El cambio climático podría provocar pérdidas del valor de las tierras agrícolas de hasta un 32 %, según un estudio

Un artículo publicado en Science Environment Policy resume los hallazgos de un nuevo estudio que estima cómo los cambios en el clima pueden afectar al valor de las tierras agrícolas europeas. Según datos de más de 41 000 explotaciones, su valor económico podría caer hasta un 32 %, dependiendo del escenario climático considerado. Las explotaciones del sur de Europa son particularmente sensibles al cambio climático y podrían sufrir pérdidas de valor de hasta un 9 %, si la temperatura aumenta 1 °C. La investigación revela que las políticas sobre el uso y el agua serán cruciales para ayudar a los agricultores a adaptarse al cambio climático y mitigar las pérdidas económicas.

Imagen: Broin (Pixabay).

Una investigación reciente calcula el impacto de la temperatura estacional y las precipitaciones sobre el valor de las tierras de cultivo en todos los países considerados al calcular el cambio porcentual en el valor de las tierras de cultivo por cada 1 °C de temperatura y por centímetro y mes (cm/mes) de lluvia. La agricultura es extremadamente vulnerable al cambio climático, ya que depende directamente de condiciones climáticas como la lluvia y de la temperatura. Las implicaciones económicas para los agricultores de los efectos del cambio climático podría ser enorme, según el informe Synergies and trade-offs between nature conservation and climate policy: Insights from the “Natural Capital Germany – TEEB DE” study (Sinergias y compensaciones entre la conservación de la naturaleza y la política climática: Perspectivas del estudio TEEB DE de Natural Capital Germany).

Este estudio estima dichos efectos en Europa utilizando datos a nivel de explotación, en lugar de los de modelos de cultivo (que describen cómo afecta el clima a cultivos específicos, pero omiten los impactos sobre el ganado y subestiman la capacidad de los agricultores para adaptarse). Los datos, obtenidos de la Red de Datos Contables Agrícolas (RICA), contienen información recabada en 2007 en más de 41 000 explotaciones europeas de la UE-15.

El método refleja cambios pequeños y grandes en la temperatura y las precipitaciones en función de una gama de predicciones climáticas para 2100, predicha por tres Modelos de Circulación General (MCG): Hadley CM3, ECHO-G y NCAR PCM, según el informe especial del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) sobre Escenarios de emisiones (A2 scenario). Los modelos representan resultados severos, moderados y leves, respectivamente.

Los investigadores también explican el efecto de las políticas, que podrían exacerbar la sensibilidad climática si, por ejemplo, los subsidios son más altos para las explotaciones en climas favorables. Por lo tanto, el análisis controla los subsidios a nivel de explotación y elimina la influencia de las políticas a escala país.

El documento calcula el impacto de la temperatura estacional y las precipitaciones sobre el valor de las tierras de cultivo en todos los países considerados al calcular el cambio porcentual en el valor de las tierras de cultivo por cada 1 °C de temperatura y por centímetro y mes (cm/mes) de lluvia. En general, las explotaciones que son más cálidas en otoño y primavera, y más frescas en verano e invierno, tienden a tener valores más altos. Esto se debe a que un invierno más frío limita las plagas y una primavera u otoño más cálidos alargan la temporada de crecimiento. Un verano más cálido ejerce un estrés adverso sobre los cultivos.

Los hallazgos reflejan que la lluvia también afecta significativamente al valor de las tierras de cultivo. El análisis muestra que las explotaciones que están más húmedas en invierno y verano, pero más secas en la primavera y otoño, tienden a beneficiarse. Esto sucede porque ya hay suficiente lluvia en primavera y otoño, y más lluvias significan más nubes que bloquean la energía del sol utilizada por las plantas para la fotosíntesis, lo que afecta al crecimiento de los cultivos. También es probable que las lluvias excesivas causen daños más directos, como obstrucción del agua en primavera y problemas de moho cerca de la cosecha. Por el contrario, las precipitaciones adicionales en verano pueden ayudar a compensar el calor y más lluvias en invierno proporcionan humedad en el suelo para el inicio de la temporada de crecimiento.

Según el modelo, un aumento de 1 °C en todas las explotaciones para el año 2100 aumentaría el valor de las tierras de cultivo un 8,2 % (482 EUR por hectárea), mientras que un incremento en las precipitaciones de 1 cm/mes, aumentaría el valor en un 2,4 % (143 EUR por hectárea). Los efectos de estos cambios difieren ampliamente entre países. Los pequeños repuntes de temperatura son perjudiciales en el sur Europa, por ejemplo, pero beneficiosos en el norte de Europa. Del mismo modo, un pequeño aumento en la lluvias beneficiaría a la mayoría de los países europeos, pero no a los de Escandinavia.

Los impactos previstos por los modelos climáticos varían desde una ganancia de un 5 % (NCAR PCM) hasta una pérdida de un 32 % (Hadley CM3). En general, los cambios estimados por los escenarios climáticos serían perjudiciales para la agricultura en Europa. En todos los modelos, el impacto parece ser más severo en Europa meridional (que se vio afectada negativamente en todos los casos). Italia reveló la mayor pérdida de valor, estimada en alrededor de 120 000 M€ (un 71 %) del valor de las tierras de cultivo en el escenario de Hadley CM3. Sin embargo, utilizando los dos escenarios climáticos más moderados, algunos países del norte de Europa parecen salir beneficiados por el cambio climático. Incluso dentro de las regiones, el efecto no es uniforme. En Finlandia, por ejemplo, la agricultura se beneficia del calentamiento en algunas temporadas, pero en general, se ve perjudicada por la temperaturas invernales.

Los investigadores sugieren que las políticas podrían tener un gran impacto en estos escenarios futuros. Los gobiernos pueden apoyar el desarrollo de nuevas tecnologías, cultivos y variedades. Son también responsables de regular el agua (una importante contribución a la agricultura) y de gestionar cómo se puede usar la tierra. Los cambios en las políticas gubernamentales en estas áreas podrían, por lo tanto, ayudar a los agricultores a adaptarse al cambio climático y evitar grandes pérdidas.

Fuente: Science for Environment Policy.

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