¿Cómo no ver un elefante en una habitación?

En el marco de las acciones de comunicación con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, hoy os traemos a las páginas de Opinión de Mercados de Medio Ambiente un artículo firmado por Julia Moreno, Project Manager de Forética, asociación de referencia en España de empresas y profesionales de la RSE y representante único de nuestro país en el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD, por su acrónimo en inglés).

En sus líneas, Julia aborda una temática estrechamente relacionada con la conservación y el cuidado del medioambiente: el vínculo indiscutible entre biodiversidad y cambio climático, relación cuyo reconocimiento es esencial por parte del sector empresarial y de la sociedad en su conjunto para avanzar de forma coordinada y adecuada hacia el logro de los desafíos que la humanidad tiene por delante en el marco del Acuerdo de París, las Metas de Aichi y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Imagen: Forética.

 

«En muchas ocasiones la naturaleza, y su conservación, se asocia únicamente a aspectos como la protección de especies, pero lo cierto es que cuando hablamos de biodiversidad  y servicios de los ecosistemas, hablamos de temas tan cercanos a nosotros (y a las empresas) como las materias primas que empleamos para alimentarnos o para construir nuestras casas, el aire que respiramos o los paisajes que disfrutamos», subraya Julia Moreno.

«Un elefante en la habitación». Esta expresión, derivada de un famoso cuento indio, es ampliamente utilizada en el mundo empresarial para identificar aquellas cuestiones evidentes pero que son ignoradas o simplemente evitadas, a pesar de su incuestionable presencia o relevancia.

Curiosamente, el vínculo entre un fenómeno global como el cambio climático y el concepto y significado de la biodiversidad es uno de esos elefantes en una habitación. Sin duda, el cambio global es probablemente el tema ambiental por excelencia de los últimos años, y lo será también en las próximas décadas. El Acuerdo de París ha permitido sentar unas bases sólidas para la lucha contra el cambio climático, haciendo un llamamiento a los esfuerzos colectivos de gobiernos y sociedad civil para contribuir a disminuir los efectos de este fenómeno. Nadie duda ya, como el propio Foro de Davos identificó a principios de año, que el calentamiento global es uno de los mayores riesgos a los que se enfrenta la Tierra y que tiene importantes consecuencias para la humanidad.

Sin embargo, la biodiversidad (o el capital natural, como se comienza a hablar desde una perspectiva empresarial), es todavía una de las grandes desconocidas para los sectores económicos, las administraciones públicas y, por supuesto, la sociedad civil. ¿Cuántos de vosotros conocéis a alguien que os sepa dar una definición más o menos acertada de este concepto? Muy pocos probablemente. En muchas ocasiones la naturaleza, y su conservación, se asocia únicamente a aspectos como la protección de especies, pero lo cierto es que cuando hablamos de biodiversidad y servicios de los ecosistemas, hablamos de temas tan cercanos a nosotros (y a las empresas) como las materias primas que empleamos para alimentarnos o para construir nuestras casas, el aire que respiramos o los paisajes que disfrutamos.

Estos temas, especialmente la biodiversidad, en muchas ocasiones no se identifican como elementos esenciales que deben ser considerados en la estrategia empresarial. Esta identificación, sin embargo, es clave desde una perspectiva de gestión de riesgos y, sobre todo, de generación de oportunidades vinculadas a los nuevos mercados, el nuevo modelo de consumo o la eficiencia en el uso de recursos naturales o energéticos.

Una vinculación evidente

El documento de investigación elaborado por Forética, y recientemente publicado gracias al apoyo de la Fundación Biodiversidad, El vínculo biodiversidad-cambio climático: un elefante en la habitación, busca precisamente acercar y repasar la vinculación evidente entre los dos temas poniendo foco en dos aspectos importantes.

Por un lado, cómo la naturaleza y los ecosistemas se están viendo afectados por la presión que ejerce el cambio climático tanto a nivel físico (aumento del nivel del mar, retroceso de los glaciares, modificación de los patrones de precipitaciones) como a nivel biológico (extinción de especies, migraciones o cambios en los ciclos reproductivos). Y, por otro lado, cómo una correcta gestión del capital natural puede ayudar y contribuir sustancialmente a combatir este fenómeno, debido a la importante labor de mitigación y adaptación que ejercen ecosistemas como los bosques, los océanos o los ecosistemas agrarios. A fin de cuentas, como se menciona en el documento, ¿quién mejor que la naturaleza, que lleva haciendo ese trabajo de manera natural millones de años, para ayudarnos a hacer frente a los crecientes efectos del calentamiento global?

Teniendo en cuenta esta interrelación, es importante no perder de vista las grandes metas y objetivos a nivel global en los dos ámbitos, tanto el Acuerdo de París, con su objetivo de los 2 oC, como las metas en materia de biodiversidad, las conocidas como Metas de Aichi. Preservar la capacidad de los ecosistemas globales como sumideros de carbono y evitar las presiones y daños de estos es esencial para evitar la pérdida de los servicios y beneficios que nos ofrecen, y para reducir los efectos de este fenómeno.

Para ello, es indispensable una acción global integrada de los diferentes agentes sociales sobre estos dos temas ambientales tan relevantes y su vínculo. Sin duda, las empresas, como se ha demostrado en las últimas reuniones mundiales en materia de cambio climático y biodiversidad, tienen un papel muy destacado en este sentido. Serán ellas las que, realizando acciones estratégicas en estos ámbitos, contribuirán en gran medida a la conservación de la naturaleza y a la reducción de los efectos del cambio climático, además de obtener grandes oportunidades y beneficios económicos, sociales y, por supuesto, ambientales.

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Julia Moreno

Acerca de Julia Moreno

Julia Moreno es máster en Gestión Ambiental en la Empresa por la Universidad Antonio de Nebrija (Madrid) y licenciada en Biología, con la especialidad Ambiental, por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente, es Project Manager y responsable de SGE 21 de Forética, donde participa en la ejecución de proyectos y gestiona los procesos vinculados a la formación y certificación de dicha norma de responsabilidad social. Además, como especialista en medioambiente, también contribuye al desarrollo de esta área dentro de la organización.

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