Cerca de 40 jurisdicciones nacionales y 20 ciudades, estados y regiones ya han establecido un precio al carbono

En tan solo una semana dará comienzo en París la COP21 sobre el cambio climático, un momento que sin duda será determinante en la evolución de las negociaciones climáticas a escala global pues previsiblemente las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) alcanzarán el esperado acuerdo mundial sobre el clima. En este escenario, cabe subrayar que existe una evidencia clara del creciente impulso existente en todo el mundo para poner un precio al carbono. Ya hay cerca de 40 jurisdicciones nacionales y más de 20 ciudades, estados y regiones que han establecido un precio al carbono con el objetivo de reducir las emisiones de efecto invernadero e impulsar las inversiones en opciones más limpias, según el informe State and Trends of Carbon Pricing 2015 (Estado y tendencias del precio del carbono 2015) del Grupo del Banco Mundial.

 

Actualmente, cerca de 40 países y más de 20 ciudades, estados y provincias de todo el mundo ya utilizan los mecanismos de fijación de precios del carbono o se están planteando ponerlos en práctica. Estas jurisdicciones son responsables de más del 22 % de las emisiones globales de GEI.

La frase «poner un precio al carbono» es cada vez más común en las discusiones sobre la forma de abordar el cambio climático y pasar de la preocupación a la acción. En este sentido, el Grupo del Banco Mundial, otros grupos empresariales e inversores de todo el mundo han pedido a los gobiernos y empresas que apoyen los precios del carbono para reducir las emisiones e impulsar la inversión en alternativas más limpias.

¿Qué significa ponerle un precio al carbono y por qué es interesante apoyar que muchos líderes gubernamentales y empresariales apuesten por ello?

Existen varias vías que los gobiernos pueden adoptar para fijar el precio del carbono y todas ellas conducen al mismo resultado. Así, todo comienza con la captación de lo que se conoce como los costes externos de las emisiones de carbono —esto es, los costes que el público paga de otra manera, tales como daños a los cultivos, costes derivados de la atención sanitaria a aquellos cuya salud se ve afectada como consecuencia de las olas de calor y las sequías, costes que las inundaciones y la subida del nivel del mar causan en las propiedades — y asociarlos a sus fuentes a través de un precio al carbono.

Según los responsables del informe, un precio al carbono ayuda a desplazar la carga derivada del daño a aquellos que son responsables de ella y que pueden reducirla. En lugar de dictar quién debe reducir las emisiones de dónde y cómo, un precio del carbono da una señal económica y los contaminadores deciden por sí mismos si suspenden su actividad contaminante, reducir sus emisiones o continúan contaminando y pagan por ello. De esta manera, el objetivo medioambiental general se logra de la manera más flexible y al menor coste social. El precio del carbono también impulsa las tecnologías limpias y la innovación en el mercado, lo que se traduce en el fomento de nuevos motores del crecimiento económico bajo en carbono.

Existen dos tipos principales de precios del carbono: los sistemas de comercio de emisiones (ETS, por su acrónimo en inglés, que corresponde a Emission Trading Scheme) y los impuestos al carbono.

Un ETS —a veces denominado sistema cap-and-trade, es decir, sistema de límites máximos de derechos de emisión y comercio— limita el nivel total de emisiones de GEI y permite que aquellas industrias con bajas emisiones puedan vender sus derechos de emisión adicionales a los emisores con mayores volúmenes de emisiones contaminantes a la atmósfera. Mediante la creación de la oferta y la demanda de derechos de emisión, un ETS establece un precio de mercado de las emisiones de GEI. El límite ayuda a garantizar que las reducciones de emisiones necesarias se llevarán a cabo para mantener a los emisores (en total) dentro de su presupuesto de carbono preasignado.

Por su parte, un impuesto al carbono establece directamente un precio al carbono mediante la definición de una tasa impositiva sobre las emisiones de GEI o —más comúnmente— sobre el contenido de carbono de los combustibles fósiles. Es diferente de un ETS en el sentido de que el resultado de la reducción de las emisiones del impuesto sobre el carbono no es predefinido, pero sí el precio del carbono.

La elección del mecanismo dependerá de las circunstancias nacionales y económicas. También hay formas más indirectas de establecimiento de precios al carbono más precisos como a través de los impuestos al combustible, la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles y regulaciones que pueden incorporar un «coste social del carbono». Las emisiones de GEI también pueden tener un precio medio de pagos para la reducción de emisiones. Las entidades privadas o los soberanos pueden comprar reducciones de emisiones para compensar sus propias emisiones (llamadas compensaciones) o para apoyar las actividades de mitigación a través de financiación basada en los resultados.

¿Quién ha establecido un precio al carbono?

Actualmente, cerca de 40 países y más de 20 ciudades, estados y provincias de todo el mundo ya utilizan los mecanismos de fijación de precios del carbono o se están planteando ponerlos en práctica. Estas jurisdicciones son responsables de más del 22 % de las emisiones globales de GEI. Además, otros están desarrollando o considerando sistemas que pondrán un precio al carbono en un futuro. En conjunto, estas acciones abarcarán casi la mitad de las emisiones mundiales de CO2. Algunos ejemplos son los que siguen:

– China lanzó los sistemas piloto de comercio de emisiones en siete ciudades y provincias en 2013 y 2014 y planes para crear un sistema nacional de cara al año 2016. Asimismo, ha establecido una meta para reducir la intensidad de las emisiones entre un 40 y un 45 % en comparación con los niveles de 2005 para 2020.

– México dispone de una Ley Nacional de Cambio Climático y el objetivo de reducir las emisiones de GEI un 30 % por debajo de un escenario business-as-usual (BAU) en 2020. La nación mexicana puso en marcha un impuesto al carbono en 2014, tiene un mercado voluntario de carbono y está explorando enfoques innovadores para la fijación de precios del carbono como miembro de Alianza para de Preparación para el Mercado, un grupo de 31 países que están colaborando en el desarrollo de sistemas de fijación de precios del carbono futuros.

– Chile aprobó la creación de un impuesto sobre el carbono para 2018 que se centrará en las centrales térmicas grandes y en el cobro de 5 dólares por tonelada de CO2 emitida. El país cuenta con un objetivo de reducir las emisiones de GEI un 20 % por debajo de los niveles de 2007 para el año 2020.

– La Columbia Británica (Canadá) creó un impuesto recaudatorio sobre la neutralidad del carbono que impone una tasa de 30 dólares canadienses por tonelada de CO2 equivalente que se cargará a los contribuyentes a través de impuestos más bajos sobre la renta a personas físicas y sociedades y en apoyo específico para los individuos y familias de bajos ingresos.

– Corea del Sur lanzó su ETS en enero de 2015, que abarca 525 empresas de 23 sectores que representan alrededor de dos tercios de las emisiones nacionales del país. El gobierno surcoreano tiene el objetivo de reducir las emisiones un 30 % por debajo de las previsiones para 2020.

– La Unión Europea fue pionera en el comercio internacional de emisiones de carbono en el año 2005. El sistema comunitario, actualmente el más grande del mundo, cubre más de 11 000 centrales eléctricas, plantas industriales y compañías aéreas en los 28 países de la UE, además de otros tres países. Has ahora, ha luchado con precios bajos y exceso de derechos de emisión y ha desarrollado planes de reforma del sistema.

– Tanto California (Estados Unidos) como Quebec (Canadá) lanzaron sus respectivos sistemas de comercio de emisiones en 2013 y los vincularon formalmente en 2014, lo que ha permitido a ambos sistemas comerciar con sus derechos de emisión indistintamente en cada uno de ellos. Los mercados vinculados expanden el grupo de participantes y pueden ampliar las oportunidades de reducción de emisiones y reducir la volatilidad.

El apoyo del sector privado es creciente

El apoyo del sector privado a la fijación de un precio al carbono también es creciente. Muchas empresas operan en países que cuentan con un sistema de fijación de precios del carbono en la actualidad o que están desarrollando experiencias tanto en la gestión de sus emisiones y la incorporación de un precio del carbono real o virtual en su planificación e inversiones.

En 2014, más de 1000 empresas e inversores mostraron su apoyo a los precios del carbono a través de una serie de iniciativas impulsadas por el Banco Mundial y otras organizaciones, entre las que se cuenta el Grupo Príncipe de Gales de Líderes Empresariales, cuyo comunicado sobre el precio del carbono sirvió para a expandir el apoyo corporativo a la fijación de precios del carbono en 2012; la Declaración Mundial de los Inversores sobre Cambio Climático 2014, firmada por más de 360 inversores con más de 24 billones de $ en activos, que incluye la demanda de un precio del carbono «estable, fiable y económicamente significativo que ayude a reorientar la inversión hacia el gran desafío del cambio climático»; la iniciativa «Cuidemos Nuestro Clima», creada por el Pacto Mundial de la ONU, que anima a las empresas a comprometerse con un conjunto de criterios de liderazgo. Dichas iniciativas han conducido a la creación de la Coalición de Liderazgo de los Precios del Carbono.

De manera individual, más de 150 grandes empresas están mejorando la sostenibilidad de sus propias operaciones mediante el establecimiento de precios internos del carbono o precios «virtuales», de acuerdo con encuestas realizadas por CDP. Microsoft, por ejemplo, emplea su cuota interna de carbono para fomentar la innovación y la eficiencia de los recursos de manera que está reduciendo sus emisiones y logrando ahorros significativos. Otras compañías están poniendo a prueba los modelos de fijación de precios del carbono. En Brasil, 20 empresas, entre ellas Braskem y Vale, han unido sus fuerzas para llevar a cabo una simulación de fijación de precios del carbono.

Aquí te dejamos el informe que acabamos de incorporar a nuestra Biblioteca:

 

Existen dos tipos principales de precios del carbono: los sistemas de comercio de emisiones (ETS, por su acrónimo en inglés, que corresponde a Emission Trading Scheme) y los impuestos al carbono.

 

 

Fuente: Banco Mundial.

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