Nuestros océanos: nuestro futuro. Pon de tu parte para salvarlos

«Nuestros océanos, nuestro futuro» es el lema escogido este 2017 para celebrar el Día Mundial de los Océanos, un futuro por el que debemos velar, por lo que desde Naciones Unidas se ha emprendido una campaña global bajo el eslogan ¡salvemos los océanos! (#salvemoslosocéanos). Mediante el uso de este consigna y su etiqueta, se persigue llamar la atención sobre la necesidad de dedicar tiempo y acciones a transmitir la urgencia de proteger nuestros mares de la contaminación, la pesca excesiva y los efectos del cambio climático.

 Imágenes: Afroz Shah, Cleanup Ocean y ONU.

La presión humana, que incluye la sobreexplotación pesquera —casi un 70 % de las poblaciones mundiales de peces están explotadas a su máximo potencial, sometidas a pesca excesiva o gravemente mermadas— y la pesca ilegal, desconocida o sin regular, así como las prácticas insostenibles en la acuicultura, la polución marina, la destrucción de hábitats —alrededor de un 20 % de los arrecifes de coral del planeta han sido destruidos—, las especies invasivas, el cambio climático y la acidificación están causando un grave daño a los océanos y los mares.

Estas tres causas están perjudicando gravemente la salud de los océanos, lo que pone en riesgo a su vez nuestra propia existencia. Cada minuto, el mundo vierte el equivalente a un camión de plástico en los océanos, algo que debería hacernos pensar detenidamente acerca de qué podemos hacer con el fin de ayudar a parar este despropósito. Con pequeños cambios de hábitos como dejar de beber agua embotellada o de usar vasos y cubiertos desechables, por ejemplo, podemos lograr una gran mejora en la conservación de los océanos.

«Los océanos cubren alrededor de dos tercios de la superficie de la tierra y son el verdadero pilar de la vida. Generan la mayor parte del oxígeno que respiramos, absorben una gran cantidad de las emisiones de carbono, ofrecen comida y nutrientes, regulan el clima y son económicamente importantes para los países que confían en el turismo, la pesca y otros recursos marinos para sus ingresos. Además, son la espina dorsal del comercio», nos recuerdan desde Naciones Unidas.

Desafortunadamente, la presión humana, que incluye la sobreexplotación pesquera —casi un 70 % de las poblaciones mundiales de peces están explotadas a su máximo potencial, sometidas a pesca excesiva o gravemente mermadas— y la pesca ilegal, desconocida o sin regular, así como las prácticas insostenibles en la acuicultura, la polución marina, la destrucción de hábitats —alrededor de un 20 % de los arrecifes de coral del planeta han sido destruidos—, las especies invasivas, el cambio climático y la acidificación están causando un grave daño a los océanos y los mares. Un 40 % de las masas oceánicas del planeta están afectadas por la actividad humana.

Adicionalmente, la paz y la seguridad son también críticas para el pleno disfrute de los beneficios que pueden derivarse de los océanos y el desarrollo sostenible. Tal y como ha señalado Antonio Guterres, secretario general de la ONU, durante su intervención en la Conferencia de los Océanos que se desarrolla esta semana en Nueva York (Estados Unidos): «No habrá desarrollo sin seguridad ni seguridad sin desarrollo».

Ciudadanos, empresas y gobiernos, ejemplos inspiradores para salvar nuestros mares

Pero hay soluciones que podemos emprender a título individual y también desde nuestras empresas, así como desde los gobiernos. Un ejemplo inspirador llevado a cabo por un ciudadano es el de Afroz Shah, abogado indio amante del océano que decidió un buen día de octubre de 2015 empezar a limpiar junto a su vecino Harbansh Mathur —ya fallecido a los 85 años— la playa de Versova en Bombai. Por entonces, esta era una de las playas más contaminadas no solo de India, sino también del planeta, y el efecto contagio que desencadenó su decisión altruista ha logrado que hoy por hoy sea una de las más bellas y limpias. Shah recibió el Premio Campeones de la Tierra 2016 por parte de la ONU por su gran hazaña.

Algunos ejemplos del papel de los organismos públicos son la participación en la campaña #cleanocean o los compromisos que los Estados miembros de la ONU han establecido en Nueva York para aumentar la cobertura de áreas protegidas marinas, reducir o prohibir las bolsas de plástico y los microplásticos, mejorar la gestión integrada de las zonas costeras, mejorar el control de la contaminación y minimizar y abordar adecuadamente la acidificación de los océanos. Sobre este último aspecto, la implementación del Acuerdo de París sobre cambio climático cobra especial importancia, ya que impulsa estrategias locales de adaptación y subraya el papel de las áreas marinas protegidas para la restauración y resiliencia de los ecosistemas.

Otra vía de contribución a eliminar del mapa de nuestros mares la contaminación y ralentizar el avance del cambio climático es la de las alianzas y colaboraciones con terceras partes, tanto públicas como privadas. Un ejemplo de esto último es la iniciativa puesta en marcha por Boyan Slat, un joven ingeniero aeroespacial holandés, que ideó mientras aún era estudiante universitario una innovación tecnológica llamada Ocean Cleanup, con la que aspira a limpiar los océanos de plásticos a gran escala. En ella colaboran como socios más generosos el Gobierno de Holanda y las empresas AzkoNobel y Boskalis, además de numerosos socios y proveedores oficiales, académicos y ciudadanos, que han puesto su granito de arena mediante crowdfunding. El dinero recaudado hasta ahora se destinará a las primeras fases de su proyecto a elaborar un mapa de residuos del océano Pacífico —30 barcos ya han empezado a navegar sus aguas— y el inicio de la implementación del sistema de limpieza está previsto para 2018. El sistema empleará barreras que atraparán el plástico atraído por las corrientes.

Si consumes pescado, cerciórate de que su procedencia es de empresas cuyas prácticas de pesca son sostenibles; engánchate a la movilidad sostenible para frenar la acidificación de los océanos —estos absorben un 25 % de las emisiones de CO2 provocadas por el hombre, lo que se traduce en mayores niveles de acidificación en sus aguas—; evita comprar productos que contengan envases de plásticos o microplásticos como polipropileno, polietileno, tereftalato de polietileno o polimetil metacrilato (muy complicados de recuperar por su tamaño tan pequeño y un gran peligro para las especies animales que los ingieren) y colabora con amigos, familia, campañas, movimientos, asociaciones, entidades… que promuevan cambios a la escala que sea que contribuyan a que entre todos #salvemoslosocéanos.

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