de forma “gratuita”», continúa Salcone.

«Las técnicas para cuantificar y valorar las formas en que la naturaleza es compatible con actividades humanas de mercado y no de mercado son cada vez más sofisticadas y precisas. Mientras tanto, el desarrollo económico sigue su marcha. Alabamos la capacidad de China de sacar a 200 millones de personas de la pobreza en la última década, cumplir y superar la meta de desarrollo del milenio de reducir a la mitad el número de personas que viven en la pobreza en 2015. En contraste con este logro, se encuentra el hecho de que, a pesar de décadas de esfuerzos dedicados a la conservación de la naturaleza, aún persiste la degradación ambiental, la extinción de especies y la destrucción de valiosos recursos naturales», se lamenta el experto.

«Debemos preguntarnos: ¿por qué a pesar de décadas de esfuerzos de conservación se sigue explotando de forma insostenible la naturaleza?».

Para ilustrar este caso, Salcone expone el ejemplo que sucede con las poblaciones de atún del Océano Pacífico Occidental. «Hasta hace poco, los países de esta región han permitido y alentado a las flotas pesqueras para pescar más y más atún cada año. En el corto plazo, esto tiene sentido. Los Pequeños Estados Insulares del Pacífico tienen pocas oportunidades para competir en la economía global. Luchan para aumentar los ingresos de las familias y generar beneficios para los servicios nacionales. La venta de su atún es un esfuerzo natural de líderes que tratan de mejorar las condiciones de su población. Pero este recurso no es ilimitado. Las poblaciones de algunas especies de atún, en particular del patudo, están colapsando. Ese colapso no aparece en los balances nacionales», advierte.

«Aunque la venta de más licencias de pesca significa más ingresos para este año, agotar las reservas de atún finalmente conduce a menos ingresos en el futuro. Afortunadamente, los países están empezando a reconocer que aunque la pesca del atún significa más ingresos este año, dejar el atún en el océano significa oportunidades de obtener mayores ingresos el próximo año. Las reservas de atún son su capital, y si se gestionan de forma conservadora, pueden continuar produciendo un retorno año tras año», puntualiza.

«Los países están respondiendo a esta situación limitando de manera conjunta el número de licencias totales vendidas en el Pacífico Occidental. Han firmado un acuerdo de cooperación llamado Partes para el Acuerdo de Nauru (Parties to the Nauru Agreement, PNA) con el fin de crear escasez en el sistema y proteger las poblaciones de atún. Esto garantiza al mismo tiempo la sostenibilidad de las reservas de atún, sus activos y aumenta el valor de cada licencia, su retorno. Pocas inversiones así podrían garantizar fácilmente un dividendo año tras año para siempre».

Salcone hace referencia a unas declaraciones realizadas el pasado enero por Inger Andersen, directora general de la UICN, en un artículo que escribió para The Guardian en el que subrayaba que «el mundo necesita desesperadamente un nuevo sistema financiero, que reconozca la enorme contribución de la naturaleza al crecimiento económico mundial e incorpora el coste total de la generación de riqueza».

«Ese nuevo sistema financiero representa la depreciación del capital natural. No lucha contra el desarrollo, simplemente internaliza las externalidades, los inestimables costes del desarrollo, por lo que los impactos y compensaciones de las decisiones del desarrollo se reconocen desde el inicio», aclara Salcone.

«Han surgido iniciativas como TEEB (The Economy of Ecosystems and Biodiversity, La economía de los ecosistemas y la biodiversidad (TEEB), el SEEA (System of Environmental-Economic Accounting, Sistema de Contabilidad Ambiental y Económica), Waves (Wealth Accounting and the Value of Ecosystem Services, Contabilidad de la Riqueza y la Valoración de los Servicios de los Ecosistemas), destinadas a fomentar la valoración de los servicios ecosistémicos y un cambio hacia el reconocimiento de la naturaleza como capital natural», recuerda el experto de la filial de Oceanía de la UICN.

«La Meta 2 de Aichi sobre la Biodiversidad de la Convención de Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (CDB) consiste en que los países incorporen los valores de la diversidad biológica en la contabilidad nacional para el año 2020».

«Recientemente, los investigadores de desarrollo sostenible han criticado estas iniciativas por ser insuficientes. Laurans et al. 2013 argumenta que algunas valoraciones de los servicios ambientales se han asociado directamente con el cambio de políticas; Billé et al. 2012 sostiene que no se ha demostrado cómo puede realizarse y utilizarse la valoración».

«Es en este punto donde las organizaciones conservacionistas necesitan asumir el reto. La valoración de los servicios de los ecosistemas y la contabilidad del capital natural todavía están bloqueados en la mayoría de los casos en una torre de marfil; académicamente maduros, pero aún no integrados en la planificación y la formulación de políticas nacionales. Las organizaciones conservacionistas necesitan asociarse con los planificadores y desarrolladores nacionales del sector e incluso con entidades y empresas privadas para que las iniciativas de capital natural se lleven a la práctica», aconseja Salcone.

Salcone llama la atención acerca de que «los economistas expertos en recursos naturales señalan que el cálculo del PIB tiene otro defecto fatal: NO tiene en cuenta la depreciación del capital natural».«Por supuesto, las limitaciones de este enfoque deben ser reconocidas. No todos los ecosistemas o especies tienen beneficios cuantificables, y si los servicios de los ecosistemas no se pueden cuantificar, entonces es difícil integrarlos en el marco de la contabilidad nacional. Las organizaciones conservacionistas no deben basarse solo en el capital natural para salvar el medioambiente. Por otra parte, argumentos a favor de la conectividad ecológica, que utilizan el principio de precaución cuando los servicios de los ecosistemas son desconocidos, e incluso argumentos biocéntricos sobre el valor intrínseco han resultado exitosos en la designación de áreas protegidas y el cambio de políticas, a pesar de que no existía un vínculo claro con el bienestar humano. Para hacer frente a los numerosos daños ambientales que amenazan la sostenibilidad global, será necesario desarrollar una serie de enfoques. La contabilidad del capital natural es solo un enfoque, pero se trata de un enfoque con potencial transformador».

«Las organizaciones conservacionistas deben reconocer que los países seguirán trabajando para mejorar los medios de vida de sus residentes y hacer crecer el PIB. Además, tienen que estar dispuestas a tratar a la naturaleza como capital natural porque transforma este paradigma e institucionaliza la sostenibilidad. Por sí solo, el capital natural no puede salvar a todas las especies, pero es una herramienta poderosa que las organizaciones de conservación deben adoptar».

 

Este artículo que hemos traducido del Foro Mundial sobre el Capital Natural fue anteriormente publicado en las páginas de noticias de la UICN.

El II Foro Mundial del Capital Natural tendrá lugar en Edimburgo el 23 y 24 de noviembre.

Queda poco más de un mes para el comienzo de la II edición del Foro Mundial del Capital Natural, que se celebrará en Edimburgo los próximos días 23 y 24 de noviembre. En los siguientes enlaces tienes acceso al completo programa del evento y a la información acerca de qué debes hacer para gestionar tu inscripción si no quieres perderte el evento sobre el capital natural más prestigioso a escala internacional.

 

Fuente: World Forum on Natural Capital.

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