La inestabilidad política y una gobernanza débil conducen a la pérdida de especies

Una investigación de big data sobre la biodiversidad mundial muestra que una gobernanza nacional ineficaz es un mejor indicador del declive de las especies que cualquier otra medida de «impacto antropogénico». Incluso las áreas protegidas marcan poca diferencia en materia de conservación en los países que luchan con la estabilidad sociopolítica.

 

Un estudio analiza los cambios en la vida silvestre mundial durante casi tres década. Sus hallazgos revelan que los bajos niveles de gobernanza nacional efectiva predicen mejor la disminución en el número de especies que el crecimiento económico, el cambio climático o incluso los aumentos en la población humana. Un estudio en el que han participado expertos de distintas instituciones, liderados por Tatsuya Amano, del grupo de Ciencia de la Conservación del Departamento de Zoología de la Universidad de Cambridge, analiza los cambios en la vida silvestre mundial durante casi tres década. Sus hallazgos revelan que los bajos niveles de gobernanza nacional efectiva predicen mejor la disminución en el número de especies que el crecimiento económico, el cambio climático o incluso los aumentos en la población humana.

Las conclusiones de esta investigación han sido publicadas en Nature con el título Successful conservation of global waterbird populations depends on effective governance (La conservación exitosa de las poblaciones mundiales de aves acuáticas depende de una gobernanza efectiva).

Los científicos explican que las áreas de conservación protegidas mantienen la diversidad de la vida silvestre, pero solo cuando están situadas en países que son razonablemente estables desde un punto de vista político y disfrutan de sólidas estructuras legales y sociales.

Este trabajo ha analizado el destino de las especies de aves acuáticas desde 1990 como un referente de las tendencias de la biodiversidad, ya que sus hábitats de humedales se encuentran entre los más diversos y en mayor peligro de la Tierra.

El equipo internacional de científicos y expertos en conservación dirigido por la Universidad de Cambridge analizó más de 2,4 millones de registros anuales de 461 especies de aves acuáticas en casi 26 000 sitios diferentes de todo el mundo.

Para ello, utilizaron este conjunto de big data para modelar cambios de especies localizadas en naciones y regiones. Los resultados se compararon con los Indicadores Mundiales de Gobernabilidad (WGI, por sus siglas en inglés), que miden todo, desde las tasas de violencia y el estado de derecho hasta la corrupción política, así como datos como el producto interno bruto (PIB) y el desempeño de la conservación.

El equipo descubrió que el declive de las aves acuáticas era mayor en las regiones del mundo donde la gobernanza es, de media, menos efectiva: como Asia Occidental y Central, América del Sur y el África Subsahariana.

Las cuotas globales de especies más saludables se observaron en Europa Continental, aunque incluso en este caso se detectó que los niveles de especies clave están descendiendo.

Esta investigación es la primera que identifica la eficacia de la gobernanza nacional y los niveles de estabilidad sociopolítica como los indicadores más importantes de la biodiversidad y la pérdida de especies a escala global.

«Aunque la cobertura global de las áreas protegidas continúa aumentando, nuestros hallazgos sugieren que una gobernanza ineficaz podría socavar los beneficios de estos esfuerzos de conservación de la biodiversidad«, explica el doctor Tatsuya Amano. «Ahora sabemos que la gobernabilidad y la estabilidad política son una consideración vital cuando se desarrollan políticas y prácticas ambientales futuras».

La falta de datos a escala mundial sobre los cambios en el mundo natural limita nuestra comprensión de la «crisis de la biodiversidad», afirman los autores del estudio. Sin embargo, defienden que existen ventajas al enfocarse en las aves acuáticas y tratar de medir estos patrones.

Las aves acuáticas son un grupo diverso de animales, desde patos y garzas hasta flamencos y pelícanos. Sus hábitats de humedales cubren alrededor de 1300 millones de hectáreas del planeta, desde la costa hasta el agua dulce e incluso las tierras altas, y proporcionan servicios ecosistémicos cruciales. Los humedales también se han degradado más que cualquier otra forma de ecosistema.

Además, las poblaciones de aves acuáticas cuentan con un largo historial de monitoreo. El censo global anual de Wetlands International ha involucrado a más de 15 000 voluntarios durante los últimos 50 años, y el recuento anual navideño de aves de la National Audubon Society data de 1900.

«Nuestro estudio muestra que el monitoreo de aves acuáticas puede proporcionar lecciones útiles sobre lo que debemos hacer para detener la pérdida de biodiversidad», afirma el coautor Szabolcs Nagy, coordinador del censo de aves acuáticas de África y Eurasia en Wetlands International.

En comparación con todos los «impactos antropogénicos» probados por los investigadores, la gobernanza nacional fue el más significativo. «La gobernanza ineficaz se asocia a menudo con la falta de aplicación e inversión ambiental, lo que lleva a la pérdida de hábitat», aclara Amano.

El estudio también ha revelado una relación entre la velocidad del crecimiento del PIB y la biodiversidad: cuanto más rápido crece el PIB per cápita, mayor es la disminución de las especies de aves acuáticas.

La diversidad en un nivel localizado fue la más afectada de media en América del Sur, con una pérdida anual de un 0,95 %, que equivale a un declive de un 21 % en la región en 25 años. Los investigadores también descubrieron una pérdida severa de especies en las áreas del interior de Asia Occidental y Central.

Otro de los hallazgos consiste en que la mala gestión del agua y la construcción de presas en partes de Asia y América del Sur han causado que los humedales se sequen permanentemente en regiones de Irán y Argentina, incluso en áreas designadas como protegidas.

Además, las regulaciones de caza impotentes también pueden explicar la pérdida de especies bajo un gobierno ineficaz. «La inestabilidad política puede debilitar la aplicación de la ley y, en consecuencia, promover asesinatos inadecuados, a menudo ilegales, incluso en áreas protegidas», aclara Amano.

De hecho, los investigadores explican que su análisis muestra que las áreas de conservación protegidas simplemente no benefician a la biodiversidad, si se ubican en naciones con un gobierno débil. Ante esto, sugieren que las iniciativas de campo lideradas por grupos locales e indígenas pueden ser más efectivas que los gobiernos para proteger los ecosistemas, un posible enfoque de conservación para las regiones que sufren de inestabilidad política.

Otras instituciones participantes en este análisis han sido las universidades de Bath (Reino Unido) y Santa Clara (Estados Unidos) y las organizaciones conservacionistas Wetlands International y National Audubon Society.

Fuente: Universidad de Cambridge.

 

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