Trump firma una orden ejecutiva que supone un giro de 180 grados a las políticas climáticas de Obama

Advertencia cumplida. Donald Trump, 45.º presidente electo de los Estados Unidos, hizo ayer realidad su advertencia de que firmaría una orden ejecutiva que supusiera el «fin de la guerra» al «carbón» y de las «regulaciones que matan empleos», según su punto de vista. Dicha orden supone darle un giro de 180 grados a toda la estrategia de reducción de emisiones contaminantes a la atmósfera por parte de la industria energética por la que apostó su antecesor en el cargo, Barack Obama.

 

Imagen: Casa Blanca.

Donald Trump, 45.º presidente electo de los Estados Unidos, hizo ayer realidad su advertencia de que firmaría una orden ejecutiva que supusiera el «fin de la guerra» al «carbón» y de las «regulaciones que matan empleos», según su punto de vista. Dicha orden supone darle un giro de 180 grados a toda la estrategia de reducción de emisiones contaminantes a la atmósfera por parte de la industria energética por la que apostó su antecesor en el cargo, Barack Obama. Es decir, el anuncio llevado a cabo ayer por el Ejecutivo de Trump echa por tierra el paso histórico dado por Obama en la lucha contra el cambio climático con su Clean Power Plan (Plan de Energía Limpia). Para el presidente norteamericano, esta estrategia no es más que un «plan unilateral que aumentará las facturas mensuales de electricidad en dos dígitos sin ninguna mejora apreciable en el clima».

El Plan de Energía Limpia buscaba, según anunció su día la Casa Blanca y la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE. UU., lograr para 2030 la reducción de un 32 % de las emisiones del sector generador de energía de Estados Unidos respecto a 2005 y disminuir un 25 % el humo y hollín en la atmósfera, entre otros objetivos.

Cabe recordar que el Clean Power Plan nunca ha llegado a entrar en vigor por una querella interpuesta por cerca de una treintena de estados republicanos contra la Agencia de Protección Ambiental a iniciativa de Scott Pruitt, actual director de la EPA, por considerar que se había excedido en sus competencias y dificulta la creación de empleo.

El Plan de Energía Limpia de Obama afectaba a algo más de 1600 centrales, a cuyos responsables se les ofrecía distintas alternativas para adecuar su infraestructura y poder así cumplir con la nueva normativa. Por un lado, podían optar por adoptar fuentes de energía renovables o participar en el programa de intercambio conocido como cap-and-trade. Este sistema está basado en dos conceptos principales: el Gobierno establece un cap (tope o límite máximo) de emisiones para las distintas empresas y estas están respaldadas por títulos de derecho de emisión hasta el límite permitido. Con ello, se persigue limitar los niveles de emisión de CO2 y generar penalizaciones a aquellas compañías o industrias que los incumplan.

Y, por otro lado, se ofrecía la posibilidad de intercambiar (trade) los derechos de emisión mediante incentivos a las empresas, que pueden reducir sus emisiones a un coste menor al invertir en tecnologías necesarias para lograr el recorte de sus GEI y vender los derechos de emisión correspondientes a otra compañía cuyo coste de reducción sea mayor.

Estos objetivos ya no forman parte del Plan para la Independencia de la Energía de Trump.

Claves del Plan para la Independencia de la Energía de Trump

La nueva orden ejecutiva incluye la eliminación de varias moratorias impuestas por la Administración Obama y exime a las agencias gubernamentales de tener la obligación de considerar las consecuencias ambientales de sus regulaciones.

Además:

– Elimina una moratoria en los permisos para explotaciones de carbón en terrenos federales.

– Elimina la moratoria a la explotación de gas, petróleo y gas de esquisto en territorio federal.

– Ordena a todas las agencias que realicen una revisión de las acciones existentes que dañan la producción local de energía y suspenden, revisan o rescinden las acciones que no están obligadas por la ley.

– Ordena a las agencias que usen la mejor ciencia y economía disponibles en el análisis regulatorio, «que no fue utilizada por la Administración anterior».

– Disuelve el Grupo de Trabajo Interinstitucional (GTI) sobre el coste social de los gases de efecto invernadero.

Asimismo, Trump:

– Firmó una normativa para evitar que la conocida como Stream Protection Rule cause más daño a la industria del carbón.

– Ordenó la revisión de la conocida como norma WOTUS (Clean Water Rule: Definition of Waters of the United States) para evaluar si está sofocando el crecimiento económico o la creación de empleo.

– Firmó un Memorándum Presidencial y dio un permiso presidencial para eliminar los obstáculos para construir el oleoducto Keystone XL.

– Firmó un Memorándum Presidencial declarando que el oleoducto Dakota Access beneficia al interés nacional e inició el proceso para completar su construcción.

EE. UU. y el Acuerdo de París

Qué hará Trump con el órdago lanzado durante su campaña por la Presidencia de sacar a EE. UU. del Acuerdo de París aún es una incógnita. Pero antes de dar un paso hacia la retirada deberá sopesar detenidamente las peticiones que le han hecho llegar numerosas empresas importantes de su país para que no abandone el pacto global, entre ellas, ExxonMobil, la mayor petrolera estadounidense.

El gigante del oro negro norteamericano difundió ayer una carta al conocerse la firma efectiva de la nueva orden ejecutiva de Trump en la que incide en que «lo prudente» sería que Estados Unidos se mantuviera dentro del pacto universal y garantizar «la igualdad de condiciones».

La Casa Blanca está vinculada a Exxon Mobil a través del secretario de Estado, Rex Tillerson, quien fue director ejecutivo de la petrolera antes de convertirse en el máximo diplomático estadounidense.

Lo que suceda a este respecto lo sabremos en los próximos meses, pero si el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero del planeta decidiera desmarcarse del Acuerdo de París, este paso tardaría tres años en hacerse efectivo del todo.

En cualquier caso, como en casi todas las circunstancias de la vida, el mundo sigue su curso. El liderazgo a la hora de hacer frente al cambio climático ostentado hasta ahora por Estados Unidos cede el testigo al resto de actores globales, con China en posición destacada y parece que ansiosa por dejar el listón muy alto en este sentido.

China, ¿nuevo líder en la lucha contra el cambio climático?

«El Acuerdo de París es un logro difícilmente alcanzado», aseguró el presidente chino Xi Jinping durante su participación en el Foro Económico Mundial en Davos (Suiza) el pasado enero. «Todos los firmantes deben atenerse a él en lugar de alejarse de él, ya que se trata de una responsabilidad que debemos asumir para las generaciones futuras».

Mientras la potencia norteamericana pone distancia con el objetivo de recortar las emisiones de GEI, China, el mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero avanza en su campaña por impulsar las energías renovables y frenar el uso de los combustibles fósiles. En concreto, el Gobierno de la nación asiática acaba de detener la construcción de 103 centrales eléctricas de carbón y la Agencia de la Energía China anunció a principios de año planes para invertir más de 360 000 millones de dólares en energías renovables hasta finales de la década.

Como parte de sus compromisos con el pacto de París, China pretende llegar a su tope de emisiones de carbono y obtener una quinta parte de su energía de fuentes no fósiles en 2030. Algunos informes sugieren que ya está adelantándose al calendario establecido en el caso de la meta de alcanzar su pico de emisiones.

Datos esperanzadores

Sin duda, los progresos logrados por China en su política climática son dignos de ser reconocidos, pero aún es largo el camino que queda por recorrer hasta cumplir con el objetivo de mantener el aumento de la temperatura del planeta por debajo de los 2 ºC para finales de siglo y hacer esfuerzos por acercarse a los 1,5 ºC.

Alcanzar este hito no está solo en manos de China y Estados Unidos, a pesar de que en conjunto son responsables de cerca de un 40 % de las emisiones globales de GEI, las otras 195 Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) también tienen un papel crítico que jugar, así como todo el tejido empresarial y civil de sus respectivas sociedades. Los gobiernos por sí solos no pueden alcanzar retos tan ambiciosos. Sin el apoyo del sector empresarial y de los ciudadanos, los esfuerzos que se emprendan desde las administraciones no serán suficientes.

Así que, ¡manos a la obra! Somos muchos los que apoyamos a la ciencia y también son numerosas las pruebas de que juntos podemos lograr la transición hacia la descarbonización de la economía que requiere nuestro mundo.

Ayer mismo publicábamos unas declaraciones de António Guterres, secretario general de la ONU, en las que expone la oportunidad que supone abordar adecuadamente el cambio climático tanto para gobiernos como para empresas, y la semana pasada conocimos que la mayor caída registrada en las emisiones de CO2 en 2016 se produjo en Estados Unidos, donde el recorte fue de un 3 % (160 millones de toneladas), mientras que la economía estadounidense creció un 1,6 % en 2016. Todo ello, sin que el Clean Power Plan haya tenido nada que ver en ello.

Según el informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), este descenso estuvo impulsado por un aumento de los suministros de gas de esquisto y la mayor apuesta por la generación eléctrica con fuentes de energía renovable, lo que se tradujo en un menor uso del carbón. Las emisiones registraron el año pasado en Estados Unidos su nivel más bajo desde 1992, periodo durante el que economía creció en un 80 %.

En cuanto al resto del mundo, las emisiones de dióxido de carbono relacionadas con la energía se mantuvieron estables por tercer año consecutivo en 2016, aun cuando la economía mundial creció un 3,1 %, lo que confirma el desacoplamiento de las emisiones y la actividad económica. Estos datos son el resultado de una mayor apuesta por las energías renovables a escala global, del recorte en el uso del carbón (en especial, por parte de China), de las mejoras logradas en materia de eficiencia energética, así como de los cambios estructurales habidos en la economía mundial.

Otras muestras de esfuerzos conjuntos protagonizados por gobiernos, sectores, empresas y entidades de la sociedad civil dirigidos al avanza hacia una economía circular y baja en carbono son:

– El Foro Económico Mundial (FEM), reunido en enero en Davos, lanzó la 12.ª edición de su Informe sobre los riesgos globales (The Global Risks Report 2017), correspondiente a 2017, que reconoce que los riesgos derivados del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas están entre las tendencias que el mundo debe abordar con mayor urgencia durante la próxima década.

– La reciente adopción por parte del Consejo de la Organización Internacional de la Aviación Civil (OIAC) de un nuevo estándar sobre las emisiones de CO2 de los aviones que reducirá el impacto de las emisiones de GEI de la aviación a escala global. La aviación es responsable de un 2 % de las emisiones mundiales.

Esta decisión está muy en línea con el Objetivo del Desarrollo Sostenible número 13: «Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos», uno de los 17 incluidos en la Agenda 2030 del Desarrollo Sostenible adoptada por la ONU en septiembre de 2015.

– Iniciativa «Objetivos Basados en la Ciencia», impulsada por los responsables de Carbon Disclosure Project (CDP), el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, el World Resources Institute (WRI —Instituto de Recursos Mundiales—) y WWF para desarrollar metodologías y herramientas para apoyar a las empresas a alinear la reducción de gases de efecto invernadero de sus corporaciones con el nivel de descarbonización requerido para limitar el aumento de la temperatura global por debajo de los 2 ºC. Más de 200 grandes compañías de todo el mundo forman parte de este proyecto.

– Entre las 10 tendencias de los negocios verdes para 2017, recogidas en el informe Estado de los negocios verdes 2017, se cuenta el aumento de la apuesta corporativa por las energías verdes y que los ODS se convierten en una estrategia empresarial. Los ODS están íntimamente ligados a la Agenda 2030 del Desarrollo Sostenible.

Qué hará Trump con el órdago lanzado durante su campaña por la Presidencia de sacar a EE. UU. del Acuerdo de París aún es una incógnita. Pero antes de dar un paso hacia la retirada deberá sopesar detenidamente las peticiones que le han hecho llegar numerosas empresas importantes de su país para que no abandone el pacto global, entre ellas, ExxonMobil, la mayor petrolera estadounidense. – Lograr los ODS, entre los que se cuenta luchar contra el cambio climático y sus efectos, podría generar 12 000 M$ en oportunidades de mercado en los cuatro sistemas económicos examinados en un informe de la Comisión de Comercio y Desarrollo Sostenible (BSDC, por sus siglas en inglés): alimentación y agricultura, ciudades, energía y materiales, y salud y bienestar.

Y podríamos seguir con más ejemplos…

No es un hecho insignificante que la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos haya eliminado de la descripción de su misión la palabra «ciencia», ni que su actual director dude de la conexión entre las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio climático. De igual modo, la orden ejecutiva firmada ayer es un varapalo a los progresos logrados en la batalla contra el cambio climático a escala global.

Pero el número de los que confiamos en las evidencias de la ciencia rigurosa y asumimos la responsabilidad que nos corresponde de trabajar por dejar a las generaciones futuras un mundo sano, sostenible y tan precioso como el que nos encontramos tampoco es despreciable. La lucha contra el cambio climático es un proceso irreversible —así lo recogieron en la Declaración de Marrakech acordada con motivo de la COP22 del pasado diciembre los representantes de los cerca de 200 países que asistieron a la cumbre— por el que todo esfuerzo realizado merecerá la pena.

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