¡Bienvenido, Acuerdo de París!

Este sábado pasado, 12 de noviembre de 2015, las 195 Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) alcanzaron el Acuerdo de París, un pacto histórico que persigue mantener el aumento de la temperatura terrestre para finales de este siglo «muy por debajo de los 2º C» e impulsar esfuerzos para limitar dicha subida incluso más: por debajo de los 1,5º C sobre los niveles preindustriales.

Imagen: COP21.

La aprobación del pacto implica que las Partes reconocen la existencia del cambio climático y que es consecuencia de la actividad humana, por lo que establecen medidas para combatirlo.Tras numerosas revisiones del texto, de la extensión de la COP21 por parte de la Presidencia de Francia para dar pie a una jornada de reflexión en la que poder limar asperezas que desembocaran en una versión del agrado de todos, de cambios de última hora solicitados por Estados Unidos por un «error de traducción», según justificó Laurent Fabius, presidente de la COP21 y ministro de Asuntos Exteriores francés durante el anuncio del Acuerdo de París, y de la amenaza de bloqueo por parte de Nicaragua por no estar conforme con la modificación reclamada, un Fabius emocionado anunció este sábado en medio de una gran ovación el logro del primer acuerdo universal de la historia de las negociaciones climáticas.

«Las naciones se han unido para abordar el problema más serio al que se enfrenta la humanidad», aseguró el ministro galo. «El Acuerdo de París permite a todas las delegaciones y grupos de países volver a casa con la cabeza alta. Nuestro esfuerzo colectivo es más valioso que la suma de nuestros esfuerzos individuales. Nuestra responsabilidad con la historia es inmensa», proclamó.

Por su parte, el Presidente de Francia, François Hollande, reconoció que «lo han hecho, han alcanzado un acuerdo ambicioso, un acuerdo vinculante y universal. Nunca podré expresar mayor gratitud a una conferencia. Podrán estar orgullosos ante sus hijos y sus nietos».

«Hemos pasado de lo imposible a lo imparable», afirmó exultante el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, consciente de que con la firma del Acuerdo de París quedaba materializado el primordial objetivo de su mandato. «Hemos entrado en una nueva era de cooperación global en uno de los asuntos más complejos a los que se enfrenta la humanidad. Por primera vez, cada país del mundo se ha comprometido a reducir sus emisiones, reforzar la resiliencia y unirse a una causa común para actuar juntos por el clima. Este es un rotundo éxito para el multilateralismo», añadió.

Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la CMNUCC, declaró: «Un planeta, una oportunidad de hacerlo bien, y lo hicimos en París. Hemos hecho historia juntos. Este es un acuerdo de convicción. Es un pacto de solidaridad con los más vulnerables. Es un acuerdo de visión a largo plazo y debemos hacer de él el motor de un crecimiento seguro».

«Estoy segura de que varias generaciones recordarán el 12 de diciembre de 2015 como la fecha en la que la cooperación, la visión, la responsabilidad, una humanidad compartida y la preocupación por nuestro mundo ocuparon el centro de la escena, confirmando que en el marco de la ONU, con creatividad y voluntad política, se puede hacer mucho bien», afirmó satisfecha la máxima responsable de la CMNUCC.

¿Qué aspectos son clave en el Acuerdo de París?

La aprobación del pacto implica que las Partes reconocen la existencia del cambio climático y que es consecuencia de la actividad humana, por lo que establecen medidas para combatirlo.

– El preámbulo aborda el cambio climático de manera integral, tratando temas transversales como la justicia climática, los derechos humanos, la equidad de género o los derechos de los pueblos indígenas, de forma que permita lograr un desarrollo sostenible y erradicar la pobreza.

– Se fija el objetivo de mantener el aumento de la temperatura terrestre «muy por debajo de los 2º C» e impulsar esfuerzos para limitar dicha subida incluso más: por debajo de los 1,5º C sobre los niveles preindustriales.

Mitigación y adaptación

Como meta de mitigación de largo plazo, los países se comprometen a «lograr que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero alcancen su punto máximo lo antes posible, teniendo presente que los países en desarrollo tardarán más en lograrlo, y a partir de ese momento reducir rápidamente las emisiones de GEI».

– Se planeta «alcanzar un equilibrio entre las emisiones antropogénicas por las fuentes y la absorción antropogénica por los sumideros en la segunda mitad del siglo».

– Los países han acordado revisar cada cinco años sus compromisos para reducir las emisiones, que deben ser progresivamente mejores respecto a los anteriores para garantizar el aumento constante de la ambición. Pero se incluye una excepción: aquellos que ya hayan comprometido recortes hasta el año 2030.

– Se fija una meta global en materia de adaptación y se reconoce que «la adaptación es un desafío mundial que incumbe a todos». El texto hace hincapié en el objetivo de «proteger a las personas, los medios de vida y los ecosistemas» y precisa que se deben «tener en cuenta las necesidades urgentes e inmediatas» de los países más vulnerables.

Adicionalmente, el pacto recomienda que los países presenten periódicamente informes que incluyan, entre otros, los planes nacionales y las necesidades de apoyo en cuanto a adaptación. Y reconoce «la importancia de contar con apoyo de la cooperación internacional para los esfuerzos de adaptación y de tener en consideración las necesidades de los países en desarrollo».

Pérdidas y daños

Tal y como solicitaban los países más vulnerables, se reconoce la necesidad de establecer un mecanismo de «Pérdidas y daños» que dé apoyo a aquellos países que sufren los efectos extremos del cambio climático como las tifones, terremotos o la subida del nivel del mar y se ha separado del artículo sobre adaptación. Pero no establecen metas concretas sobre este punto. Se reconoce el Mecanismo Internacional de Varsovia como referente.

Financiación

– En materia de financiación, se establecen objetivos para incrementar los «flujos financieros» de manera que permitan avanzar hacia una economía baja en emisiones de gases de efecto invernadero. A este respecto, Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, afirmó que «movilizar la inversión es fundamental para lograr una transición hacia una economía limpia». «Los mercados ya tienen una señal clara».

– Queda clara la responsabilidad de los países desarrollados de suministrar apoyo financiero a las naciones en desarrollo. La financiación se destinará tanto a mitigación como a adaptación, de manera equilibrada y el aporte financiero de las naciones en desarrollo solo será voluntario.

Los países desarrollados deberán apoyarán financieramente a las naciones en desarrollo con 100 000 millones de dólares anuales a partir de 2020, de acuerdo al compromiso asumido en la COP16 de Cancún (2010), aunque se precisa que es un punto de partida.

Seguimiento de los avances

– El texto establece por primera vez un mecanismo llamado global stocktaking, es decir, un inventario o balance del avance colectivo en el cumplimiento de los objetivos del acuerdo, en particular sobre los objetivos de limitar la subida de la temperatura, la meta de reducción de GEI a largo plazo y la financiación.

Este inventario o balance se realizará por primera vez en 2023 y, a partir de entonces, cada lustro.

– La COP21 ha elaborado dos documentos importantes: por un lado, el «Acuerdo de París», que consta de 12 páginas en su versión en inglés, será ratificado por cada país entre abril de 2016 y abril de 2017 y entrará en vigor en 2020; y la «Decisión», de 19 páginas que acompañan al Acuerdo de París y establece los trabajos que los países deberán desarrollar antes de la entrada en vigor del pacto.

Transparencia y revisión

El texto establece la obligación para todos los países de comunicar regularmente sus inventarios de emisiones y captura de GEI para garantizar la transparencia del proceso. Además, confirma las obligaciones mencionadas en otros artículos en cuanto a la comunicación regular de información sobre la implementación de las Contribuciones Nacionales Previstas y Determinadas (INDC, por sus siglas en inglés), la adaptación, la financiación aportada por los países desarrollados, y las necesidades de financiación de las naciones en desarrollo.

 

– El texto establece la obligación para todos los países de comunicar regularmente sus inventarios de emisiones y captura de GEI para garantizar la transparencia del proceso. Además, confirma las obligaciones mencionadas en otros artículos en cuanto a la comunicación regular de información sobre la implementación de las Contribuciones Nacionales Previstas y Determinadas (INDC, por sus siglas en inglés), la adaptación, la financiación aportada por los países desarrollados, y las necesidades de financiación de las naciones en desarrollo.

La información facilitada será sometida a la revisión de un panel de expertos, pero que no podrá derivar en sanciones contra los países.

Acción pre2020

– La acción que las Partes deben desplegar en el periodo 2015-2020, antes de la entrada en vigor del Acuerdo de París debe asegurar que los países estén encaminados a cumplir sus objetivos de reducción de emisiones para poder lograr la meta conjunta de limitar el calentamiento global.

Durante este tiempo, los países deben redoblar los esfuerzos para identificar nuevas oportunidades de reducción de emisiones y colaborar voluntariamente para que estas sean implementadas, en especial teniendo en cuenta que con las INDC presentadas hasta ahora limitarían el aumento de la temperatura terrestre para finales de siglo a más de 2,7º C, muy por encima del objetivo marcado de lograr un aumento «muy por debajo de los 2º C» e impulsar esfuerzos para limitar dicha subida incluso más: por debajo de los 1,5º C respecto a los niveles preindustriales.

Sabor agridulce y decepción

El conocido como el Padre de la concienciación mundial sobre el cambio climático, el excientífico de la Nasa James Hansen, uno de los primeros que alertó sobre la existencia de este fenómeno, ha valorado el Acuerdo de París de «fraude y una farsa; palabras y promesas sin acciones y además se obvia el auténtico causante del problema que son las energías fósiles».

Por su lado, el escritor británico y activista, George Monbiot, ha reconocido que el pacto sellado, «en comparación con lo que podría haber sido, es un milagro», pero en comparación con lo que debería haber sido, es un desastre».

Desde numerosas ONG también se ha denunciado la pérdida de fuerza de temas clave como los derechos humanos, la transición justa y la igualdad de género, al haber quedado relegada su mención exclusivamente al preámbulo.

Así las cosas, es indudable que la COP21 marca un antes y un después en lo que a gobernanza global climática se refiere, al haber logrado un pacto universal sin precedentes, vinculante y tendente a la desaparición de los combustibles fósiles. Queda pendiente una labor titánica por delante y los países deberán ser ejemplares a la hora de destinar grandes esfuerzos para reducir sus emisiones de GEI y de colaborar entre sí para que lo logrado en París no haya sido en vano.

 

Fuente: CMNUCC, The Guardian, Climate Trackers, Conexión COP.

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