España ocupa la sexta posición del Índice de Desempeño Ambiental 2016

El Índice de Rendimiento Ambiental 2016 (Environmental Performance Index, EPI) elaborado por los expertos del Centro de Derecho y Política Ambiental de la Universidad de Yale y el Centro de la Red Internacional de Información Científica de la Universidad de Columbia con la colaboración del Foro Económico Mundial sitúa a España en la sexta posición de la lista de 180 países en cuanto al rendimiento de las políticas ambientales implementadas.

 

La edición 2016 del conocido internacionalmente como EPI (IDA o Índice de Desempeño Ambiental, por su acrónimo en español) evalúa el rendimiento de 180 países en temas ambientales de alta prioridad en dos áreas principales, la protección de la salud humana y la protección de los ecosistemas.

 

La edición 2016 del conocido internacionalmente como EPI (IDA o Índice de Desempeño Ambiental, por su acrónimo en español) evalúa el rendimiento de 180 países en temas ambientales de alta prioridad en dos áreas principales, la protección de la salud humana y la protección de los ecosistemas.

Dentro de estos dos objetivos de la política nacional, el EPI analiza el desempeño de cada país en nueve áreas temáticas que incluyen más de 20 indicadores para conocer la proximidad de cada nación a la hora de satisfacer los objetivos internacionales y su situación respecto a otros países.

Así, se evalúa el desempeño en materia de salud, clima, calidad del aire, sanidad, energía, agricultura, intensidad de la pesca marina, emisiones de gases de efecto invernadero, hábitats críticos, regulación del uso de pesticidas, demanda y calidad del agua, pérdida de la cubierta forestal, exposición al riesgo ambiental, tendencias en la intensidad del carbono, especies protegidas, áreas marinas protegidas, entre otros.

En esta clasificación general, España ocupa el puesto n.º 6 de la tabla, con una puntuación de 88,91 sobre 100, solo por detrás de los países nórdicos (Finlandia, 90,68; Islandia, 90,51; Suecia, 90,43; Dinamarca, 89,21) y Eslovenia (88,91). La marca lograda por España ha supuesto que nuestro país mejore una posición respecto a los resultados logrados en 2014, cuando su puntuación fue de 79,79 y se situó en el séptimo puesto de 178 países.

En el lado opuesto del listado, se encuentran Mali (41,48), Chad (37,83), Afganistán (37,5), Níger (37,48), Madagascar (37,1), Eritrea (36,73) y Somalia (27,66).

Hallazgos principales

Según destacan los autores del EPI 2016, «el mundo está logrando avances considerables a la hora de abordar distintas cuestiones ambientales, mientras que otros aspectos han sufrido un retroceso considerable. Así, se observan tendencias prometedoras en materia de impactos sobre la salud, acceso al agua potable y al saneamiento, pero, por el contrario, se registra un declive considerable en cuanto a la calidad del aire y la situación de la pesca.

Al comparar el desempeño relativo en todos los indicadores, el resultado es que el mundo obtiene una puntuación muy pobre en temas clave como la calidad del aire y el tratamiento de aguas residuales. Aunque las tendencias indican mejoras en muchas áreas, el avance es aún lento y algunas tendencias quedan empañadas por otros hallazgos preocupantes. En este sentido, las naciones del mundo protegen el hábitat marino más que nunca, sin embargo, las poblaciones de peces están disminuyendo.

El desempeño medido en las distintas áreas está interrelacionado y, en ocasiones, las tendencias entran en conflicto y dan muestra de lo complejo que es medir la situación del medioambiente a escala global.

Otro de los asuntos destacados por los autores es que «el desarrollo económico conduce a una mejora en algunas áreas del medioambiente, sin embargo, también se asocia con el aumento de la prevalencia de los riesgos ambientales». Así, por ejemplo, en los indicadores sobre el aire y el agua se observa con claridad estas señales contradictorias. A medida que las naciones se han vuelto más ricas, especialmente en Asia, los gobiernos invierten en infraestructura de saneamiento y un menor número de personas están expuestas a la insalubridad del agua, lo que se traduce en un menor número de muertes por enfermedades transmitidas por el agua. Pero a medida que los países se desarrollan, el aumento de la producción industrial, el transporte marítimo y terrestre derivan en la contaminación del aire, lo que expone a las poblaciones humanas a respirar compuestos peligrosos. Por lo tanto, las muertes atribuidas a la contaminación del aire han aumentado de manera constante en la última década.

Por otro lado, «cuando la medición es pobre y no está alineada con una gestión adecuada, el medioambiente y la salud humana sufren. El EPI 2016 muestra que los sectores donde hay una medición débil también son áreas que presentan deterioro. Por ejemplo, la pesca marítima está mal controlada, dado que muchas flotas no informan correctamente o no presentan datos de captura, y los objetivos de política internacional son ad hoc e incompletos. No es de extrañar que las poblaciones de peces de todo el mundo estén registrando en declive notable. El EPI 2016, en colaboración con Sea Around Us —una iniciativa de investigación de la pesca promovida por la Universidad de British Columbia—tiene en cuenta la calidad de los datos sobre pesca de los países y penaliza a aquellas naciones cuyos datos sean incompletos o poco fiables», subrayan los responsables del Índice de Desempeño Ambiental 2016.

Protección de especies y calidad del agua potable

El desarrollo de indicadores políticos relevantes basados en la ciencia es esencial para llevar a cabo una medición adecuada. Dos nuevos indicadores incorporados a la edición 2016 del EPI (protección de especies y calidad del agua potable) muestran cómo los objetivos políticos se definen con frecuencia en función de la conveniencia política. Así, la métrica sobre protección de especies, que se basa en el Mapa de la Vida —una base de datos global sobre las especies— mide la brecha entre las áreas protegidas terrestres y las especies reales de hábitats. Esta brecha sugiere que las áreas protegidas designadas a escala global no siempre están alineadas con la preservación de las especies. A menudo, las áreas protegidas se establecen en tierras marginales en lugar de en zonas de alto valor, donde la fauna se ve forzada a salir como consecuencia del desarrollo de la agricultura y los asentamientos humanos.

El Objetivo del Milenio n.º 7 incluye un indicador que evalúa el acceso al agua potable, sin embargo, esta métrica no se adapta de forma óptima a su objetivo, que es que los países aumenten el acceso a agua potable de calidad. El indicador utilizado para medir el progreso está enmarcado en términos de acceso a fuentes «mejoradas» o fuentes «no mejoradas», lo que viene determinado por un fuente de agua corriente (en oposición a un suministro abierto de agua). Esta métrica no dice si el agua de fuentes mejoradas en realidad es tratada y apta para el consumo.

Los datos del Instituto para las Métricas y Evaluación Sanitaria (IHME, por sus siglas en inglés) revelan que en muchos países y regiones una parte significativa de las fuentes «mejoradas» de agua potable están sin tratar. Estos resultados muestran los objetivos políticos que interesan —es más fácil medir el acceso a fuentes de agua «mejoradas» y «no mejoradas» que medir la calidad del agua—, pero no los relevantes para la ciencia o la salud humana.

Cambio climático

El Acuerdo sobre el Clima de París alcanzado en diciembre de 2015 especifica la acción en materia de cambio climático que se espera de todos los países, sin embargo, las métricas sólidas para evaluar el rendimiento en este ámbito siguen siendo difíciles de alcanzar. Medir el rendimiento en cambio climático —es decir, evaluar qué países están implementando políticas medibles que dan lugar a la mitigación de los efectos del cambio climático— es uno de los retos más urgentes que enfrenta la sociedad actual.

El vínculo indisoluble que existe entre el carbono y el crecimiento económico hace muy complicado desenredar las señales del rendimiento de las emisiones. Como resultado, los indicadores del EPI 2016 sobre Clima y Energía indican principalmente cómo los países están descarbonizando el crecimiento económico en lugar de si sus políticas climáticas están teniendo un efecto tangible. Estos indicadores no pueden apuntar si los conductores subyacentes de la descarbonización se deben a la decadencia económica o al esfuerzo concertado de políticas. Dinamarca, por ejemplo, ha hecho fuertes compromisos para reducir las emisiones mediante el aumento de la eficiencia y la producción de energía renovable. Por su parte, Singapur, como resultado de su alta densidad urbana, ha sido capaz de reducir su intensidad de carbono en relación con sus homólogos económicos durante la última década. Otros países como Rusia es probable que estén sobrepasando los resultados de otras economías similares debido a la recesión más que a la ambición de los esfuerzos climáticos desarrollados.

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Según destacan los autores del EPI 2016, «el mundo está logrando avances notables a la hora de abordar distintas cuestiones ambientales, mientras que otros aspectos han sufrido un retroceso considerable. Así, se observan tendencias prometedoras en materia de impactos sobre la salud, acceso al agua potable y al saneamiento, pero, por el contrario, se registra un declive considerable en cuanto a la calidad del aire y la situación de la pesca».

 

Fuente: EPI 2016, Yale University.

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