El papel de la movilidad urbana de la principales urbes españolas en el cambio climático

Los profesionales de Greenpeace han realizado un análisis sobre el papel de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) derivadas de la movilidad urbana en las seis principales ciudades españolas y su incidencia en el cambio climático. El informe concluye que suponen un 10 % del total de las emisiones de GEI españolas y un 40 % de las emisiones derivadas del transporte.

 

Los profesionales de Greenpeace han realizado un análisis sobre el papel de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) derivados de la movilidad urbana en las seis principales ciudades españolas y su incidencia en el cambio climático. El informe concluye que suponen un 10 % del total de las emisiones de GEI españolas y un 40 % de las emisiones derivadas del transporte.

El estudio El transporte en las ciudades, un motor sin freno del cambio climático resalta que las emisiones de GEI de la movilidad urbana en España ascienden a 35,1 millones de toneladas de CO2-eq, (el equivalente a un 10 % del total). De ellas, un 87 % corresponden al desplazamiento de personas y un 13 % al transporte de mercancías. «Solo el coche es responsable de más de tres cuartas partes del total de las emisiones del sistema de movilidad urbana (75,5 %)», incide el documento.

En concreto, «la movilidad urbana representaría un 43,5 % de las 80,7 millones de toneladas de CO2-eq computadas al transporte, según el Sistema Español de Inventario y Proyecciones de Emisiones de Contaminantes a la Atmósfera (SIE). Pero en estos cálculos, el SIE no incluye las emisiones correspondientes a la electricidad de modos como el ferrocarril, el metro o los tranvías, que ascienden a 0,8 millones de toneladas de CO2-eq en su fase de desplazamiento. Teniendo esto en cuenta, se puede concluir que la movilidad urbana representa un 40,1 % de las emisiones de GEI del sector de transporte en España en su fase de desplazamiento. Asimismo, si se considera el ciclo completo del transporte, la movilidad urbana representaría un 30 % de dichas emisiones. Por otro lado, el SIE estima las emisiones totales de GEI en España en 2012 fueron de 340,8 millones de toneladas de CO2-eq, de las que la movilidad urbana sería responsable de un 10 %», matiza el informe.

Así las cosas, «las seis grandes áreas metropolitanas del país acumulan cerca de un 44 % de las emisiones de GEI del total de las asociadas a la movilidad urbana en España. Ascienden hasta un 86 % las emisiones de las que son responsables las áreas urbanas de más de 50 000 habitantes», continúan los expertos de Greenpeace.

Con el fin de incorporar nuevos modelos de movilidad urbana que contribuyan a la lucha contra el cambio climático, el documento incluye una serie de recomendaciones que pasan por:

– Establecer compromisos consistentes a la movilidad urbana para la estabilización climática. Para ello, deben elaborarse, actualizarse y desarrollarse planes de movilidad urbanos y metropolitanos que incorporen el objetivo de reducir los gases de efecto invernadero en al menos un 50 % para 2030 respecto a los niveles de 2012.

– Combinar la lucha contra el cambio climático con la calidad de vida urbana: El cambio de modelo de movilidad urbana debe contemplar sinérgicamente las exigencias de la lucha contra el cambio climático y otras exigencias también urgentes como las de la salud (calidad del aire, ruido, sedentarismo, accidentalidad) y de cohesión social (exclusión por género, edad o poder adquisitivo).

– Ampliar el enfoque de la movilidad urbana: Contemplando el funcionamiento metropolitano de las ciudades y centros urbanos españoles, los desplazamientos de mercancías exigidos por el modo de vida urbano y las necesidades de otras fases del ciclo del sistema de transporte.

– Diversificar la vía tecnológica del cambio de la movilidad urbana: La transformación de la movilidad urbana no debe apoyarse exclusivamente en cambios tecnológicos y de fuentes energéticas. Cabe actuar sobre la funcionalidad del sistema, aumentando la ocupación media de los vehículos, reduciendo la demanda y la distancia de los desplazamientos cotidianos y con ello la dependencia de los modos motorizados.

– Reformular los instrumentos de planificación de la movilidad urbana, así como los planes urbanísticos mediante la coordinación entre herramientas y administraciones responsables que permita tratar la movilidad en toda su complejidad funcional y territorial. Y actualizando los criterios energéticos y ambientales de partida, con el fin de acelerar y llevar al máximo la reducción de emisiones y poder hacer frente a las alteraciones climáticas que ya no se pueden evitar.

Fuente: Greenpeace España .

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