La diversidad de animales grandes, vital en el ciclo del carbono

Los árboles de los bosques tropicales son bien conocidos por eliminar el dióxido de carbono del aire y almacenar los potentes gases de efecto invernadero como carbono en sus ramas frondosas y raíces extensas. Un nuevo análisis liderado por investigadores de la Universidad de Stanford muestra que los animales grandes que habitan los bosques también son una parte importante del ciclo del carbono.

 

Si queremos aumentar el secuestro de carbono, debemos preservar no solo un gran número de animales, sino también muchas especies diferentes, defienden los autores.Los hallazgos se basan en más de un millón de registros de avistamientos de animales y su actividad recabados por 340 técnicos indígenas en la Amazonía durante más de tres años de estudios ambientales, coordinados por el ecólogo José Fragoso y respaldados por el biólogo Rodolfo Dirzo. El equipo descubrió que los lugares donde los animales son más diversos se correlacionan con los lugares que tienen más carbono secuestrado en el suelo.

Según Fragoso, no solo debemos preocuparnos por los árboles que contienen carbono. A pesar de que esto es algo realmente importante, no cubre toda la historia. «También debemos preocuparnos por mantener la diversidad y la abundancia de animales —en especial, de los mamíferos— para garantizar un ciclo de carbono que funcione bien, así como la retención de carbono en los suelos».

El hecho de que el papel de los animales en el ciclo del carbono —a través de la ingestión, la digestión, la respiración y la descomposición— es reconocido desde hace tiempo, pero la investigación llevada a cabo por el equipo de investigadores de Stanford (publicada en Nature Ecology and Evolution) es la primera en sugerir la importancia de la biodiversidad animal, y no solo el número de animales, en el ciclo del carbono.

Si queremos aumentar el secuestro de carbono, debemos preservar no solo un gran número de animales, sino también muchas especies diferentes, defienden los autores.

La inspiración para desarrollar este trabajo provino de una conversación mantenida años atrás en el Departamento de Biología. Los científicos sabían que un ecosistema con más especies generalmente funciona mejor, lo que supuso que debería incluir el ciclo del carbono. Probar la relación entre la diversidad animal y el carbono, sin embargo, no fue tan sencillo.

«Es una idea muy difícil realizar pruebas que involucren a los vertebrados en un sistema del mundo real como el Amazonas», explica Mar Sobral, autor principal del artículo e investigador postdoctoral en el Laboratorio Dirzo durante esta investigación. «La cantidad de datos necesarios para probar dicha idea es masiva y el tipo de datos supuso un gran desafío. Los recursos económicos, el tiempo y la logística involucrados en nuestro proyecto no tienen precedentes».

Para recopilar estos datos, individuos de las naciones indígenas Makushi, Wapishana y Waiwai recorrieron la Amazonía observando el número, la diversidad y el posible almacenamiento de carbono de los árboles, utilizaron estimaciones de tamaño y precipitación, y la presencia y actividades de animales vertebrados, entre ellos, grandes mamíferos, aves, reptiles y anfibios. Durante un periodo de tres años, avistaron 132 995 animales vertebrados individuales y registraron signos de 190 369 adicionales, que representan 218 especies. Hubo pruebas de 43 448 procesos de alimentación y, para cada uno de ellos, los técnicos registraron qué se comía. Se cruzaron estos conjuntos de datos con los niveles de carbono que provienen de 825 muestras de suelo tomadas en los últimos seis meses del trabajo de campo.

Los investigadores encontraron que el suelo tenía concentraciones de carbono más altas en aquellos lugares en los que se avistó a la mayoría de las especies vertebradas. Cuando buscaron un mecanismo que pudiera explicar esta relación, resultó que las áreas con mayor diversidad animal tenían la mayor frecuencia de interacciones de alimentación, como animales alimentándose de otros animales o comiendo fruta, lo que da como resultado material orgánico sobre y en el suelo. Los investigadores sugieren que estos restos de comida generan diversidad y abundancia de microbios del suelo, que convierten los restos en carbono almacenado.

Con las conclusiones logradas, los investigadores esperan que estas revelaciones alienten una visión más holística de las comunidades y una mejor comprensión de los vertebrados grandes como participantes plenos en la función de los ecosistemas, en lugar de solo como beneficiarios algo alejados de dicha función o de víctimas por la pérdida de la función.

El análisis realizado contó con el apoyo financiero de la Fundación Nacional de la Ciencia de Estados Unidos, la Fundación Gordon y Betty Moore y la Universidad de Stanford.

Fuente: Universidad de Stanford.

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