Nueva tecnología y etiquetas ambientales en los productos alimenticios contribuirían a reducir la huella ambiental de los alimentos

Los alimentos son producidos y procesados por millones de agricultores e intermediarios en todo el mundo, actividad que tiene asociados importantes costes ambientales. Dada la heterogeneidad de los productores, ¿cuál es la mejor manera de reducir los impactos ambientales de los alimentos? Una investigación de la Universidad de Oxford y Agroscope aboga por el uso de nueva tecnología que proporcione recomendaciones sobre cómo reducir estos impactos y aumentar la productividad a los productores y etiquetas ambientales en los productos que adquirimos para mantener informados a los consumidores, en combinación con impuestos y ayudas a la producción sostenible.

 

Las judías, guisantes y otras proteínas de origen vegetal fabricadas mediante procesos de bajo impacto ambiental pueden generar solo 0,3 kg de CO2e (incluidos todos las fases de procesamiento, envasado y transporte) y utilizan solo 1 m2 de tierra por cada 100 g de proteína.La revista Science recoge en sus páginas las conclusiones de Reducing food’s environmental impacts through producers and consumers (Reducir los impactos ambientales de los alimentos a través de productores y consumidores), estudio desarrollado por Joseph Poore, del Departamento de Zoología y la Escuela de Geografía y Medio Ambiente de la Universidad de Oxford (Reino Unido), y Thomas Necemk, del centro suizo para la excelencia en la investigación sobre agroecología Agroscope. Se trata del estudio más amplio sobre este asunto, que no solo considera las emisiones de efecto invernadero que genera la producción de alimentos, sino también otros cuatro indicadores: uso del suelo, consumo de agua, acidificación y eutrofización (proceso natural en ecosistemas acuáticos, especialmente en lagos, caracterizado por un aumento en la concentración de nutrientes como nitratos y fosfatos, con los consiguientes cambios en la composición de la comunidad de seres vivos).

La información ofrecida está basada en un metaanálisis que compara varios tipos de sistemas de producción de alimentos de 38 700 granjas y 1600 procesadores, tipos de envasado y minoristas. Esta información les ha ayudado a evaluar cómo las diferentes prácticas de producción y lugares donde se llevan a cabo representan diferentes impactos ambientales en 40 alimentos principales. Y, a su vez, puede servirnos de orientación para que, como consumidores, hagamos que nuestras cestas de la compra sean más respetuosas con el medioambiente.

Una de las grandes diferencias en el impacto ambiental entre los productores del mismo artículo es el caso de los fabricantes de carne de ternera. La práctica con mayores afecciones sobre el medioambiente genera 105 kg de CO2e y utiliza 370 m2 de tierra por cada 100 g de proteína. Estas cifras representan un impacto entre 12 y 50 veces mayor que el de los productores de carne de ternera más sostenibles.

Otro ejemplo ilustrativo: las judías, guisantes y otras proteínas de origen vegetal fabricadas mediante procesos de bajo impacto ambiental pueden generar solo 0,3 kg de CO2e (incluidos todos las fases de procesamiento, envasado y transporte) y utilizan solo 1 m2 de tierra por cada 100 g de proteína.

Por su parte, la acuicultura, que se supone que tiene emisiones relativamente bajas, puede emitir más metano y crear más gases de efecto invernadero que las vacas. Una pinta de cerveza puede generar 3 veces más emisiones y usar 4 veces más tierra que otra.

«Dos productos que se ven iguales en las tiendas pueden tener impactos extremadamente diferentes en el planeta. Actualmente, esto no lo sabemos cuando tomamos decisiones sobre qué comer. Además, esta variabilidad no se refleja completamente en las estrategias y políticas destinadas a reducir los impactos de los agricultores», explica Joseph Poore.

«La agricultura se caracteriza por la existencia de millones de productores diversos. Esta diversidad crea variaciones en el impacto ambiental. También hace que sea difícil encontrar soluciones a estos problemas ambientales. Un enfoque para reducir los impactos ambientales o mejorar la productividad que sea efectivo para un productor puede ser ineficaz o crear compensaciones para otro. Se trata de un sector en el que se requieren muchas soluciones diferentes para numerosos millones de productores distintos».

Impactos ambientales de productos ricos en proteínas y leche

Los gráficos de la imagen muestran los impactos ambientales de 9 animales y 6 productos vegetales de una muestra de ~ 9,000 granjas en todo el mundo. Los resultados de otros 25 productos alimenticios que abarcan ~ 30,000 granjas, así como los resultados para el uso del agua se proporcionan en el estudio.

Imagen: Universidad de Oxford.

Los gráficos de la imagen muestran los impactos ambientales de 9 animales y 6 productos vegetales de una muestra de ~ 9,000 granjas en todo el mundo. Los resultados de otros 25 productos alimenticios que abarcan ~ 30,000 granjas, así como los resultados para el uso del agua se proporcionan en el estudio.

Para los productores, los investigadores presentan evidencia a favor del uso de nueva tecnología. Esta tecnología funciona en dispositivos móviles mediante la toma de información sobre variables de entrada y salida, clima y suelo para cuantificar los impactos ambientales y proporciona recomendaciones sobre cómo reducir estos impactos y aumentar la productividad.

Sin embargo, los productores tienen límites sobre hasta dónde pueden reducir sus impactos. Específicamente, los investigadores han identificado que la variabilidad en el sistema alimentario no se puede traducir en productos animales con impactos menores que los equivalentes vegetales. Por ejemplo, un litro de leche de vaca de bajo impacto utiliza casi dos veces más tierra y genera casi el doble de emisiones que un litro promedio de leche de soja.

Las dietas libres de productos animales, por lo tanto, ofrecen mayores beneficios medioambientales que la compra de carne o lácteos sostenibles.

Además, sin mayores cambios en la tecnología que se dirijan desproporcionadamente a los productos de origen animal, los investigadores muestran que las dietas libres de productos animales probablemente brinden mayores beneficios ambientales que las prácticas de producción cambiantes, tanto hoy como en el futuro.

En concreto, las dietas basadas en alimentos vegetales reducen las emisiones de alimentos hasta en un 73 %, en función de dónde se viva. Esta reducción no se produce solo en las emisiones de gases de efecto invernadero, sino también en las emisiones acidificantes y eutrofizantes que degradan los ecosistemas terrestres y acuáticos. Las extracciones de agua dulce también disminuyen en un cuarto. Tal vez lo más sorprendente es que requeriríamos aproximadamente 3100 millones de hectáreas (un 76 %) menos de tierras de cultivo. «Esto aliviaría la presión de los bosques tropicales del mundo y devolvería tierra a la naturaleza», explica Poore.

Los investigadores muestran que podemos aprovechar los impactos ambientales variables para acceder a un segundo escenario. Por ejemplo, al disminuir el consumo de productos discrecionales (aceites, alcohol, azúcar y estimulantes) en un 20 % al evitar productores de alto impacto, se recortan las emisiones de GEI de estos productos en un 43 %.

Esto crea un efecto multiplicador, donde pequeños cambios de comportamiento tienen grandes consecuencias para el medioambiente. Sin embargo, este escenario requiere comunicar los impactos ambientales del productor (no solo del producto) a los consumidores. Esto podría lograrse mediante etiquetas ambientales en los artículos que consumimos, en combinación con impuestos y subsidios.

«Necesitamos encontrar formas de cambiar ligeramente las condiciones de manera que sea mejor para los productores y consumidores actuar a favor del medioambiente», destaca Poore. «Las etiquetas medioambientales y los incentivos financieros respaldarían un consumo más sostenible, al tiempo que crearían un ciclo positivo: los agricultores necesitarían monitorear sus impactos, alentando una mejor toma de decisiones; y comunicar sus impactos a los proveedores fomentando un mejor abastecimiento», sigue el investigador.

De manera acumulativa, «nuestros hallazgos respaldan un enfoque en el que los productores monitoreen sus propios impactos, cumplan de manera flexible los objetivos ambientales al elegir múltiples prácticas y comuniquen sus impactos a los consumidores», defiende el análisis.

Fuente: Universidad de Oxford, Science.

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