La banca, determinante en la transición hacia una economía verde e inclusiva

Un grupo formado por 10 bancos internacionales ha firmado recientemente el Manifiesto Impacto Positivo, en el que se recoge una hoja de ruta para el establecimiento de un nuevo paradigma basado en el impacto financiero positivo en la economía, la sociedad y el medioambiente.

Imagen: Jim Frech, Freeimages.

Los expertos de Ceres, organización sin ánimo de lucro que impulsa el liderazgo en sostenibilidad, prevé que cada año y hasta 2030 será necesario invertir un billón de dólares adicionales en energía limpia lograr que «las nuevas infraestructuras sean verdes».

Y es que si los bancos juegan un papel vital en nuestras respectivas economías, domésticas y empresariales, son igualmente importantes y necesarios para cumplir la Agenda 2030 y los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) aprobados el pasado septiembre.

Conscientes de ello, un grupo formado por BMCE, ING, NedBank, Piraeus, Société Générale, SEB, Standard Bank, Triodos Bank, Westpac y Yes Bank ha divulgado el Manifiesto Impacto Positivo. Este documento deja patente que las metas definidas para impulsar la transición hacia una economía verde requieren una financiación considerable. Por tanto, la banca jugará un rol determinante y deberá participar activamente en la Agenda 2030.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) apoya esta iniciativa que busca que el sector bancario se involucre en la consecución de economías descarbonizadas, justas y respetuosas con la biodiversidad. En este sentido, Achim Steiner, director ejecutivo del PNUMA, declaró con motivo del anuncio de la noticia sobre el manifiesto que «los bancos tienen una posición estratégica entre la economía real y los mercados de capital, con activos por valor de casi 140 billones de dólares. Es por ello que son esenciales para catalizar la transición global a una economía verde inclusiva».

En concreto, los cálculos realizados desde su organización hablan de entre cinco y siete billones de dólares anuales requeridos para dar cumplimiento a los ODS. Traducido a euros, esta cantidad se eleva a entre 4,53 y 6,34 millardos, aproximadamente.

Por su parte, los expertos de Ceres, organización sin ánimo de lucro que impulsa el liderazgo en sostenibilidad, prevé que cada año y hasta 2030 será necesario invertir un billón de dólares adicionales en energía limpia para lograr que «las nuevas infraestructuras sean verdes». Al mismo tiempo, Trucost sitúa el coste anual de la degradación del capital natural y las externalidades medioambientales negativas en los 7,3 billones de dólares al año.

Ya están en marcha importantes esfuerzos para promover y facilitar la participación del sector bancario en la financiación de la transición hacia la economía verde. En este sentido, el PNUMA ha publicado el informe Diseño de un sistema financiero sostenible: el sistema financiero que necesitamos, donde se recogen los pasos que los formuladores de políticas y los reguladores deben dar para integrar consideraciones de desarrollo sostenible en los sistemas financieros para que sean aptos para el siglo XXI.

Desde el PNUMA subrayan que, a pesar de estos esfuerzos, «la disponibilidad de financiación privada para inversiones limpias incluyentes sigue siendo limitada. De hecho, un obstáculo persistente para transitar hacia un desarrollo más verde e inclusivo es el carácter esquivo de la viabilidad comercial y “perspectivas de rentabilidad” de muchos de los productos, actividades y servicios que definen la nueva economía.

Precisamente este es el reto que asume el grupo de bancos que apoya el Manifiesto Impacto Positivo —entidades que son miembros de la Iniciativa Financiera del PNUMA, una asociación entre el PNUMA y más de 200 instituciones financieras en todo el mundo—. En conjunto, los bancos que apoyan esta iniciativa representan más de cuatro billones de dólares en activos financieros.

Para Séverin Cabannes, director general adjunto de Société Générale, «el Manifiesto Impacto Positivo es un verdadero hito que nos ayudará a hacer progresos decisivos para alcanzar los ODS y muestra la disposición de los bancos a participar con el fin de hacer frente al reto de evolucionar hacia una economía más inclusiva y más verde».

El documento invita bancos y otros actores del sector financiero a pensar de manera más holística acerca de su papel en la economía, la sociedad y el medioambiente en general. Así, define las finanzas de impacto positivo como «aquellas que producen un impacto positivo de manera verificable en la economía, la sociedad o el medioambiente una vez que los posibles impactos negativos han sido debidamente identificados y mitigados».

Durante los próximos dos años, se trabajará con clientes, otras entidades colaboradoras y partes interesadas en la definición de un conjunto de Principios de Impacto Positivo que guiarán a los proveedores de servicios financieros en su esfuerzos para aumentar su impronta positiva en la economía, la sociedad y el medioambiente en general.

Por otro lado, también se creará una Incubadora de Impacto Positivo en la que serán puestos a prueba los nuevos modelos de negocio y enfoques de financiación para mejorar la perspectivas de rentabilidad de las operaciones de impacto positivo.

Fuente: PNUMA.

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