Las subvenciones son pagos directos efectuados por la administración que pretenden incentivar la creación de servicios ambientales. De esta manera se favorece el desarrollo de actividades ambientalmente favorables existiendo cierto control por parte de la administración sobre los Servicios Ambientales que se generan como consecuencia de estas actividades.

Los costes de las subvenciones recaen sobre la Administración Publica. Para que sean exitosos es necesario que las administraciones realicen la valoración que tiene ese bien o servicio ambiental para la sociedad. En muchas ocasiones lo que se calcula es el lucro cesante que tiene por ejemplo, un agricultor para generar ese servicio ambiental.  Pretenden fundamentalmente, en lo que a aspectos medioambientales se refiere, la reducción de los riesgos que tiene la agricultura moderna o la preservación de terrenos cultivados por sus beneficios sobre los ecosistemas u otros beneficios.

Combinados con otro tipo de acciones para el mantenimiento de los servicios ambientales creados gracias al subsidio, pueden ser elementos interesantes para impulsar un cambio.

Existen muchos Subsidios  cuyas consecuencias finales han resultado negativas para la calidad y cantidad de biodiversidad, que son los llamados subsidios perversos. Estos subsidios lejos de tener efectos beneficiosos para el medio ambiente contribuyen a actividades dañinas con el medio natural. Por ejemplo, la coexistencia del fomento de políticas para luchar contra el cambio climático con subsidios en algunas autonomías para la instalación de aparatos de aire acondicionado, que aumentan el calentamiento.

Posiblemente el caso más conocido sean las subvenciones de la PAC (Política Agraria Común), aunque la finalidad de estas subvenciones no sea directamente la conservación del medio natural. A este respecto, se está tramitando la modificación de la PAC para incluir estos atributos en la distribución de ayudas (greening).