10 recomendaciones para lograr un recorte de hasta un 96 % de las emisiones de GEI para 2030

Los expertos de la Comisión Mundial sobre Economía y Clima han identificado 10 recomendaciones dirigidas a empresas, tomadores de decisiones, responsables públicos, inversores y la sociedad civil en general que podrían contribuir a lograr un recorte de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) en un mínimo del 59 % y hasta un máximo del 96 % para 2030, de manera que se mantenga el aumento de la temperatura terrestre en el límite de los 2 ºC.

Entre las 10 recomendaciones para reducir hasta un 96 % las emisiones de GEI para 2030, se cuenta acelerar el desarrollo bajo en carbono en las ciudades de todo el mundo.

Este paquete de sugerencias aparece reflejado en el informe Aprovechar la oportunidad global: alianza para un mejor crecimiento y un mejor clima (Seizing the Global Opportunity, Partnership for a Better Growth and a Better Climate), lanzado esta semana por los especialistas de la Comisión Mundial sobre Economía y Clima, elaborado en el contexto de las negociaciones internacionales de la Cumbre sobre el Clima de París y con especial enfoque centrado en las alianzas internacionales y de múltiples partes interesadas.

Esta obra es la continuación del trabajo publicado a finales de 2014 Mejor crecimiento, mejor clima: Informe de la nueva economía climática (Better Growth, Better Climate: The New Climate Economy Report), y en ella se identifican oportunidades concretas para el crecimiento económico que pueden contribuir a la reducción de emisiones.

En su resumen ejecutivo, los autores del documento resaltan que «2015 es un año de oportunidades sin precedentes». Durante su transcurso, se han convocado numerosas conferencias intergubernamentales que suponen un hito, como la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo en Addis Abeba (Etiopía) en julio, la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Objetivos del Desarrollo Sostenible de Nueva York en septiembre; la Cumbre del G-20 en Antalya en noviembre o la Cumbre sobre el Clima de la ONU en París el próximo diciembre, la COP 21. Todas ellas «tienen el potencial para avanzar hacia una nueva era de la cooperación internacional que puede ayudar a los países de todos los niveles de ingresos a construir un desarrollo económico duradero al tiempo que se reducen los riesgos climáticos».

El objetivo que una vez fue visto como lejano de poner fin a la pobreza extrema, lograr la una amplia prosperidad y garantizar un clima seguro todos juntos está cada vez más a nuestro alcance. «Tal y como la Comisión informó en Mejor crecimiento, mejor clima, inversiones cruciales serán realizadas en las ciudades de todo el mundo a lo largo de los próximos 15 años en el uso del suelo y los sistemas energéticos. Estas tienen el potencial de generar múltiples beneficios para el crecimiento económico, el desarrollo humano y el medioambiente; o bien podrían bloquear a los países en caminos de alto contenido en carbono, con graves consecuencias económicas y climáticas», sigue el resumen.

«A través de políticas creíbles y consistentes de impulso de la eficiencia de los recursos y la inversión en infraestructura innovadora, tanto en países desarrollados como en desarrollo, se pueden lograr metas de desempeño económico y climático más fuertes al mismo tiempo. Este informe muestra cómo este tipo de acciones pueden llevarse a escala a través de la cooperación de múltiples partes interesadas y asociaciones -no solo entre gobiernos, sino también entre las empresas, los inversores, los Estados y las regiones, las ciudades y las comunidades».

La innovación tecnológica, las nuevas tendencias económicas y los nuevos compromisos políticos se están combinando para crear un impulso para el cambio. Los costes de las energías renovables siguen disminuyendo, y el almacenamiento y la demanda de tecnologías de gestión energética se están desarrollando rápidamente, lo que está creando nuevas oportunidades para construir más limpiamente, contar con sistemas de energía eficientes y ampliar el acceso a la energía en los países en desarrollo.

Por otro lado, los autores de la publicación resaltan que la fijación de los precios del carbono ha sido adoptada o está previsto que sea adoptada en unos 40 países y en más de 20 jurisdicciones subnacionales, y más de 1000 grandes empresas e inversores han declarado su apoyo. En los dos últimos años, 28 países han puesto en marcha esfuerzos para reformar los subsidios a los combustibles fósiles, a lo que han ayudado los recientes menores precios del petróleo. Asimismo, las ciudades están adoptando ambiciosos compromisos de reducción de emisiones y de mejora de la calidad del aire y planean realizar un seguimiento de estos objetivos mediante el uso de estándares comunes. En torno a 175 gobiernos, empresas, grupos de los pueblos indígenas y organizaciones de la sociedad civil se han comprometido a detener la deforestación para 2030 y compañías líderes del sector de los bienes de consumo y los productos agrícolas están trabajando en los países con bosques tropicales y con las comunidades locales para eliminar la deforestación de sus cadenas de suministro.

Adicionalmente, el resumen subraya que «la financiación internacional para apoyar la resistencia al clima y la inversión baja en carbono sigue creciendo; por ejemplo, las emisiones de bonos verdes se han más que triplicado en el último año. Y tanto las empresas como los inversores, gobiernos y los reguladores financieros están integrando cada vez más el cambio climático en sus inversiones y estrategias empresariales, lo que se traduce en la creación de nuevas oportunidades y ventajas competitivas para los líderes del mercado».

Al mismo tiempo, los costes de la continuación del actual modelo económico basado en los combustibles fósiles son cada vez más claros. La contaminación del aire relacionada principalmente con la generación de energía con fuentes fósiles y las emisiones de vehículos conducen a alrededor de 3,7 millones de muertes prematuras cada año en el mundo, con millones que sufren de enfermedades respiratorias. La creciente congestión del tráfico está causando costes económicos graves en ciudades de todo el planeta, mientras que los accidentes de tráfico matan a alrededor de 1,25 millones de personas al año, más del 90 % de ellos en los países en desarrollo. Es probable que los precios del petróleo sigan siendo volátiles, lo que redunda en el aumento de la incertidumbre económica y en el retraso de la inversión empresarial. A medida que los costes de la energía bajan y la política climática se refuerza, el bloqueo de los activos de alto contenido en carbono aumenta el riesgo de devaluación futura.

Sin embargo, «la acción no se produce a la escala o velocidad necesarias para la transformación estructural hacia una nueva economía climática. Un creciente interés suscitado en foros económicos internacionales por la infraestructura para el crecimiento, la aparición de nuevos bancos y la financiación de mecanismos de desarrollo, así como tasas de interés históricamente bajas en algunas economías crean una oportunidad significativa para estimular el crecimiento bajo en carbono tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados».

Pero las inversiones en infraestructuras siguen siendo de forma inadecuada en casi todas partes. El rendimiento continúa estando limitado por los efectos prolongados de la crisis financiera mundial, fallas del mercado profundamente arraigadas, debilidades en las políticas subyacentes y en las instituciones, y la inercia del modelo económico de alto contenido de carbono de larga duración.

Mientras que las emisiones de CO2 están empezando a desacoplarse del crecimiento tanto en naciones avanzadas como en algunas economías emergentes, este proceso debe acelerar si queremos evitar los peores impactos del cambio climático en el bienestar humano y en la economía mundial. Los cambios los patrones climáticos estacionales y los crecientes costes de los más frecuente fenómenos meteorológicos extremos, como inundaciones y sequías, ya se están sintiendo, especialmente por los más vulnerables países en desarrollo.

Para mantener el calentamiento global por debajo del límite de los 2 °C acordado por la comunidad internacional, el carbono emitido por dólar del PIB en la economía global es probable que tenga que disminuir en un promedio de casi 5 % anual de aquí a 2050, en comparación con la tasa actual de menos del 1,5 %. Para los países en desarrollo, la mejora de la intensidad de las emisiones permite un fuerte crecimiento del PIB, mientras que las emisiones totales alcanzan su pico para declinar en última instancia.

El logro de un nuevo acuerdo internacional sobre el clima en París proporcionaría una base fundamental para la construcción una economía mundial más baja en carbono y más resistente, lo que enviará una señal fuerte a las empresas e inversores.

El acuerdo debería incluir el objetivo a largo plazo en materia de emisiones para llegar a casi cero o por debajo de cero en la segunda mitad del siglo, así como un mecanismo para el fortalecimiento regular de los compromisos. Se necesita un paquete fuerte y equitativo de a los países en desarrollo, a través del que los flujos de finanzas públicas internacionales movilicen al sector privado, complementen fuertes recursos financieros nacionales, y ayuden a mejorar las capacidades institucionales y tecnológicas.

Las Contribuciones Nacionales Previstas y Determinados ( (INDC, por sus siglas en inglés) que los países están presentando de cara a París deberían ser lo más ambiciosas posibles este año, pero deberían ser consideradas como suelos en lugar de como topes de las ambiciones nacionales en los próximos años. Muchas INDC ya reflejan un compromiso históricamente ambicioso, pero en conjunto, es probable que no vayan a ser suficientes para lograr la ruta hacia los 2 °C. A medida que el cambio tecnológico, una mayor financiación y la acción y cooperación de múltiples partes interesadas crean nuevas oportunidades de bajas emisiones de carbono a un coste menor, los países deberían tener como objetivo el fortalecimiento de sus compromisos.

Este informe identifica 10 áreas clave de oportunidad para reforzar la acción climática, lo que traerá a su vez significativos beneficios económicos. En conjunto, estos podrían lograr al menos un 59 % y potencialmente un 96 % de las reducciones de emisiones necesarias para el año 2030 para mantener el calentamiento global por debajo de 2 ° C.

Cooperaciones de múltiples tipos entre gobiernos, autoridades de las ciudades, negocios, organizaciones internacionales y la sociedad civil pueden ayudar a conseguir todos los beneficios económicos de estas acciones.

Se puede escalar el cambio tecnológico, ampliar mercados, reducir costes, abordar las preocupaciones acerca de la competitividad internacional, difundir las mejores prácticas y aumentar los flujos de financiación.

De esta manera, las múltiples partes interesadas y las asociaciones internacionales pueden fortalecer el empuje actual y ayudar a impulsar aún más el crecimiento económico y la acción climáticas. Las 10 áreas identificadas en el informe cubren los tres sistemas económicos clave en los que se concentran el crecimiento económico y las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI):

– Las ciudades, el uso de la tierra y la energía; los tres factores clave del crecimiento -la eficiencia de los recursos, la inversión en infraestructura y la innovación;

– la acción de las empresas y los inversores;

– y los tres sectores en los que la cooperación internacional es esencial –la reducción de las emisiones de la aviación y navegación internacionales- y la retirada de los hidrofluorocarbonos (HFC).

En cada área, el informe muestra cómo el hecho de fortalecer asociaciones entre múltiples partes interesadas puede catalizar importantes beneficios económicos, así como la reducción de las emisiones globales y la identificación de compromisos clave que se pueden adoptarse este año o en 2016.

Estas 10 recomendaciones son:

1.ª Acelerar el desarrollo bajo en carbono en las ciudades de todo el mundo.

2.ª Restaurar y proteger los paisajes agrícolas y forestales y aumentar la productividad agrícola.

3.ª Invertir, al menos, 1 trillón de dólares en energía limpia al año.

4.ª Elevar los estándares de eficiencia a su nivel óptimo a escala global.

5.ª Implementar precios del carbono eficaces.

6.ª Asegurar que las nuevas infraestructuras son climáticamente inteligentes.

7.ª Impulsar la innovación baja en carbono.

8.ª Impulsar el crecimiento bajo en carbono a través de la acción de las empresas y de los inversores.

9.ª Provocar la ambición de reducir las emisiones de la aviación internacional y la navegación marítima.

10.ª Retirar del mercado el uso de los hidrofluorocarbonos (HFC).

 

Asegurar que las nuevas infraestructuras son climáticamente inteligentes e impulsar la innovación baja en carbono son otras algunas de las recomendaciones realizadas desde la Comisión Mundial sobre Economía y Clima.

 

Fuente: Comisión Mundial sobre Economía y Clima.

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