Acabar con el desperdicio de alimentos: primer paso, reconocer nuestra conducta

En mayo de 2014, la edición española de National Geographic inició la publicación de varios reportajes relacionados con uno de los problemas más graves a los que se enfrenta el mundo en los próximos años: cómo alimentar a los 9000 millones de almas que albergará el planeta en el año 2050, teniendo en cuenta que la demanda de comida se incrementará en aproximadamente un 70 %.

Desde el campo hasta nuestras mesas, se desperdicia una tercera parte de lo producido.

De entre los artículos que vieron la luz, el publicado en agosto de 2014 trató el tema del desperdicio de los alimentos. ¿Sabes que desde el campo hasta nuestras mesas se desperdicia una tercera parte de lo producido?

Resulta obvio que en estas cifras confluyen varios factores, desde las pérdidas por almacenamiento incorrecto o plagas tras la cosecha, problema que se reproduce en varios países en desarrollo (pérdidas de hasta un 30 % de la cosecha en algunos casos), hasta la rigurosa normativa que rige en muchos países y que en 2013 causó en España una honda polémica con aquellas declaraciones por parte de algunos dirigentes políticos en las que admitían consumir yogures caducados. Este tema se zanjó con un cambio vía legislación en la denominación de fecha de caducidad por fecha de consumo preferente.

Pero centrémonos en nuestro propio comportamiento como consumidores, empezando por nuestra visita al supermercado o a la tienda del barrio. Con motivo del congreso internacional Save Food que se celebró en Alemania en 2011, la FAO publicó un estudio que analizaba las pérdidas y el desperdicio de alimentos en el mundo.

Una de las causas argumentadas por las cadenas de supermercados, basada en encuestas de consumo, es que «los consumidores no desean comprar alimentos con un peso, tamaño o apariencia inapropiado». En este sentid,  resulta paradójico este ejemplo que reproduce el citado informe y que hace referencia a la investigación efectuada por Tristam Stuart para la redacción de su libro Despilfarro: El escándalo global de la comida.

 

Fuente: FAO. 2012, Roma. Pérdidas y desperdicio de alimentos en el mundo – Alcance, causas y prevención, página 19. Apartado 4. Causas y prevención de las pérdidas y el desperdicio de alimentos.

Imagen: Fuente-FAO. 2012, Roma. Pérdidas y desperdicio de alimentos en el mundo – Alcance, causas y prevención, pág. 19. Apartado 4. Causas y prevención de las pérdidas y el desperdicio de alimentos.

 

Podría parecer, por tanto, que son las empresas alimentarias las que imponen el estándar estético de los productos de consumo frescos, máxime cuando el mismo estudio de la FAO señala que los consumidores estarían dispuestos a comprar productos heterogéneos siempre y cuando su sabor fuera el mismo.

Sé sincero contigo mismo: ¿cuántas veces has desechado una fruta con un pequeño golpe o una deformidad? La afirmación de que «la comida entra por los ojos» la tenemos más asumida de lo que admitimos.

Tras la compra, llegamos a casa con las bolsas llenas de productos. Posiblemente en ellas hayan caído algunas de esas “cosas” que parecen cobrar una especial autonomía para incorporarse a nuestro carro a pesar de no estar apuntadas en la lista de necesidades (caprichos, ofertas irrepetibles, etc.), compras impulsivas que demuestran en ocasiones nuestro escaso autocontrol.

Preparamos la comida, nos sentamos a la mesa y una vez ahítos, vemos que nos ha sobrado cierta cantidad en el plato. ¿El impulso natural? Tirar las sobras. Eso es al menos lo que reflejaba una encuesta realizada por Hispacoop en 2012. Entre sus conclusiones, destacaba que esta causa era el motivo mayoritario (un 86,4 %) que nos acercaba hasta el cubo de basura, seguido de aquellos productos que se tiraban por una mala conservación o el tiempo transcurrido desde su compra.

La suma de circunstancias daba el alarmante resultado de que durante una semana tipo los 413 hogares que participaron en el muestreo desecharon 554 kg de alimentos, lo que equivale a aproximadamente a medio kilo de comida por persona a la semana (el promedio de personas por hogar era de 2,7).

La actual coyuntura económica posiblemente haya variado algo nuestro comportamiento en esta materia, tal y como ponía de manifiesto el diario  The Guardian a finales de 2014 en un artículo en el que se afirmaba que las familias británicas habían reducido sus tasas de desperdicio a consecuencia de la crisis, pero aún así, seguro que las cifras siguen siendo sonrojantes.

Uno de los primeros pasos para atajar este problema es reconocerlo, y a pesar de la ceguera que sigue imperando, parece que las actitudes van variando poco a poco. De ahí que empiecen a surgir proyectos orientados a cambiar nuestro comportamiento. Uno de los más interesantes es iFreeze, impulsado por la compañía Iglo Group en colaboración con la organización WRAP y que justamente se centra en lo que ocurre de puertas adentro de nuestros hogares.

Entre otras utilidades, ofrece consejos para la conservación adecuada de los alimentos, recetas para aprovechar esos productos que estamos a punto de tirar o una calculadora de raciones en función del número de personas.

Aunque el presente artículo busca incidir sobre tu comportamiento como consumidor, en el análisis de esta problemática es importante mencionar el papel que pueden jugar los supermercados y otros establecimientos del sector alimentario en la búsqueda de soluciones dirigidas a terminar con el despilfarro de comida. En este sentido,  es interesante mencionar dos ejemplos que se han dado a conocer en los últimos días: por un lado, el cambio legislativo que ha aprobado la Asamblea Nacional francesa y que supondrá que los supermercados de más de 400 m2 no podrán arrojar los productos perecederos a la basura. Y, por otra parte, la iniciativa firmada entre la Diputación Foral de Vizcaya y el Banco de Alimentos de Vizcaya para reforzar la cadena de recogida de alimentos frescos que caducan en un plazo breve,de manera que se evite romper la cadena de frío. De esta forma, se posibilita su reparto entre la gente que lo necesite en las mejores condiciones.

No obstante, de poco servirán todas estas campañas y cambios normativos si la lógica no se impone en nuestros hábitos de consumo como individuos. Para empezar, te aconsejo que en cuanto puedas, eches un vistazo a tu frigorífico o despensa con ojo crítico. Seguro que esa inspección puede enseñarte algo.

 

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Judit Urquijo

Acerca de Judit Urquijo

Judit es técnica ambiental por el Centro Vasco de Nuevas Profesiones. Después de trabajar en la ingeniería Basoinsa durante 15 años colaborando en estudios de impacto ambiental y elaborando cartografía temática, entre otras actividades, en la actualidad, gestiona su propio proyecto de comunicación medioambiental. En el marco de esta iniciativa profesional, cura contenido relacionado con el medioambiente y la ecoinnovación. De manera paralela, está creando un directorio de aplicaciones móviles y web apps medioambientales con el objetivo de impulsar la I+D+i y la generación de empleo. Aquí te dejamos su perfil de Linkedin para que conozcas mejor su trabajo. http://es.linkedin.com/in/juditurquijo

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