La liberación de carbono por parte de los suelos terrestres puede intensificar el cambio climático

Quantifying global soil carbon losses in response to warming (Cuantificación de las pérdidas mundiales de carbono del suelo en respuesta al calentamiento) es un artículo recientemente publicado en la revista Nature que muestra la relación entre la liberación de carbono por parte de los suelos terrestres y la aceleración del cambio climático.

Imagen: Jonathon Monk (Freeimages).

El incremento de la temperatura de la tierra en 1 ºC puede provocar que los suelos liberen de dos a tres veces el carbono emitido en un año por las actividades humanas, según los autores de este análisis. Estos datos resultan cuando menos preocupantes, si tenemos en cuenta que el Acuerdo de París fijaba como objetivo que el aumento no supere los 2 ºC en 2100.

La investigación, en la que han participado Marc Estiarte y Josep Peñuelas, investigadores del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), incide en que «la mayor parte del carbono terrestre se almacena en el suelo. Si el calentamiento antropogénico estimula la liberación de este carbono a la atmósfera, esto podría conducir a la generación de un calentamiento planetario adicional». O, dicho de otro modo, con el aumento de la temperatura de la tierra, los suelos podrían liberar más carbono hacia la atmósfera, fenómeno que se traduciría en un mayor aumento de la temperatura y, consecuentemente, intensificaría el cambio climático.

Tal y como avanza el resumen introductorio del artículo, «a pesar de la evidencia de que el calentamiento aumenta los flujos de carbono hacia y desde el suelo, el balance global neto entre estas respuestas sigue siendo incierto». En la investigación llevada a cabo sobre esta materia, se presenta «un análisis exhaustivo de los cambios inducidos por el calentamiento en las reservas de carbono del suelo, mediante el aporte de datos de 49 experimentos de campo localizados en América del Norte, Europa y Asia».

Analizados dichos casos, se halló que «los efectos del calentamiento dependen del tamaño de la reserva inicial de carbono del suelo, con pérdidas considerables en áreas de latitudes altas. Al extrapolar esta relación empírica a escala global, proporcionamos estimaciones de la sensibilidad del carbono del suelo al calentamiento que pueden ayudar a limitar las proyecciones del modelo del sistema terrestre. Nuestra relación empírica sugiere que las reservas mundiales de carbono del suelo en los horizontes superiores del suelo descenderán de 30 ± 30 petagramos de carbono (30 000 kg) a 203 ± 161 de petagramos de carbono (203 000 ± 161 000 kg) con 1 ºC de calentamiento, dependiendo de la velocidad a la que se produzcan los efectos del calentamiento».

Bajo la hipótesis conservadora, según los investigadores avanzan que el calentamiento de la tierra podría provocar la liberación de entr 55 ± 50 petagramos de carbono (entre 55 000 y 50 000 kg) en los horizontes superiores del suelo en 2050. «Este valor equivale a entre un 12 y un 17 % de las emisiones antropogénicas previstas durante este periodo», advierten.

Asimismo, apuntan que, «a pesar de la considerable incertidumbre en nuestras estimaciones, la dirección de la respuesta global del carbono del suelo es consistente en todos los escenarios. Esto proporciona un fuerte apoyo empírico a la idea de que el aumento de las temperaturas estimulará la liberación neta de carbono del suelo a la atmósfera, lo que generará una retroalimentación positiva del carbono y del clima terrestre que podría acelerar el cambio climático».

El incremento de la temperatura de la tierra en 1 ºC puede provocar que los suelos liberen de dos a tres veces el carbono emitido en un año por las actividades humanas, según los autores de este análisis. Estos datos resultan cuando menos preocupante, si tenemos en cuenta que el Acuerdo de París fijaba como objetivo que el aumento no supere los 2 ºC en 2100.

Otro de los hallazgos destacados es que los suelos de las regiones más frías son los más sensibles al aumento de la temperatura. Dado que estos suelen fríos y a menudo congelados, tal y como lo han estado durante siglos o incluso milenios, la actividad microbiana ha sido menor y los restos vegetales no se han descompuesto. Por ello, han liberado poco carbono a la atmósfera y han acumulado grandes reservas, tal y como puntualiza Marc Estiarte. Como estas regiones son las que más se calentarán, según indican los modelos, «puede liberarse una enorme cantidad de carbono a la atmósfera», añade.

En el artículo Temperature response of soil respiration largely unaltered with experimental warming (La respuesta de la temperatura de la respiración del suelo, en gran parte inalterada con el calentamiento experimental), publicado el pasado noviembre en Proceedings de la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos (PNAS, por su acrónimo en inglés) y en el que también colaboraron los científicos españoles Estiarte y Peñuelas, aporta argumentos acerca de por qué los suelos de las latitudes más altas son los más sensibles al cambio de la temperatura de la tierra.

Concretamente, el documento expone que «uno de los mayores desafíos para proyectar futuros cambios en el clima global es entender cómo cambiarán las tasas de respiración del suelo con el calentamiento. Múltiples estudios sobre el calentamiento experimental han explorado esta respuesta, pero no se ha llegado a un consenso. Basándonos en una síntesis global de 27 estudios sobre el calentamiento experimental que abarca nueve biomas, encontramos que aunque el calentamiento aumenta las tasas de respiración del suelo, hay evidencia limitada de una respuesta de respiración cambiante con calentamiento experimental. También observamos una caída universal de la sensibilidad a la temperatura de la respiración a temperaturas del suelo > 25 °C. En conjunto, nuestros datos indican que es probable que las tasas futuras de respiración sigan la función actual de respuesta a la temperatura, pero las latitudes más altas serán más sensibles a las temperaturas más cálidas».

Así, los investigadores hacen hincapié en que que la liberación de carbono por parte del suelo aumenta hasta que la temperatura del suelo alcanza los 25 ºC, y más allá de este umbral se van reduciendo las emisiones de carbono.

La temperatura de los suelos de regiones templadas y tropicales es más cercana a este límite, mientras que este no es el caso de los suelos boreales situados más al norte. Por tanto, estos últimos disponen de más recorrido para aumentar sus emisiones de carbono a la atmósfera. Esta condición sumada a las grandes reservas de carbono que albergan, convierte a los suelos árticos y subárticos en determinantes a la hora de realizar predicciones sobre el cambio climático.

Fuente: CREAF, Nature, PNAS.

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