Las empresas europeas representan un tercio del mercado global de soluciones de protección ambiental

La economía de la UE depende en gran medida del medioambiente. Según cifras de 2013, las empresas de la economía verde o de la ecoindustria emplean a más de 4,2 millones de personas, con una facturación superior a 700 000 millones de euros. En la actualidad, las empresas europeas representan alrededor de un tercio del mercado global de soluciones de protección ambiental.

 

Los empleos verdes no solo incluyen aquellos pertenecientes al sector ecoindustrial. La agricultura ecológica, la agricultura sostenible y el ecoturismo dependen de un medioambiente saludable y muchos otros trabajos se ven afectados indirectamente. Por ejemplo, la fabricación de alimentos depende de la capacidad de la tierra para producir cultivos de buena calidad.

El sector de bienes y servicios ambientales contribuye a gestionar la contaminación y los recursos naturales, actividades entre las que se cuentan la gestión de residuos, la contaminación atmosférica, el control y la limpieza del suelo, el reciclaje, la energía renovable y el suministro de agua, entre otros.

Por su parte, los empleos verdes no solo incluyen aquellos pertenecientes al sector ecoindustrial. La agricultura ecológica, la agricultura sostenible y el ecoturismo dependen de un medioambiente saludable y muchos otros trabajos se ven afectados indirectamente. Por ejemplo, la fabricación de alimentos depende de la capacidad de la tierra para producir cultivos de buena calidad.

El último informe sobre el Medio ambiente en Europa: Estado y perspectivas 2015 (State and Outlook Environment Report, SOER 2015) identificó que entre 2000 y 2010, durante el periodo de crisis más abrupta de los últimos 100 años, las industrias verdes europeas siguieron floreciendo. De hecho, crecieron un 50 %, con una tasa media anual de incremento de un 7 %.

En la actualidad, las empresas europeas representan alrededor de un tercio del mercado global de soluciones de protección ambiental. Así las cosas y teniendo en cuenta la previsión de que el mercado mundial de tecnologías limpias se duplique para 2020, mantener dicha participación significará para Europa la creación de numerosos nuevos puestos de trabajo.

A pesar de los enormes progresos realizados en todo el viejo continente en materia de tecnología verde y empleo, siguen existiendo importantes disparidades entre los Estados miembros. Por ejemplo, en 2014 las empresas danesas empleaban a casi 300 000 personas en empleos verdes, lo que representaba un 11 % de la plantilla total. Sin embargo, otros Estados miembros presentan una proporción mucho menor.

Esto es así porque las capacidades necesarias para reverdecer la economía son precarias en muchos países. En estos casos, es necesario que los trabajadores adopten nuevos roles y que los tradicionales sean actualizados, desde ingenieros que diseñen materiales innovadores a electricistas que instalen paneles solares.

Las políticas de capacitación y educación pueden promover estas destrezas para maximizar las oportunidades en sectores respetuosos con el medioambiente y eficientes en materia de recursos. Dado que las empresas disponen del personal que necesitan para crecer, el empleo de alta, mediana y baja capacitación puede crecer con ellos.

Según el estudio Macroeconomic modelling of sustainable development and the links between the economy and the environment de 2011 (Modelización macroeconómica del desarrollo sostenible y los vínculos entre la economía y el medioambiente), cada vez que disminuye un 1 % la utilización de recursos de Europa, su valor asciende a unos 23 000 M€ para las empresas y podría dar lugar a entre100 000 y 200 000 nuevos puestos de trabajo. Por ello, desde una perspectiva realista, Europa puede recortar los recursos que utiliza en la economía de la UE en alrededor de una sexta parte, lo que se traduciría en un aumento del PIB de un 3,3 % y crear entre 1,4 y 2,8 millones de nuevos puestos de trabajo.

El empleo verde está creciendo, por lo que una mayor integración de las preocupaciones medioambientales y climáticas en las políticas energéticas y de formación podría impulsar aún más dicho empuje, al tiempo que contribuye a proteger nuestro mundo.

Fuente: Comisión Europea.

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