Las áreas protegidas deben articular mejor los enormes beneficios que proporcionan para atraer nuevas inversiones y garantizar su conservación

Las áreas protegidas (AP) como los Parques Nacionales y los sitios declarados Patrimonio de la Humanidad son «cada vez más vulnerables» a las presiones financieras y ambientales, según un reciente informe de la Smith School of Enterprise and Environment de la Universidad de Oxford. El documento defiende que las AP necesitan articular mejor el valor económico que aportan con el fin de atraer nuevas inversiones.

 

Las áreas protegidas (AP) como los Parques Nacionales y los sitios declarados Patrimonio de la Humanidad son «cada vez más vulnerables» a las presiones financieras y ambientales, según un reciente informe de la Smith School of Enterprise and Environment de la Universidad de Oxford. A Framework for Protected Area Asset Management (Un marco para la gestión de activos de las áreas protegidas) es el título de un informe elaborado por el Instituto Luc Hoffman, centro independiente de investigación de WWF, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el Centro de Monitoreo de la Conservación Mundial (UNEP-WCMC) y la Sociedad de Zoología de Londres (ZSL, por sus siglas en inglés), en el que se detalla cómo las AP ofrecen una amplia gama de beneficios económicos, ambientales y sociales, pero corren el riesgo de ser entendidas como obstáculos en el camino del desarrollo humano porque las limitaciones de recursos comienzan a ser evidentes.

El estudio advierte que algunos países ya están relajando sus compromisos con las AP mediante la reducción de su número, de su tamaño y a través de su derogación —proceso conocido como PADDD (protected areas downgrading, downsizing and degazzement), el proceso legal mediante el que los parques nacionales y reservas naturales se vuelven más débiles, más pequeños o se eliminan por completo—.

Ben Caldecott, director del proyecto de la Smith School of Enterprise and Environment, explica que es crítico que se desarrollen nuevas fuentes de financiación para que las AP continúen realizando su función fundamental de proporcionar la gran variedad de servicios de los ecosistemas que aportan.

«Para que las áreas protegidas tengan éxito necesitan atraer nuevos públicos, filántropos e inversión privada», según Caldecott. «Los presupuestos existentes son insuficientes, sobre todo en el contexto de los nuevos y emergentes riesgos que enfrentan, desde el cambio climático hasta el desarrollo de infraestructuras».

Así, el informe presenta un nuevo marco diseñado para ayudar a los administradores de áreas protegidas a dirigir mejor los fondos existentes, así como a atraer nuevas financiaciones. Asimismo, el estudio incluye un plan estructurado en tres puntos clave centrados en detallar cómo los administradores tienen que:

– poner en valor los enormes beneficios que proporcionan las AP de manera significativa para los ciudadanos, los políticos y los mercados en un mundo que cambia rápidamente,

– entender mejor los diferentes tipos de valor generados por las áreas protegidas de modo que permitan mejorar la gestión de riesgos,

– y atraer nuevas inversiones en las áreas protegidas de fuentes de financiación nuevas y antiguas.

El documento pone de relieve cómo las AP ofrecen multitud de beneficios, tanto económicos como empresariales, críticos para sectores como el turismo, la pesca y las industrias agrícolas, al tiempo que proporcionan numerosos servicios ecosistémicos que son fundamentales como la reducción de los riesgos frente a las inundaciones, el aumento de la biodiversidad, así como otros de ámbito recreacional y cultural que son difíciles de cuantificar, pero cruciales para el rendimiento económico.

Para Caldecott, «es vital que las AP evalúen mejor el valor de sus activos. Las sociedades han invertido en la protección de los bienes naturales durante siglos. Nuestro nuevo marco de activos permitirá la evaluación y cartografía de los diferentes tipos de activos de las áreas protegidas, las distintas formas de valor, quién captura el valor y los factores de riesgo de estos activos». Dicho marco también representa una herramienta heurística que puede ayudar a apuntalar nuevas inversiones en áreas protegidas».

Cabe recordar que las áreas protegidas representan, el mayor cambio consciente del uso del suelo en la historia. La superficie total mundial con algún tipo de protección se triplicó entre 1985 y 2000 y ahora representa el 12,5 % (Watson et al, 2014). Un aspecto clave destacado durante el Congreso Mundial de Parques de 2014 se centró en de qué manera se podría cumplir la Meta 11 de Aichi: lograr que en el año 2020 la superficie protegida a escala mundial se eleve a un 17 % (a un 10 % en el caso de las áreas marinas) y, en relación con esto, cómo garantizar la gobernabilidad adecuada y la gestión eficaz de la ampliación de la superficie mundial de PA.

 

El estudio advierte que algunos países ya están relajando sus compromisos con las AP mediante la reducción de su número, de su tamaño y a través  de su derogación —proceso conocido como PADDD (protected areas downgrading, downsizing and degazzement), el proceso legal mediante el que los parques nacionales y reservas naturales se vuelven más débiles, más pequeños o se eliminan por completo—.

 

Fuente: Business Green, Smith School of Enterprise and Environment.

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