Numerosas evidencias científicas y empíricas ratifican el papel del CO2 como principal gas de efecto invernadero. La influencia de este gas sobre el cambio climático, así como el papel del hombre como catalizador del proceso, motivaron un proceso de diálogo internacional para tomar medidas para estabilizar las emisiones de CO2 a la atmósfera. Resultado, el protocolo de Kioto.

El protocolo de Kioto constituye el mayor acuerdo internacional para minimizar los efectos del calentamiento global experimentado en el último siglo. La ratificación de este acuerdo establece una serie de medidas mitigar los efectos del cambio climático. Entre ellas acciones para reducir las fuentes generadoras de los gases de efecto invernadero, GEI, principales motores del incremento de temperatura. El acuerdo final se materializa en un compromiso de emisiones máximas por cada país firmante del tratado. Este acuerdo, jurídicamente vinculante, establece por ejemplo para el caso de España un límite de aumento de emisión de gases de efecto invernadero respecto del momento de firma del Protocolo de un 15%. En otros países, sin embargo, este acuerdo significa compromisos de reducción de emisiones. La primera fase de aplicación del protocolo comprende el periodo 2008-2012, tras la cual, hay que revisar los compromisos existentes.

En definitiva, dado que el CO2 es el principal gas efecto invernadero, se suele hablar de mercados de carbono.

El reto consiste en avanzar en los niveles de bienestar y desarrollo, sin comprometer el mantenimiento del capital natural ni el de las generaciones venideras. Se trata, y es donde radica su importancia, de un instrumento para generar inventivos para la mejora ambiental.

El protocolo de Kioto definió 3 mecanismos innovadores, conocidos como mecanismos de flexibilidad, con el objetivo de reducir las emisiones de una forma eficiente en relación con los costes.

–          Comercio de Derechos de Emisión,

–          Mecanismos de Ejecución Conjunta y,

–          Mecanismos de Desarrollo Limpio.

Es importante destacar, que dado que cada país ha contribuido de una forma diferente al calentamiento global, la aplicación de estos mecanismos difiere según el país en cuestión.

El protocolo también establece otro  elemento de flexibilidad que son las absorciones de CO2. Éstas se miden en Unidades de Absorción (UDA) y se consideran a la hora de determinar el cumplimiento de las obligaciones con el tratado de cada país. El compromiso final, es que las emisiones al final del periodo 2008-2012 sean inferiores a la suma de las emisiones permitidas por los cuatro mecanismos.

COMERCIO DE DERECHOS DE EMISIÓN

El comercio de derechos de emisión se basa en el comercio de cuotas de emisión. Es un mecanismo por el cual, países con unidades excedentes de emisiones de CO2, admitidas pero no utilizadas, pueden ofertarlas y comerciarlas a países con necesidades de emisión. Estas emisiones se contabilizan bajo el nombre de unidades de cantidad atribuida (UCA), equivalentes a una tonelada de CO2. Además de con estas unidades, se puede también comerciar con unidades equivalentes de reducción obtenidas de mecanismos basados en proyectos.

En España, este mecanismo se establece en el marco del Sistema Europeo de Comercio de Derechos de Emisión, reglado por la directiva comunitaria 2003/87 y trasladado a la legislación nacional mediante el Real Decreto Ley 5/2004 y la posterior ley 1/2005 tras su tramitación parlamentaria. Estas normativas establecen tanto las cuotas de emisión para países y para industrias contaminantes incluidas en el protocolo, como los mecanismos e instrumentos necesarios para establecer un mercado regulado de derechos de emisión.

Mientras que el comercio de derechos de emisión es un sistema de cuotas en el que prima el mercado y las transacciones que en él se desarrollan, los mecanismos restantes, son instrumentos basados en el desarrollo de proyectos. Estos proyectos están orientados tanto para reducir las emisiones de origen humano como para incrementar la absorción de carbono mediante la creación de sumideros. El objetivo de estos mecanismos es doble. Por un lado el cumplimiento de los compromisos de reducción en países desarrollados, y por otro, el desarrollo sostenible en los países en desarrollo.

Mecanismos de Aplicación Conjunta.

Permiten el desarrollo de proyectos propuestos por países desarrollados en países con economías en transición. Ambos países deben pertenecer al Anexo I del Protocolo de Kioto. Mediante este modelo, se realizan proyectos de reducción de emisiones en terceros países con menor coste del que tendría realizarlos en el país de origen de la inversión. Mediante este modelo, se obtienen unidades de reducción equivalentes (URE)a toneladas de CO2.

Mecanismos de Desarrollo Limpio.

Estos mecanismos posibilitan que países desarrollados (incluidos en el Anexo I) pueden completar sus objetivos de reducción mediante inversión en terceros países (no desarrollados, no incluidos en el Anexo I). Además, se consigue estabilizar las emisiones de gases de efecto invernadero, y el desarrollo de inversiones basados en tecnologías limpias. Esta inversión, se traduce en créditos de reducciones certificadas de emisiones (RCE) para los países inversores, también equivalentes a toneladas de CO2. Estos proyectos son de diversa naturaleza, pero deben cumplir una serie de requisitos de elegibilidad, entre los que cabe destacar:

–          Voluntariedad del proyecto.

–          El proyecto no puede generar impactos negativos al medio ambiente.

–          Periodo de acreditación limitado.

–          Proyectos de forestación y reforestación limitados al 1%.

–          Requisitos del país inversor y del país receptor de la inversión.

MERCADOS VOLUNTARIOS

Los acuerdos alcanzados en el protocolo de Kioto, no recogen todos los mercados, ni todas las metodologías disponibles para la reducción de emisiones de CO2, ni siquiera todos los sectores emisores de gases efecto invernadero. Las acciones de mitigación en países de desarrollo como la absorción de CO2, no se contemplan dentro del protocolo si superan las cantidades de absorción recogidos por el tratado, y no son tenidos en cuenta para la contabilidad nacional.

En términos absolutos, aproximadamente, el protocolo de Kioto sólo contempla la mitad de las emisiones existentes a día de hoy, existiendo un vacío importante en lo que se refiere a emisiones difusas o las provocadas por el ciudadano de a pie.

A pesar de estas limitaciones que establece el protocolo en cuanto a la contabilidad de las emisiones por estado, se están poniendo en marcha mercados voluntarios que van más allá de los acuerdos recogidos en el acuerdo.

Así, los mercados de este tipo, son derechos procedentes de proyectos de reducción voluntaria de CO2, no sujetos al cumplimiento de Kioto. Se trata de un mercado que cada día crece en importancia, donde a pesar de los vaivenes económicos de 2011, se registró el segundo mayor nivel en volumen de compra de créditos y el mayor valor en “over the Counter” . Hablamos de un total 95 MtCO2, muy por debajo de las poco más de 10.000 del mercado regulado.

Bajo este paraguas, el mercado se genera mediante proyectos de reducción o sumidero de carbono por mecanismos no contemplados por el protocolo. Son proyectos de energías renovables, de tecnologías limpias, mecanismos REDD+ (proyectos para evitar la deforestación o la degradación forestal como herramienta para reducir emisiones de CO2), proyectos de forestación, proyectos de eficiencia energética o de reducción de metano.

En España, este tipo de mercado es muy incipiente, frente a otros países como Estados Unidos donde comienza a tener importancia. Aquí fundamentalmente se trata de proyectos para reducir la huella de carbono de las empresas. Estas compensaciones se encuentran vinculadas fundamentalmente a la responsabilidad social de las propias empresas o a campañas de marketing pero, a pesar del esfuerzo, el volumen de proyectos aún no es apreciable.

Características

Para el cálculo de reducción de emisiones, se utilizan métodos análogos a los de los proyectos de ejecución conjunto o de mecanismos de desarrollo limpio. Al igual que éstos, deben cumplir una serie de requisitos: elegibilidad, adicionalidad, permanencia, sin impacto social o ambiental o sustentabilidad. Además hay que evitar fenómenos de doble contabilidad. Al contrario que los mecanismos de cumplimiento de emisiones del mercado de europeo, son mercados sin techo (Cap).