La intensidad de las emisiones de CO2 de la economía mundial tendría que reducirse un 85 % en 35 años para lograr el objetivo de los 2 ºC

Perspectives for the energy transition: Investment needs for a low-carbon energy system (Perspectivas de la transición energética: Necesidades de inversión para un sistema energético bajo en carbono) es un informe conjunto de la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena, por su acrónimo en inglés) y la Agencia Internacional de la Energía (IEA) que analiza el potencial de la descarbonización del sector energético en los países del G20 y en todo el mundo. Los autores defienden que para disminuir las GEI del sector energético de manera que se logre mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2 ºC, la intensidad de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de la economía mundial tendría que reducirse en un 85 % en 35 años.

Imágenes: Irena.

Potencial primario de reducción de emisiones de CO2 por tecnología en el caso de referencia REmap, 2015-2050.

El capítulo 3 del estudio, dedicado a las «Perspectivas de la transición energética global: El papel de las energías renovables», destaca las conclusiones de los especialistas de Irena, quienes llaman la atención sobre el hecho de que alrededor de dos tercios de la descarbonización global del sector energético requiere una acción urgente a escala mundial.

Aproximadamente dos tercios de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI) se atribuyen al suministro y uso de combustibles fósiles para la generación de energía. Las emisiones de carbono deben reducirse más rápidamente de forma considerable para mitigar los efectos del cambio climático y cumplir con los objetivos climáticos establecidos en el Acuerdo de París.

Para disminuir las GEI del sector energético de manera que se logre mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2 ºC, la intensidad de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de la economía mundial tendría que reducirse en un 85 % en 35 años. Esto significa reducir las emisiones de CO2 del sector de la energía en un 2,6 % anual de media, o en 0, 6 gigatoneladas (Gt) al año en términos absolutos.

La hoja de ruta global de Irena para la transición energética requerida, conocida como REmap, determina la posibilidad que tienen los países y regiones del mundo de aumentar las energías renovables a fin de garantizar un futuro energético sostenible y bajo en carbono. Así, establece que la demanda de energía para 2050 podría ser aproximadamente la misma que en 2015, si se llevaran a cabo mejoras significativas en materia de eficiencia energética. El mix energético variaría sustancialmente, ya que la proporción de energías renovables en el suministro total de energía primaria alcanzaría los dos tercios en 2050.

Para que esto suceda, la tasa de crecimiento de las energías renovables —aunque ya es considerable— debe duplicarse. Las energías limpias representan actualmente cerca de una quinta parte del suministro total mundial de energía y representaron más de la mitad de todas las adiciones de capacidad global de generación de energía en el periodo comprendido entre 2012 y 2016.

Las energías renovables ya son rentables en muchas situaciones, los costes de la tecnología continúan cayendo, al tiempo que el potencial de las aplicaciones económicas crece. Así las cosas, los gobiernos deben crear un marco político propicio para impulsar la aceleración de la transición que incluya estabilidad a largo plazo de las inversiones privadas en energías renovables.

En este sentido, según los expertos autores del informe, deben abandonarse los subsidios que sustentan las industrias antiguas convencionales de energía a fin de nivelar el terreno de juego. El acceso a la energía moderna, la competencia leal y el desarrollo sostenible deben apoyar la formulación de políticas energéticas.

El análisis realizado en las páginas de este informe trata de dar respuesta a varias preguntas clave:

– ¿Cómo puede el sector energético lograr una transición hacia una economía descarbonizada, fiable y segura a un coste razonable?

– ¿Cuáles son las necesidades de inversión
asociadas a la transición del sector energético y cómo deben cambiar los patrones de inversión para alcanzar un sistema energético de bajas emisiones de carbono?

– ¿Cuáles son los cobeneficios para los objetivos de otras políticas energéticas resultantes de una transformación del sector energético?
– Suponiendo un suministro de bajo contenido de carbono oportuno y efectivo, cuál es la perspectiva de los activos bloqueados? ¿Cuál sería el impacto en los activos bloqueados si la acción se retrasa y la transición resulta más acusada?

– ¿Cómo afectan al apoyo a la descarbonización la tendencia de disminución
de los precios de la tecnología de las energías renovables y otras energías bajas en carbono, así como la aceleración de las ganancias en eficiencia?

– ¿Cómo puede la política acelerar este desarrollo?
– ¿Qué rol tienen la fijación de precios al carbono y la eliminación paulatina de los subsidios a los combustibles fósiles a la hora de asegurar una descarbonización rentable de los sistemas energéticos?

– ¿Cuáles es el papel que juegan las regulaciones más estrictas, un mejor diseño de mercado o los mayores precios del carbono para la transición del sector energético?

¿Cuál es el papel de la investigación, el desarrollo y la evidencia y cómo puede contribuir a la transición efectiva y eficiente del sector energético un despliegue temprano de una amplia gama de sistemas de tecnologías de la información?

Para dar solución a estas cuestiones, los analistas de Irena y la IEA han analizado por separado las necesidades de inversión de alternativas que impulsarían la puesta del mundo en camino de lograr una reducción significativa de las emisiones de GEI relacionadas con la energía hasta mediados de este siglo. Cada institución ha desarrollado una hipótesis básica que sería compatible con limitar el aumento de la temperatura media mundial a 2 °C en 2100 con una probabilidad de un 66 %, como una forma de avanzar en el objetivo más ambicioso de lograr un incremento de la temperatura planetaria «muy por debajo de los 2 ºC», tal y como establece el Acuerdo de París.

Ambos análisis parten de un mismo presupuesto de carbono para el sector energético. Pero los caminos para alcanzar el objetivo difieren: el análisis realizado por la IEA tiene como objetivo lograr la descarbonización del sector energético mediante un modelo tecnológicamente neutro en carbono que tiene en cuenta las circunstancias particulares de cada país.

Por su parte, el análisis de Irena traza una transición energética que destaca el potencial de la eficiencia energética y las fuentes de energía renovables a la hora de alcanzar el objetivo climático, al tiempo que también tiene en consideración al resto de tecnologías bajas en carbono.

Si bien los análisis de la IEA e IRENA se basan en diferentes enfoques, modelos y herramientas, ofrecen similitudes en resultados de alto nivel que apoyan la relevancia de adoptar un camino y marco hacia la transición oportuna del sector energético mundial.

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Para disminuir las GEI del sector energético de manera que se logre mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2 ºC, la intensidad de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de la economía mundial tendría que reducirse en un 85 % en 35 años. Esto significa reducir las emisiones de CO2 del sector de la energía en un 2,6 % anual de media, o en 0, 6 gigatoneladas (Gt) al año en términos absolutos.

 

Fuente: Irena.

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