La sequía extrema multiplica por 10 el riesgo de pérdidas por impagos de las carteras de préstamos bancarios

La sequía y la desertificación no son solo problemas «ambientales», sino que también tienen graves consecuencias económicas para las instituciones financieras. Así lo deja patente una prueba de estrés por sequía realizada a las principales instituciones financieras de Brasil, China, México y Estados Unidos.

 

Para las carteras más expuestas, las sequías extremas podrían aumentar 10 veces las pérdidas por impagos. A medida que el calentamiento global aumenta, se prevé que las precipitaciones disminuyan en muchas partes del mundo. Se estima que el incremento de la temperatura del planeta tendrá graves repercusiones para los agricultores, las centrales hidroeléctricas y otros usuarios del agua, con efectos significativos en las empresas y, por lo tanto, para las carteras de préstamos de los bancos.

El potencial de pérdidas es enorme, según un análisis llevado a cabo por la Natural Capital Finance Alliance (NCFC —Alianza Financiera del Capital Natural—), en colaboración con GIZ (Agencia de Cooperación al Desarrollo de Alemania) y los expertos en modelación global de RMS. El estudio Drought Stress Testing – Making Financial Institutions more Resilient to Environmental Risks (Pruebas de estrés por sequía – Hacer que las instituciones financieras sean más resistentes a los riesgos ambientales) refleja los resultados obtenidos mediante una herramienta de prueba de estrés contra la sequía en carteras de entidades bancarias de Brasil, China, México y Estados Unidos.

Las conclusiones revelan que, si bien un amplio abanico de sectores corporativos se ven afectados de manera diferente dependiendo del escenario que se presente, la sequía tiene el potencial de plantear un riesgo financiero sistémico a las instituciones financieras.

Para las carteras más expuestas, las sequías extremas podrían aumentar 10 veces las pérdidas por impagos. Incluso en escenarios de sequía menos extremos, la mayoría de las empresas de las carteras analizadas ven disminuir su calificación crediticia.

Los sectores más afectados son el abastecimiento de agua y la agricultura. En países como Brasil, que dependen de la hidroelectricidad, la sequía también puede tener un enorme impacto en la generación de energía. Otros sectores dependientes del agua como la producción de alimentos y bebidas, también pueden sufrir consecuencias negativas derivadas de la escasez de agua. En este sentido, el informe también subraya que los sectores que son menos dependientes del agua, pero muy sensibles a la fortaleza económica general, como el de refino de petróleo, también se ven afectados por los efectos económicos de la sequía.

La sequía y la desertificación son a menudo causadas por la degradación del capital natural. Por ejemplo, en la cuenca del Amazonas, los árboles generan gran parte de la lluvia que alimenta la despensa agrícola del sur de Brasil y la Cuenca de La Plata. Se espera que la deforestación aumente la sequía, lo que a su vez puede impulsar la degradación de los bosques.

La herramienta de prueba de estrés por sequía revela que la sequía y la desertificación no son solo problemas «ambientales», sino que también tienen graves consecuencias económicas para las instituciones financieras más grandes del mundo. Ante este panorama, es en el interés financiero primario de los bancos que dirijan capital hacia inversiones que favorezcan la protección de los recursos hídricos y preserven capital natural crítico como los bosques y los humedales.

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Según el análisis, la sequía tiene el potencial de plantear un riesgo financiero sistémico a las instituciones financieras.

 

Fuente: NCFA.

 

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