¿Cómo cambia la agricultura nuestro clima?

Especialistas del Instituto de Medioambiente de la Universidad de Minnesota (Estados Unidos) han elaborado una serie de informes interactivos online en los que difunden de manera amena y visualmente muy atractiva multitud de datos de interés sobre la relación a tres bandas: agricultura- alimentación-medioambiente. Además, el contenido también ofrece soluciones que se pueden poner en práctica desde distintos ámbitos para abordar los retos ambientales que tenemos por delante de manera eficaz. Uno de estos informes lleva por título How Does Agriculture Change Climate? (¿Cómo cambia la agricultura nuestro clima?), y aborda asuntos críticos como el impacto de la deforestación, la agricultura y otros usos de la tierra en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y, por ende, en el calentamiento global.

 

La deforestación de tierras para dedicarlas a la agricultura y la agricultura misma representan un 21 % de las emisiones globales, mucho más que el carbono que escupe cada automóvil, avión y tren en la tierra.La agricultura, la deforestación y otros usos de la tierra representan aproximadamente un 20 % de todas las emisiones de GEI. Desde el comienzo de la Revolución Verde, la productividad del sistema agrícola mundial se ha más que duplicado, lo que ha contribuido a la mejora de la seguridad alimentaria para una población creciente y a satisfacer las demandas dietéticas de un mundo cada vez más rico. Pero esta productividad tan asombrosa también ha implicado costes ambientales. Si bien la agricultura mundial enfrenta varios desafíos importantes, el reto más sorprendente para la seguridad alimentaria puede provenir del impacto de la agricultura en nuestro clima.

En la actualidad, el sector agrícola mundial, esto es, la gestión y el desbroce de tierras relacionadas con la agricultura, representa aproximadamente una quinta parte del total de los GEI globales. Este porcentaje supera las emisiones generadas por el conjunto de coches, aviones y trenes de todo el mundo combinados. Las emisiones de la agricultura y la deforestación son tres veces mayores que las emisiones del sector global de la construcción e iguales a todas las emisiones industriales. De hecho, el sector dedicado a la producción de energía es el único que genera más emisiones de GEI (un 37 %) que el agrícola.

En ¿Cómo cambia la agricultura nuestro clima?, son consideradas parte de las emisiones de del sistema alimentario mundial: aquellas derivadas de la deforestación y la gestión agrícola. Por ejemplo, la proporción de emisiones procedentes del transporte de productos en la cadena mundial de suministro de alimentos, envases y residuos de alimentos es importante, pero no son tenidas en cuenta en el informe. Cuando estas actividades son consideradas, el sistema alimentario mundial representa aproximadamente un 30 % de las emisiones mundiales.

A pesar del papel central de la agricultura en el cambio del clima global, existen oportunidades prometedoras para mitigar las emisiones y reducir en primer lugar la demanda de alimentos de alto nivel de emisiones. El desarrollo de un sistema alimentario mundial que consiga la seguridad alimentaria y reduzca el impacto ambiental de la agricultura es uno de los principales retos de nuestro tiempo.

Cómo se comparan las emisiones de la agricultura

Estamos comerciando enormes cantidades de emisiones de GEI para la alimentación con el fin de alimentar al planeta. La deforestación de tierras para dedicarlas a la agricultura y la agricultura misma representan un 21 % de las emisiones globales, mucho más que el carbono que escupe cada automóvil, avión y tren en la tierra.

Las emisiones restantes de la humanidad provienen de la industria (21 %) y los edificios (7 %).

La deforestación y la gestión impulsan las emisiones de GEI

Se estima que la agricultura es la impulsora de un 75 % de la deforestación y degradación terrestres a escala mundial.

En 2012, la silvicultura y otros usos de la tierra representaron alrededor de un 10 % de las emisiones mundiales. La mayor parte de la tierra del planeta que es adecuada para la agricultura ya ha sido convertida en campos o pastizales. La tierra restante adecuada para tierras de cultivo o pastos se encuentra principalmente en los biomas tropicales, aproximadamente tres cuartas partes de los bosques tropicales, bosques y sabanas son aptos. A menudo, los bosques son deforestados para satisfacer las necesidades locales de alimentos de los pequeños agricultores, pero la demanda de productos básicos mundiales como el aceite de palma y la soja se está convirtiendo en el principal impulsor.

Si tuviéramos que satisfacer las futuras necesidades alimentarias como lo hemos hecho en el pasado —con los países en desarrollo aumentando la producción de cultivos principalmente a través de la deforestación de tierras y los países desarrollados aumentando la producción fundamentalmente a través de aumentos en el rendimiento—, se estima que las emisiones agrícolas globales aumentarían al menos un 30 % para 2050.

Hoy en día, las emisiones derivadas de la cría de ganado y los cultivos son el mayor impulsor de las emisiones agrícolas. El uso de combustibles fósiles, incluido el transporte, es responsable de solo alrededor de un 10 % de las emisiones agrícolas totales.

Emisiones crecientes de la gestión

Desde 1990, las emisiones de las prácticas agrícolas han aumentado un 1 % cada año, mientras que las emisiones por deforestación (y otros usos de la tierra relacionados con la agricultura) han disminuido. Las emisiones agrícolas provenientes de la deforestación, aunque todavía son muy elevadas, han disminuido ligeramente desde la década de los 90 del siglo pasado y representan una proporción menor de las emisiones totales a lo largo del tiempo.

Fuentes clave de la gestión agrícola

Entre las fuentes dominantes de gases de efecto invernadero, se cuentan el dióxido de carbono (CO2) de la deforestación tropical, el metano (CH4) derivado de la producción del ganado y del arroz y el óxido nitroso (N2O) como consecuencia de la fertilización o de la quema de tierras cultivables.

La agricultura es responsable de alrededor de la mitad de las emisiones mundiales de metano. El metano es 26 veces más fuerte que un gas de efecto invernadero como el CO2. El ganado rumiante, incluyendo las vacas y las ovejas, digiere su alimento a través de la fermentación entérica, lo que produce metano. El resultado es que, a escala mundial, alrededor de un tercio de las emisiones de metano de la agricultura provienen del ganado. La quema de biomasa para preparar los campos es otro productor de metano, al igual que aplicar estiércol a los campos.

¿Otra fuente importante de metano? El arroz cultivado en arrozales, donde las bacterias descomponen la biomasa sumergida en los campos. Las emisiones de metano de los campos de arroz irrigado representan alrededor de un 11 % de las emisiones de la gestión agrícola.

Un 60 % de todas las emisiones antropogénicas de N2O proceden de la agricultura. El óxido nitroso emitido en la atmósfera es un GEI importante, ya que es 300 veces más eficaz en el calentamiento que el CO2.

La mayor parte del N2O se produce después de fertilizar las tierras de cultivo, cuando los microbios del suelo convierten parte del nitrógeno aplicado del abono y del estiércol en N2O. Debido a una relación no lineal entre la aplicación y las emisiones, a medida que se emplea más fertilizante de nitrógeno, una mayor fracción del nitrógeno aplicado se convierte en N2O. El óxido nitroso también se produce cuando se queman los residuos de los cultivos.

Intercambio pobre

Los bosques tropicales y sabanas comprenden la mayor parte de la tierra restante del planeta que es adecuada para el crecimiento de los cultivos. Debido a que los bosques tropicales y los pastizales son densos con árboles y plantas, su desbroce libera mucho más carbono que en las zonas templadas.

Al mismo tiempo, las tierras de cultivo tropicales tienden a ser menos productivas que sus contrapartes templadas. De hecho, las tierras de cultivo tropicales deforestadas recientemente liberan alrededor de tres veces más carbono por tonelada de cultivos producidos que las tierras de cultivo similares en las zonas templadas del mundo.

Si bien las emisiones no agrícolas de los países tropicales representan solo un 14 % de los GEI mundiales, cuando se incluyen las emisiones provenientes de la deforestación, las emisiones suman un tercio (31 %) del total mundial.

Hoy en día, la mayoría de los países en áreas predominantemente templadas, incluyendo Estados Unidos y China, no tienen emisiones agrícolas debido a la deforestación. Los bosques nativos en las tierras adecuadas para la agricultura fueron deforestados hace mucho tiempo. Sin embargo, los países más ricos contribuyen indirectamente a la deforestación de la tierra, ya que su demanda de cultivos o ganado impulsa con frecuencia la deforestación en las naciones más pobres.

Soluciones

Mitigar el impacto de la agricultura en nuestro clima no será fácil, pero reducir las emisiones agrícolas debe constar en la combinación de estrategias para evitar niveles peligrosos de cambio climático. Incluso si todos los sectores agrícolas reducen sus emisiones al máximo, no podremos alcanzar el objetivo de limitar el aumento de la temperatura media mundial por debajo de los 2 ° C. Un objetivo estimado para la mitigación necesaria en la agricultura es de 1 GT CO2eq/año para 2030, lo que equivale aproximadamente a las emisiones de todos los coches que circulan por las carreteras de Estados Unidos hoy en día.

Hacerlo exigirá cambios en el pensamiento y las prácticas en todo el sistema alimentario. Algunas de las soluciones específicas son:

– La deforestación inclina el equilibrio atmosférico hacia los gases de efecto invernadero, pero la agricultura demanda tierra, por lo que la gente suele intercambiar bosques por campos. El desafío, en particular en el sur global, es limitar la tala de árboles mientras se siguen produciendo suficientes cultivos para alimentar poblaciones en crecimiento. En Brasil, los compromisos de las empresas han permitido la intensificación agrícola y han contribuido a una fuerte caída de la deforestación.

– Los arrozales son una fuente clave de alimentos. También son una fuente clave de metano. Para frenar este gas tan potente de efecto invernadero durante la temporada de crecimiento, los agricultores pueden drenar periódicamente sus campos. Durante la temporada baja, mantener el suelo seco ayudará.

– Las bacterias del suelo recogen nitrógeno extra y lo utilizan para generar el gas óxido nitroso, un poderoso calentador del planeta. La aplicación ineficiente de fertilizantes es la principal fuente de nitrógeno adicional del suelo, por lo que el uso más inteligente de fertilizantes evita emisiones innecesarias. Entre las mejores prácticas, se incluye asegurar una aplicación precisa, usar fertilizantes de liberación lenta y otras medidas.

– No todas las soluciones dependen de que los madereros o los agricultores cambien sus costumbres. Todos podemos ser parte de la solución también. Los enfoques del lado de la demanda incluyen la reducción del desperdicio de alimentos y el cambio hacia dietas con menos contenido cárnico, lo que se traduciría en menores emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la agricultura.

Conoce más datos de interés pinchando en el siguiente enlace, que te redirigirá al informe interactivo online ¿Cómo cambia la agricultura nuestro clima?

Fuente: Environment Reports Food Matters.

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