La FAO analiza la transición hacia una agricultura “climáticamente inteligente”

La FAO y la Comisión Europea están desarrollando un proyecto en el que se promueve un enfoque de agricultura climáticamente inteligente en cada país, con actividades de apoyo que van desde la investigación al apoyo a las políticas y propuestas de inversión.

El proyecto,  de 5,3 millones de euros, fue lanzado en enero de 2012 y tiene un plazo de tres años de duración.   “Con el fin de ampliar las opciones disponibles para los agricultores y ayudarles a que hagan la transición necesaria, creemos que puede ser necesario un aumento de la inversión, tanto de la financiación agrícola tradicional, como de nuevas formas de financiación frente al cambio climático, como el Fondo Verde para el Clima”, señaló Leslie Lipper, al frente del Programa de economía e innovaciones políticas para una agricultura climáticamente inteligente (EPIC, por sus siglas en inglés), que alberga el proyecto.
Los resultados preliminares del proyecto destinado a ayudar a Malawi, Vietnam y Zambia en la transición hacia un enfoque “climáticamente inteligente” de la agricultura indican que algunos campesinos se esfuerzan por adoptar métodos adecuados, mientras que otros están hallando formas de resolver los problemas del cambio climático, como las lluvias tardías. La agricultura y las comunidades que dependen del clima para su subsistencia y seguridad alimentaria, son muy vulnerables a los impactos del cambio climático. Al mismo tiempo, la agricultura, como importante productor de gases de efecto invernadero, contribuye al calentamiento global.
“La agricultura climáticamente inteligente” es un enfoque que busca posicionar al sector agrícola como solución a estos grandes retos, priorizando la seguridad alimentaria y la adaptación necesaria para lograrla, mientras se obtienen beneficios colaterales potenciales para la mitigación del cambio climático.
Se trata de realizar cambios en los sistemas agrícolas que permitan alcanzar estos múltiples objetivos, así como en las instituciones y políticas que los apoyan.
El proyecto ha estudiado la agricultura de conservación (AC), una práctica apoyada por los gobiernos de Malawi y Zambia, que implica la labranza reducida, cobertura permanente del suelo y rotación de cultivos. Con la agricultura de conservación se puede incrementar la productividad a través de mejores suelos, y ayudar a los agricultores a adaptarse al cambio climático mediante una mejor retención del agua, además de promover el secuestro de carbono. A pesar de ello muchos agricultores de los dos países tienen dificultades para adoptar el conjunto completo de la AC ya que necesitan los residuos de los cultivos para alimentar al ganado, en lugar de dotar de cobertura del suelo, y en ocasiones el problema es que los campesinos son demasiado pobres para esperar varias temporadas para ver los beneficios.

En la zona norte de Vietnam, el maíz se siembra en terrenos en ladera hasta la parte alta de las montañas, las únicas cubiertas de bosques. Una vez que se cosecha el maíz, llegan las lluvias, arrastrando el suelo y deslizamientos de tierra en ocasiones con víctimas mortales. En respuesta a ésto, el proyecto busca prácticas más sostenibles de gestión de la tierra, pero también el uso de cultivos perennes como el café y el té, que, a diferencia del maíz, puede permanecer en el terreno durante 30-40 años evitando esta erosión. Sin embargo, la producción de café y té requiere varios años para generar rendimientos elevados, lo que supone un reto para los agricultores que actualmente cultivan maíz, que goza de gran demanda y se vende a un precio muy alto.
Fuente: FAO

Deja un comentario