Conservar paisajes forestales intactos maximiza la biodiversidad y reduce el riesgo de extinción de especies

Una reciente investigación sobre la relación entre la pérdida de hábitats forestales y el riesgo de extinción de especies silvestres demuestra que las especies más amenazadas habitan áreas en las que los impactos de actividades humanas como la caza, la minería, la tala y la ganadería comienzan a dejarse ver.

 

La pérdida global de bosques erosiona desproporcionadamente la biodiversidad en paisajes intactos.Conducido por el científico Matthew G. Betts, profesor del Departamento de Ecosistemas Forestales y Sociedad de la Universidad Estatal de Oregón (Estados Unidos), el análisis publicado en Nature bajo el título Global forest loss disproportionately erodes biodiversity in intact landscapes (La pérdida global de bosques erosiona desproporcionadamente la biodiversidad en paisajes intactos) revela que estas áreas intactas merecen una prioridad mayor de las inversiones limitadas en conservación que las áreas ya impactadas en gran medida por la actividad humana, a pesar de que las especies también están amenazadas en las áreas afectadas.

«Hemos comprobado descensos en las poblaciones de especies en paisajes que ya han perdido una cantidad masiva de hábitat», explica Matthew Betts, «pero hemos encontrado mucho más apoyo para lo que conocemos como la hipótesis de intrusión inicial. Se trata del impacto inicial causado por las carreteras que se adentran en los bosques tropicales y las actividades humanas que le siguen, que son más significativas. Estos son también los puntos con mayor cantidad de especies».

Junto con un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Oregón y la ONG BirdLife International, Betts analizó conjuntos de datos globales sobre hábitats forestales y el riesgo de extinción de especies. Para ello, empleó datos forestales reunidos por científicos de la Universidad de Maryland y categorías de riesgo de extinción de 19 432 especies de verterbrados de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Los datos recabados indican que los bosques continúan perdiéndose a tasas altas (alrededor de 1,5 millones de kilómetros cuadrados, o 371 millones de acres, por año). La mayoría de esos cambios ocurren en los trópicos. Los bosques tropicales de América del Sur representan casi la mitad de la pérdida de bosques globales. En total, el nuevo análisis muestra que un 37 % de los bosques del mundo se han convertido a otros usos de la tierra.

«Debería ser bastante evidente que la pérdida de los bosques aumenta el riesgo de que se incorporen nuevas especies a la Lista Roja de especies en peligro de extinción», defiende Betts. «Pero nuestro trabajo proporciona el primer vínculo cuantitativo global entre la pérdida de bosques y el declive de las especies forestales».
Los científicos que participaron en la investigación partieron de la siguiente pregunta: ¿Deberían centrarse los esfuerzos de conservación en áreas donde ya se han perdido hábitats forestales y las especies pueden estar alcanzando un umbral o dichos esfuerzos deberían dirigirse hacia bosques que están casi intactos y que apenas empiezan a verse afectados por el desarrollo?

Betts desarrolló la Red de Investigación de la Biodiversidad Forestal de Oregón para emplear grandes conjuntos de datos que contribuyeran a dar respuesta a esta pregunta. Así, durante su investigación en Costa Rica y en otros lugares, ha estudiado el impacto de la tala de bosques en colibríes polinizadores y otras especies de aves. Según Betts, es probable que las áreas fuertemente impactadas ya han pasado por lo que los científicos llaman un «filtro de extinción». Las especies que son sensibles al desarrollo pueden haber sido previamente eliminadas.

Existen puntos calientes de alto riesgo para la biodiversidad de los bosques en el Sudeste Asiático (en particular, en Borneo), en el Amazonas centro-occidental y en la cuenca del Congo en África, detallan los investigadores. El crecimiento de la población, la caza y captura de carne de animales silvestres y la extracción de recursos en respuesta a la demanda de los consumidores pueden alimentar futuros riesgos de extinción en esas áreas, aclara Betts.

En dichas regiones, el modelo desarrollado predice que entre 121 y 219 especies se verán amenazadas bajo las actuales tasas de pérdida de bosques durante los próximos 30 años. Dado que solo un 17,9 % de estas zonas de alto riesgo están formalmente protegidas y únicamente un 8,9 % cuenta con una protección estricta, se requieren nuevos esfuerzos de conservación a gran escala para proteger los bosques intactos con el fin de reducir las tasas de deforestación y evitar una nueva ola de extinciones mundiales.

Un debate en curso entre científicos y formuladores de políticas se centra en si los programas de conservación deberían dar prioridad a los bosques ya afectados por el desarrollo. «Desde la aceptación de que no existe un lugar que no haya sido tocado por los seres humanos de alguna manera debido, por ejemplo, a un clima cambiante, existe la opinión de que los hombres podrían coexistir con la naturaleza si se emprendieran ciertas medidas paliativas que, mientras vivamos más suavemente en la Tierra, aún podremos tener paisajes productivos para la agricultura. Nuestra investigación sugiere tener estos paisajes forestales intactos bien protegidos que nos ayudaría a lograr esto».

Tal y como expone Taal Levi, coautor de la investigación y profesor asistente de Pesca y Fauna Silvestre de la Universidad Estatal de Oregón, «dedicar algunas áreas a la producción intensiva puede permitir que otras se preserven como hábitat». «Existen numerosos beneficios potenciales si se concentra nuestro impacto ambiental mediante la intensificación de impulsores del cambio en el uso de la tierra como la agricultura y la silvicultura, a cambio de establecer grandes reservas remotas y no perturbadas. Un impacto desproporcionadamente grande surge de la primera perturbación producida en los bosques».

Fuente: Phys, Nature.

 

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