El pleno disfrute de los derechos humanos depende de la biodiversidad

Un informe hecho público recientemente por el Consejo de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce por primera vez lo esenciales que tanto la biodiversidad como los ecosistemas sanos son para garantizar los derechos humanos.

Imagen: Isabel Quiroga.

El pleno disfrute de los derechos humanos, incluidos los derechos a la vida, la salud, la alimentación y el agua, dependen de los servicios que prestan los ecosistemas, defiende el informe.«La rápida pérdida de diversidad biológica en todo el mundo debería desencadenar alarmas». «Nos encontramos en el camino hacia la sexta extinción mundial de especies en la historia del planeta y los estados no logran aún detener los principales factores de la pérdida de biodiversidad, entre los que se incluyen la destrucción del hábitat, la caza furtiva y el cambio climático», llama la atención John Knox, relator especial en materia de derechos humanos de la ONU y profesor de Derecho en Wake Forest University, en un informe divulgado por el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU.

Tal y como recoge el documento, «el pleno disfrute de los derechos humanos, incluidos los derechos a la vida, la salud, la alimentación y el agua, dependen de los servicios que prestan los ecosistemas. La prestación de esos servicios depende de la salud y la sostenibilidad de los ecosistemas, que a su vez dependen de la diversidad biológica. Por consiguiente, el pleno disfrute de los derechos humanos depende de la biodiversidad y la degradación y la pérdida de diversidad biológica socavan la capacidad de las personas para disfrutar de sus derechos humanos».

Según el documento, la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio realizada en 2005 reveló que los seres humanos han multiplicado la tasa de extinción de especies nada menos que por 1000 respecto de las tasas basales, que entre un 10 % y un 30 % de las especies de mamíferos, aves y anfibios están en peligro de extinción y que al menos una cuarta parte de las poblaciones de peces comerciales importantes están siendo sobreexplotadas.

Además, también advirtió que el daño a los ecosistemas está aumentando la probabilidad de que se produzcan cambios bruscos y quizá irreversibles como la aparición de “zonas muertas” en aguas costeras y el colapso de las pesquerías. Asimismo, subrayó que los efectos nocivos de la degradación de los ecosistemas están afectando de manera desproporcionada a los pobres, están contribuyendo al aumento de las desigualdades y disparidades entre los grupos de personas y a veces son el principal factor causante de la pobreza y los conflictos sociales.

Otro de los datos destacados por Knox hace referencia a que la Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) publicó en 2010 el informe «Perspectiva Mundial sobre la Biodiversidad 3», en el que se pone de manifiesto que los estados habían fracasado por completo a la hora de cumplir siquiera el objetivo modesto de reducir significativamente el ritmo de pérdida de diversidad biológica. Ninguna de las 21 submetas comprometidas se había alcanzado. El informe señaló avances importantes en solo cuatro de ellas y constató múltiples indicios de la pérdida continua de diversidad biológica: la biodiversidad de los cultivos y el ganado seguía disminuyendo; las especies evaluadas estaban, de media, más cerca de la extinción; y los hábitats naturales, en particular los humedales, las marismas y los arrecifes de coral, continuaban decreciendo en extensión e integridad. Aunque en algunas regiones se registraron progresos en la reducción del ritmo de pérdida de bosques tropicales y manglares, en conjunto, la degradación y la fragmentación de los ecosistemas seguían provocando la pérdida de los servicios ecosistémicos.

Otros efectos negativos de la pérdida de biodiversidad son la disminución de la productividad y estabilidad de la agricultura y la pesca, lo que socava el derecho a la alimentación; destruye fuentes potenciales de medicamentos; aumenta la exposición a ciertas enfermedades infecciosas y restringe el desarrollo del sistema inmunológico humano, lo que tiene sus consecuencias negativas sobre los derechos a la vida y a la salud. Asimismo, también elimina los filtros naturales del ciclo del agua, con los efectos perjudiciales que esto implica en el derecho al agua.

En su análisis, Knox incide en que, «para proteger los derechos humanos, los estados tienen la obligación general de proteger los ecosistemas y la biodiversidad» y exhorta a los países minimizar el daño a los ecosistemas y a la biodiversidad, tanto el derivado de la actividad del sector privado como aquel producido por las agencias gubernamentales. Además, el experto también demanda a los gobiernos que reconozcan y protejan a los más vulnerables, entre ellos, a las poblaciones indígenas.

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU aún no ha tomado una decisión acerca de este informe que lleva por título Informe del Relator Especial sobre la cuestión de las obligaciones de derechos humanos relacionadas con el disfrute de un medio ambiente sin riesgos, limpio, saludable y sostenible. Sus miembros están considerando la posibilidad de adoptar una resolución que reconozca la relación entre la biodiversidad y los derechos humanos, lo que es posible que suceda a finales de mes.

Fuente: Consejo de los Derechos Humanos de la ONU.

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