¿No ocupación neta del suelo para 2050?

Un reciente documento publicado por Science for Environment aborda de qué manera se puede detener, evitar, reducir o compensar la ocupación del suelo en la Unión Europea como consecuencia del desarrollo de la infraestructura urbana. El objetivo de ello es frenar el deterioro y pérdida de los servicios ambientales clave para la supervivencia y el bienestar de los ciudadanos.

 

No net land take by 2050? (¿No ocupación neta del suelo para 2050?) es un documento publicado por los expertos de la Comisión Europea que aborda de qué manera se puede detener, evitar, reducir o compensar la ocupación del suelo en la Unión Europea como consecuencia del desarrollo de la infraestructura urbana.Según No net land take by 2050? (¿No ocupación neta del suelo para 2050?), cada año, cerca de 1000 km2 de tierra agrícola o natural desaparecen en la UE para convertirse en áreas artificiales. Sin embargo, el conjunto de datos empleado para calcular esta cifra, CORINE Land Cover (CLC), subestima el área correspondiente al tejido urbano.

La tierra y el suelo son recursos naturales limitados. La tierra puede definirse como el sistema bioproductivo terrestre que comprende el suelo, la vegetación, otras biotas y los procesos ecológicos e hidrológicos que se desarrollan dentro del sistema (según el artículo 1e de la Convención Marco de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD, por sus siglas en inglés).

Es fundamental para el suministro de alimentos y materias primas, para la protección de la biodiversidad y el almacenamiento de las emisiones de carbono, así como para filtrar contaminantes, el reciclado del agua y para albergar el desarrollo humano y la infraestructura. Si se utiliza de manera eficiente, podrá seguir proporcionando estas funciones y servicios de los ecosistemas clave en un futuro.

Sin embargo, la demanda de suelo urbanizado sigue aumentando, lo que es consecuencia de los nuevos estilos de vida que requieren más espacio per cápita y de la competencia existente entre los municipios para atraer nuevos desarrollos y los supuestos ingresos correspondientes.

El suelo es también uno de los principales recursos naturales y ofrece varios servicios de los ecosistemas esenciales para el ser humano como el ciclo de los nutrientes, la purificación del agua, la mitigación de inundaciones y la regulación climática, así como combustible, alimento y bebida.

En la actualidad, la información acerca de la pedogénesis (formación del suelo) es más bien escasa. De hecho, el principal reto al que se enfrentan los pedólogos es la capacidad para describir la complejidad completa del sistema del suelo. En la formación del suelo, operan diferentes procesos a muy diferentes escalas de tiempo, que van desde milisegundos (por ejemplo, los procesos de transporte) a miles de años (por ejemplo, el capeado), por lo que es un proceso extremadamente complejo. Sin embargo, hay algunos modelos recientes que están empezando a simular tales procesos. Un caso es el modelo SoilGen, que calcula la evolución del suelo a través de una escala temporal multimilenaria, de hasta 15 000 años.

Un ejercicio de simulación realizado por el Joint Research Centre (JRC) muestra que, con el fin de alcanzar la no ocupación neta del suelo en el año 2050, la media de suelo consumido para el año 2020 debería ser de aproximadamente 1,6 m2 per cápita por año. Esta cifra es inferior a la aportada por otros dos escenarios: un primer escenario de referencia derivado de las tendencias demográficas y económicas, y el escenario de crecimiento lineal, consecuencia de la extrapolación de tendencias previas sobre el uso del suelo. La media del aumento en el consumo de tierra por habitante comunitario estimada para estos dos escenarios es de 2,2 m2 y 1,9 m2 per cápita, respectivamente.

Por otra parte, las tendencias en la intensidad del uso del suelo varían entre los Estados miembros, lo que sugiere una evaluación detallada a escala nacional acerca de lo que es necesario para contribuir al objetivo comunitario en esta materia.

Al proponer sus propios objetivos nacionales, los Estados miembros pueden decidir qué contribución pueden llevar a cabo de manera que esté en línea con su nivel de desarrollo. Por ejemplo, los autores de un estudio de Apoyo a los objetivos potenciales en materia de tierra y suelo recogidos en la Comunicación sobre la Tierra (Van Long et al., 2014) proponen un marco de indicadores e relevantes e investigación futura que podrían facilitar el establecimiento de objetivos futuros.

Por ejemplo, recomiendan el uso de indicadores basados en una versión revisada de los conjuntos de datos empleados por el CLC. Su precisión ha sido mejorada mediante la inclusión de datos de mayor resolución tales como la distribución espacial de áreas selladas artificialmente. Y aconsejan probar la viabilidad de la proliferación urbana ponderada para los diferentes tipos de ciudades de la UE siguiendo el ejemplo de Suiza. Para contribuir al reciclaje de la tierra, recomiendan la introducción de un requisito en los Estados miembros consistente en establecer un sistema para registrar y mantener información sobre la extensión de los terrenos abandonados en sus territorios.

Tanto la UE como otras uniones entre países podrían proporcionar una visión estratégica y orientación a sus Estados miembros, así como facilitar el intercambio de las mejores prácticas. Asimismo, los gobiernos regionales y locales también puede determinar objetivos más específicos. Por ejemplo, la reducción de la ocupación del suelo en un porcentaje determinado durante un periodo de tiempo concreto; el establecimiento de una densidad mínima de utilización para los nuevos desarrollos; y el establecimiento de límites para el sellado del suelo.

Según los autores de No net land take by 2050? (¿Sin ocupación neta del suelo para 2050?), investigadores del proyecto CircUse, financiado por la UE, advierten que el desarrollo expansivo debilitará nuestra capacidad para hacer frente al cambio climático, al cambio demográfico, el pico del suelo, el pico del petróleo y los crecientes costes de la infraestructura. Ante este escenario, recomiendan un cambio de filosofía en la forma en que utilizamos la tierra, expresado en tres acciones: evitar, reciclar y compensar.

 

El desarrollo expansivo debilitará nuestra capacidad para hacer frente al cambio climático, al cambio demográfico, el pico del suelo, el pico del petróleo y los crecientes costes de la infraestructura. Ante este escenario, recomiendan un cambio de filosofía en la forma en que utilizamos la tierra, expresado en tres acciones: evitar, reciclar y compensar.

 

Fuente: Science for Environment.

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